Actualizado en  octubre de 2018   

Resumen

Hang the DJ introduce una lógica de la cual parece imposible escapar. Se trata de un sistema que pretende ser omnisapiente en materia de amor. Al sistema le interesan los tiempos cronológicos, no los tiempos lógicos del amor. Le importan los límites y la caducidad, no el carácter de incierto propicio para el acontecer del vínculo amoroso. Engañosamente, el sistema habilita el placer inmediato vía la satisfacción meramente sexual. Pero no permite, en principio, trascender el tiempo destinado para la persistencia de una pareja. La sentencia de un final inexorable reduce aún más el margen de libertad insistiendo en negar la falta que engendra el motor deseante a cambio de ahorrarse la angustia propia de la posibilidad de elegir más allá de lo instituido. Afortunadamente existe un horizonte más optimista en el que se vislumbran otras leyes, logrando así suplementar el universo previo que aparentaba ser inescrutable.

Palabras clave: Sistema | instituido | horizonte | posibilidad

Abstract English version

Hang the DJ: De la certeza a la im-posibilidad de la completud

Delfina Martínez

Pueda decirme del amor (que tuve)
que no sea inmortal puesto que es llama
pero sea infinito mientras dure [1].

Introducción

Las series han ido adquiriendo relevancia en la medida en que progresivamente fueron reemplazando la presencia de los espectadores en el cine y son vistas a diario por millones de personas. De este modo, se convierten en plataformas narrativas que permiten acceder a las representaciones actuales como indicadores privilegiados. La cuarta temporada de Black Mirror (Brooker, 2017) sorprende a los espectadores con un capítulo que rompe con la línea que venía proyectándose hasta el momento. ’Hang the DJ’, episodio escrito por Charlie Brooker y dirigido por Tim Van Patten, desgarra la tónica distópica que caracteriza a la serie, sobre todo, por la resolución que conlleva.

Fank y Amy son los protagonistas de una historia que los encuentra inmersos en un contexto en el que la tecnología se ha vuelto abrumadora para quienes la consumen. El encuentro entre ellos se da a través de una aplicación aparentemente capaz de determinar el nivel de compatibilidad de una pareja. En el caso de Frank y Amy, el porcentaje de compatibilidad es casi del cien por ciento. La aplicación se rige por requerimientos que operan como indispensables para alcanzar la pareja ideal y no por la condición humana que introduciría la pérdida habilitante del lazo afectivo. Es el Otro aparentemente completo encarnado en un procedimiento que establece coordenadas sociales, temporales y vinculares predeterminadas. Bajo esta dimensión aparentemente unificada, suponerle un saber a un medio que indica, a modo de prescripción, cuál es la pareja ideal para cada quien no dejaría margen posible a la emergencia subjetiva en una elección verdaderamente singular.

Tecnología y Amor: ¿Compatibles?

Las redes sociales han ido creciendo a una velocidad inconmensurable. La cultura, el particular la occidental, está inmersa en una marea tecnológica donde la satisfacción y el placer inmediato son los parámetros que pretenden garantizar una compatibilidad intelectualizada como modo de defensa ante las incertidumbres amorosas. El azar y la libertad van perdiendo su lugar en la medida en que la tecnología parece estar ganando terreno en el plano del amor, donde el cuerpo, las elecciones y las corazonadas tiene cada vez menos lugar. Asimismo, el sufrimiento parece estar paleado por la certeza que ofrece el sistema. No habría lugar allí para el dolor, ni para el encuentro fortuito. Tampoco para la incertidumbre acerca de la durabilidad de una relación ¿Qué lugar cabe para la elección en este marco que parece volver más rígido a un fenómeno que se caracterizaría por la libertad?

El sistema de Hang the dj maximiza las experiencias con una variable consumista y racionalizadora. Bajo un discurso que otorga satisfacción a aquellos a quienes está dirigido, los sujetos son sentenciados a un final que parece ser inexorable y que reduce aún más el margen de libertad insistiendo en negar la falta que engendra el motor deseante a cambio de ahorrarse la angustia propia de la posibilidad de elegir más allá de lo instituido. Como todo discurso, que siempre es del semblante, pero desde donde podemos pescar el plus-de-gozar (Lacan, 2012 [1971-1972]) [2]. Así, los vínculos se someten bajo las órdenes del Otro sabio que termina conduciéndolos a un goce innegable. Se trata de un sistema que pretende ser omnisapiente en materia de amor al cual solo le interesan los tiempos cronológicos, no los tiempos lógicos del amor. Le importan los límites y la caducidad, no el carácter de incierto propicio para el acontecer del vínculo amoroso. En este armado tan hermético, ¿hay lugar para el azar, para los cuerpos pulsionales o para la vacilación de una certeza tan imponente? ¿Es posible cuestionar a este Otro previo a haberle supuesto un saber casi indiscutible acerca de la durabilidad de una relación?

La lógica consumista y romántica que subyace al uso de las aplicaciones que prometen encarnar el saber pretende ser ineludible. Con una modalidad de supuesto confort y seguridad, los lazos virtuales empujan a los sujetos a una dinámica particular. El horizonte se vuelve utópico y prometedor: para los usuarios se trata de encontrar el verdadero amor, para toda la vida. Según Eva Illouz (2012) [3] es preciso ubicar donde radican las coordenadas sociales que no dan lugar al deseo y sí a la propagación de la utopía del amor romántico. Las limitaciones que conlleva el no poder arribar a esta utopía romántica propician una escisión profunda entre la sexualidad y el amor. El sexo vacío se vuelve excluyente de las corrientes tiernas donde el amor concibe al otro como semejante. Bajo la búsqueda de un partenaire sexual que vele las incertidumbres de la dimensión del amor, la racionalización aparece como un proceso propio de las tecnologías que se utilizan dentro del proceso para la elección de una pareja. Siguiendo las nociones de la autora, tanto el uso de Internet como la utilización de las aplicaciones vigentes son solidarios de este proceso de elección intelectualizada y des-humanizada.

La tecnología se presenta como un determinante duro de la cultura que racionaliza las elecciones amorosas que no dejaría lugar alguno para la contingencia ni para el azar. Como modo de defensa ante las desilusiones o incertidumbres amorosas, la racionalización se vuelve un proceso sistematizado para la elección de una pareja. Las experiencias aparecen bajo la luz de una maximización de las mismas, propias de una lógica consumista que conlleva un arrasamiento subjetivo donde las relaciones mercantiles se presentan como modalidades actuales del vínculo con el otro.

Acerca de una singular salida ética

En la escena final vemos que Frank y Amy reciben en sus teléfonos celulares el porcentaje de compatibilidad que tienen entre ellos. A partir de un una decisión de Amy, el encuentro se vuelve posible. El sistema es cuestionado, logra ser de algún modo superado el intento de arrasar con las elecciones singulares de cada quien. La dimensión del cuerpo y de la libertad, fundantes del amor, comienzan a avanzar en el terreno de esta relación que deja de guiarse por el placer inmediato y por los límites y la caducidad impuestos y preestablecidos por la aplicación. El carácter de incierto propicio para el acontecer del vínculo amoroso acontece hacia el final del capítulo bajo una salida que se vuelve singular.

La prioridad deja de estar del lado de los esencialismos de un sistema que impone coordenadas preestablecidas, y pasar a devolver una capacidad para la existencia. La emergencia del sujeto se da en esa hiancia entre lo eterno y lo efímero: “el hombre está suspendido entre su propia finitud y la infinitud que se le revela de alguna manera; de la imposibilidad de resolver esta paradoja deriva la angustia” [(Kiierkegaard,1844) [4]. Este movimiento singular no es sin angustia, sin su atravesamiento. La angustia aparece, siguiendo los lineamientos de Kierkegaard como una posibilidad frente a la posibilidad. La angustia se entrama con la libertad, ineludible si se quiere pensar en una singular escapatoria al sistema que oprime con sus determinantes que amenazan con ser infranqueables. Un sistema que los conducía a una lógica consumista, cerrada y de carácter-aparente- se inevitable. López (2009) [5] retoma las conceptualizaciones de Kierkegaard para hacerlas dialogar con el psicoanálisis. Puntualiza, de este modo, que La posibilidad es un enfrentarse con la barradura del Otro. De este manera, la elección es posible. Es posible porque implica una posibilidad previa, un margen de libertad que se abre justo en la hiancia que deja la caída de un sistema previo. La caída de un ideal amoroso posibilita la existencia del lazo afectivo. Es posible entonces elegir, eso es lo angustioso por estructura y de la posición que tome el sujeto frente a esta posibilidad se deduce la consecuente responsabilidad subjetiva. Podemos decir que, al no haber garante absoluto, lo angustioso es que siempre somos responsables. Los mitos basado en el amor romántico que promete la eternidad en el amor y la compatibilidad supone como tantas otras verdades que existiría otro que completa. Es precisamente la puesta en juego de aquello que no recae sobre el registro de lo unificado, de lo que podrá valerse el sujeto para separarse de estos preceptos. Tal como plantea Ormart (2018) [6], lo que supondría la ausencia del a obediencia a los mandatos de otro sabio- solidaria de La esperanza de hallar un ser humano que complete a otro, como tantas otras verdades subjetivas dichas a medias en los mitos- nos habla de la estructura misma del deseo humano y del amor. Amor que solo puede darse a conocer como una herida abierta, como una parte robada, como algo perdido y anhelado, como una cicatriz de un todo que nunca fue. Apostar al propio deseo habilita no ser sólo esa marca del Otro que conllevaría una alienación insoslayable a aquellos significantes de los cuales parece imposible escapar. Existir por fuera del control de un sistema regido por pautas de consumo que colateralmente oprima y arrasa el plano de lo subjetivo, implicaría dejar de ser sólo esa marca y pensar, tal vez, en la emergencia de una dimensión singular que escape a toda lógica preestablecida de designios que mutilan velando el carácter de incierto propio del amor genuino.

Referencias

De Moraes, Vinicius. Soneto de fidelidad.

Lacan J. (2012 [1971-1972]) El Seminario, Libro 19 “…o peor”. Buenos Aires: Paidós.
Illouz, E. (2012). Por qué duele el amor. Buenos Aires, Argentina: Katz.

Kierkegaard, Soren (1844). El concepto de angustia. Buenos Aires, Argentina: Ediciones Libertador.

López, Gonzálo (2009) Loa posibilidad angustiosa de elegir. Proyecto de la programación 2008-2010 de UBACyT, “Momentos electivos de la cura psicoanalítica”.

Ormart, Elizabeth (2018) Texto de Hang the Dj, Black Mirror, temporada 4. Recuperado en http://eticaycine.org/Hang-the-DJ-Comision-17.


[1De Moraes, Vinicius. Soneto de fidelidad

[2Lacan J. (2012 [1971-1972]) El Seminario, Libro 19 “…o peor”. Buenos Aires: Paidós.

[3Illouz, E. (2012). Por qué duele el amor. Buenos Aires, Argentina: Katz.

[4Kierkegaard, Soren (1844). El concepto de angustia. Buenos Aires, Argentina: Ediciones Libertador.

[5López, Gonzálo (2009) Loa posibilidad angustiosa de elegir. Proyecto de la programación 2008-2010 de UBACyT, “Momentos electivos de la cura psicoanalítica”.

[6Ormart, Elizabeth (2018) Texto de Hang the Dj, Black Mirror, temporada 4. Recuperado en http://eticaycine.org/Hang-the-DJ-Comision-17.



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