Actualizado en  junio de 2017   

Resumen

Me dijeron que su ingreso al recinto fue como el del sol naciente, y ante su luz todos se pusieron de pie -incluso los recién amanecidos, agasajados por la sonoridad de su voz-, y veneraron y estrecharon la mano de tan honorable artesano, ducho en la elaboración de nutrientes tanto del cuerpo como del alma. Sus palabras, cual néctar compartido entre hombres de bien, ungieron aquellos pechos viriles y los abrieron a una percepción digna de culto y recuerdo. Por ello, deseo aportar mediante este escrito el testimonio, hasta hoy no contemplado, del cocinero de aquel famoso Banquete sucedido hace siglos y sobre el que tanto, hasta hoy, la humanidad ha especulado.

Palabras clave: Platón | Cocina | Amor | Banquete

Abstract English version

[pp 43-46]

Éros según la perspectiva de los cocineros

Yun Sun

Recibido: 6/12/2016 – Aprobado: 1/2/2017

“Entonces Erixímaco, Fedro y algunos otros - dijo Aristodemo - se fueron y los dejaron, mientras que de él se apoderó el sueño y durmió mucho tiempo, al ser largas las noches, despertándose de día, cuando los gallos ya cantaban. Al abrir los ojos vio que de los demás, unos seguían durmiendo y otros se habían ido, mientras que Agatón, Aristófanes y Sócrates eran los únicos que todavía seguían despiertos y bebían de una gran copa de izquierda a derecha... Sócrates les obligaba a reconocer que era cosa del mismo hombre saber componer comedia y tragedia, y que quien con arte es autor de tragedias lo es también de comedias.” Banquete 223c-d

Introducción

En ese momento, se acercó como de costumbre el cocinero del banquete a servirles el pan con que se suele eliminar la resaca. Encontró a Agatón y Aristófanes medio borrachos y asumió el papel del anfitrión para proseguir la conversación sobre Éros con Sócrates. Se esforzaba por persuadirle de que el arte culinario era un arte supremamente reverenciado por los inmortales y que los mejores cocineros eran asistentes imprescindibles de Éros. Gracias al canto de los gallos y Mnemosyne, Aristodemo se acordó, por fin, del discurso del cocinero y lo narró como sigue:

“La cocina, tal como ocurre con la elaboración de una buena morcilla (allántion), es un arte (téchne) divino. En realidad, los cocineros son asistentes imprescindibles de Éros. Su saber no se limita a cómo cortar un pescado a la perfección –a la manera de la bisección que Zeus podría aplicar a los seres humanos si nuevamente se insubordinaran a los dioses‒, sino que son especialistas en poner en armonía sabores extremadamente distintos, tal como opera Éros al dar comienzo al universo con la unión de Gea y Uranos. El arte culinario acompañado de Éros consiste en restaurar el cosmos derivado de la diversidad armónica de los sabores, en contraposición al Caos inicial. [1]

A. El origen del arte culinario

Cuando Prometeo esconde el fuego infatigable en la cañaheja hueca sin que Zeus lo advierta, todavía no ha surgido la profesión de los cocineros. [2] Al enterarse del robo, Zeus se enfurece con Prometeo y esgrime sus rayos en el cielo. A la vez, del cielo cae granizo y aparecen las plagas en la tierra. Para aquietar la furia de Zeus y rescatar a Prometeo, se reúnen los hombres más ágiles y perspicaces para elaborar con fuego infatigable las nuevas ofrendas a los dioses. Empiezan a preparar los caldos con hierbas aromáticas, luego inventan embutidos y la cocina cocida en ollas. De tal modo, logran ofrendar guisados diversos y novedosos a los dioses para recompensar la culpa de Prometeo. Al principio, Zeus, en su interior, no está dispuesto a perdonarlo. Sin embargo, empieza a vacilar ante la amenaza de Deméter de que, si los cocineros humanos dejan de desarrollar el arte culinario para hacer ofrendas a los Inmortales, no volverá Perséfone de Tártaro, quien se ha aburrido de la comida fría del Hades y, en consecuencia, la primavera cesará de brotar de la tierra en el crudo invierno. Ante la insistencia de Deméter, Zeus se ve obligado a tomar una decisión favorable a los cocineros y no les quita el fuego.


De la tierra brota de nuevo la primavera, los hombres vuelven a disfrutar de la cosecha abundante de cereales. Así llega el triunfo del arte culinario, a la manera del honor ganado por Orfeo con su música en el Hades, y los cocineros inventan varios caldos para los misterios en honor a Deméter. Luego, por la decisión de Zeus, Heracles logra salvar a Prometeo del castigo cruel impuesto por Zeus –a causa de su fechoría de arrebatar el fuego– de que un águila devorara una y otra vez su hígado. El héroe despluma el ave como una gallina y la entrega a los cocineros para el horno. Además de eso, Zeus concede a Hestia la vocación de inspirar a los cocineros, mientras que Deméter les proporciona a ellos para su tarea los cereales sobreabundantes y las frutas estacionales. Por este motivo, los cocineros honran tradicionalmente a Hestia y Deméter y, al mismo tiempo, no se olvidan de seguir ofrendando a Perséfone en las fiestas Tesmoforias. [3]

B. La gastronomía y Éros

Por medio de la ofrenda y procreación el ser humano logra comunicarse con los dioses. Debido al origen divino de recompensar la culpa de Prometeo, el arte culinario se considera como una habilidad (dýnamis) para consolar a la gente en traumas y pánicos. Sobre esto son también notables los versos homéricos de cómo Circe también es capaz de auxiliar la fragilidad de la naturaleza humana a través de la habilidad magnífica del arte culinario. Así se nos cuenta en la Odisea que, gracias a los manjares de la bella hechicera de tal modo ha recuperado su energía y ánimo Odiseo que es capaz de soportar el contratiempo hasta que su suerte cambie. Por este arte maravilloso, los dioses no pueden entonces tener en poca estima a los cocineros. Sin duda, la victoria de Corebo de Élide, el humilde panadero, en los primeros Juegos Olímpicos es una demostración de la superioridad de esta habilidad. [4]

Pero es necesario distinguir el Éros moderado del desmesurado en la gastronomía. Con el moderado, se pueden engendrar las virtudes verdaderas como templanza (sophrosýne) y justicia (dikaiosýne), mientras que el Éros desmesurado se caracteriza por su fuerza destructiva.

En nuestra vida cotidiana, dada la naturaleza humana, la gente prefiere gozar de la gastronomía junto a otro. Como un símbolo (sêma), el sabor de un mismo guisado puede hacer al cuerpo y el alma acordarse de los momentos felices compartidos con sus pares, a pesar de los cambios sufridos en la vida. Gracias a Éros se degustan los platos por completo. A través del apetito de la gastronomía se expresan el deseo (epithymía) y la pasión (Éros) por lo bello.

La gastronomía sirve para mantener la identidad tanto del cuerpo como del alma. Además de eso, el arte culinario es asistente de Éros. Pues la gastronomía trae la liberación de los dolores de parto. La comida cocinada de manera adecuada procurará las ventajas de engendrar las progenies sanas e inteligentes. Incluso entre los cocineros son compartidas recetas secretas para engendrar solo varones. En tal sentido, el arte culinario es seguidor de la diosa de los nacimientos.

El arte culinario es la base de todas las actividades hermosas. Los maestros de cocina son intermediarios entre el cuerpo y el alma, y los integran en un todo (pân) continuo, porque se inspiran al lado del horno en la sabiduría inamovible de Hestia. Desde la perspectiva de ellos mismos, la forma ideal de honrar a Éros es presentar a los comensales la gastronomía digna de ser ofrecida a los dioses, como la causa de la belleza y del bien. De este modo glorifican a Zeus, quien les permite habitar en las islas afortunadas y alcanzar fama inmortal.

Referencias

Symons, M. (2004). “Festivals, Beauty and Love”. A History of Cooks and Cooking. Urbana & Chicago: University of Illinois Press, pp. 158-181.

Platón (2001). Banquete. Trad. de V. Juliá. Buenos Aires: Losada.


[1Se mencionan aquí diversas divinidades que evocan la Teogonía de Hesíodo: Mnemosyne representa la Memoria, no como facultad de un individuo, sino como símbolo del reservorio colectivo de experiencias, incluso más allá del mundo humano, que guía el decir del poeta; la Tierra y el Cielo –Gea y Urano— se unen y activan a través de la fuerza de Éros para dar origen al universo a partir del Cháos -abertura inicial más que desorden que representa la condición de posibilidad para que surja el Cosmos.

[2Se juega aquí con la historia de Prometeo recreada entre otras obras de la antigüedad en el Prometeo encandenado de Esquilo y en el famoso mito puesto en boca de Protágoras en el diálogo homónimo de Platón. Según la versión tradicional Prometeo habría robado el fuego a Zeus para beneficio de los hombres y este lo habría castigado enviando regularmente un águila que le devorara el hígado. Otras divinidades griegas son mencionadas: Deméter, la diosa rural de las cosechas y las estaciones; su hija Perséfone a quien Hades había raptado y posteriormente pactado con su madre que la visitara en primavera y verano para que el frío y la muerte no asolaran por siempre al mundo; Hestia, la diosa del fuego del hogar y de la firmeza de la Tierra; Orfeo, quien había enamorado a Eurídice con su música y osado rescatar a su amada de las entrañas infernales; por último, Zeus, el comandante en jefe de los dioses homéricos.

[3Fiestas religiosas de carácter agrario celebradas en honor a Deméter y su hija Perséfone, en tanto responsables de mantener el ciclo de las estaciones y, en consecuencia, las posibilidades de sembrar con vistas a una buena cosecha.

[4Eusebius, Chronicon, 69 (trad. del armenio de R. Bedrosian, 2008).


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Editorial [pp 1-3]
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Introducción [pp 5-9]
Escritos que quedan para semilla
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[pp 11-16]
La verdad del delirio amoroso
Milena Azul Lozano Nembrot 
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[pp 17-22]
Una mentira que te haga feliz
Marcos Travaglia Gruber 
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Una giornata particolare
Mariana Andujar 
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[pp 29-31]
El juego de la seducción:
Edgar Ezequiel Detez García 
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Interludio [pp 33-38]
Práxis platónica
Enzo Diolaiti 
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[pp 39-41]
Una conversación atípica
Fabio Amadeo Pereyra 
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[pp 43-46]
Éros según la perspectiva de los cocineros
Yun Sun 
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[pp 47-48]
Bajo la mirada de los dioses
Mariana Beatriz Noé 
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[pp 49-60]
Un diálogo apócrifo de Platón
María Angélica Fierro 
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Post-scriptum [pp 61-63]
Un beso de despedida
Cristian Emiliano Valenzuela Issac 
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