ISSN 1553-5053Sitio actualizado en   abril de 2026 Visitas:

Volumen 10
Número Especial

Julio 2014
Publicación: Julio 2014
El arte de la traducción
100 años del natalicio
de Matilde Horne


La traductora invisible

Leopoldo Brizuela

Matilde Horne encarnaba el paradigma del traductor literario: honesta, rigurosa, inquieta, prolífica e... invisible. [1] Su nombre es tan legendario para muchos lectores como desconocida su persona. Se la recordará sobre todo como la traductora de una parte importante de la trilogía de El Señor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien, pero Matilde fue, en el panorama de las letras traducidas, mucho más. Contaba con más de 70 títulos, casi todos ellos de primerísimo rango, y no dejó de traducir hasta que la vista la traicionó. El martes 10 de junio moría, lúcida hasta el fin, en la residencia de Cas Serres, en Santa Eulalia (Ibiza) a los 94 años.

Matilde Zagalsky, que adoptó el apellido de su marido para firmar sus trabajos, nació en Buenos Aires en 1914. En 1978, como muchos de sus compatriotas durante los oscuros años de la dictadura militar, tuvo que marcharse de Argentina y se instaló en España con sus hijos. Para entonces ya era una traductora de reconocido prestigio: el Fondo de las Artes argentino había premiado su traducción de Clea, el cuarto volumen del Cuarteto de Alejandría, de Lawrence Durrell, y editoriales como Sudamericana, Minotauro, Grupo Editor, Edhasa o Amorrortu le encomendaban la traducción de autores de la talla de Ray Bradbury, Ursula K. LeGuin, Stanislav Lem o James Baldwin.

Especialmente fructífera fue su relación profesional y de amistad con Francisco Porrúa, editor visionario donde los haya y responsable directo, por poner el ejemplo más sonado, de que Suda-mericana se arriesgase a publicar en 1967 Cien años de soledad, de García Márquez. Tiempo después, Porrúa volvería a hacer gala de su acertado criterio al asumir la edición de las obras fundamentales de Tolkien, esta vez para su propio y mítico sello, Editorial Minotauro. Matilde Horne y Paco Porrúa (que firmó como Lluis Domènech, uno de sus seudónimos habituales) tradujeron juntos Las dos torres y El retorno del rey, segundo y tercer volúmenes de la célebre trilogía tolkeniana.

La obra de Tolkien, convertida en fenómeno de masas, proporcionó a Matilde una paradójica y controvertida notoriedad. Numerosos blogs y páginas de Internet hablan de ella y circulan mil y una versiones de la situación en la que afrontó sus últimos años de vida. Lo cierto es que Matilde, tal como expresó en una entrevista aparecida en enero de 2007 en EL PAÍS, no dejaba de sorprenderse de que la traducción de Tolkien fuese como el árbol que no deja ver el bosque, pues se sentía tanto o más orgullosa de haber traducido a Angela Carter, Chistopher Priest, Doris Lessing, Brian Aldiss, William Carlos Williams o los ya mencionados Durrell, Bradbury y LeGuin.

Matilde era una traductora chapada a la antigua, formada desde abajo en la dura fragua de la Olivetti y el papel carbón. Su espíritu idealista y juvenil la llevó a forjarse una idea romántica de la profesión, que no abandonó nunca y que le causó no pocas penurias.

Cuando ya no pudo seguir traduciendo a causa de su progresiva ceguera, descubrió que había descuidado los aspectos más materiales de la profesión y tuvo que recurrir a su amigo Porrúa y a las ayudas asistenciales de organismos como CEDRO para completar su exigua pensión. En 2006, gracias a la iniciativa de sus hijos Martín y Virginia, y de algunos colegas y asociaciones de traductores, la editorial Planeta le liquidó los derechos devengados de la venta de sus traducciones desde que, en 2001, adquiriera el sello y el fondo de Minotauro. Un reconocimiento tardío, sin duda, pero representativo de la precariedad en la que el traductor desarrolla su paciente e imprescindible labor.


[1Publicado originalmente en El País, España, el viernes 20 de junio de 2008



Copyright/Permisos: Los/as autores/as conservan los derechos de autor © y permiten la publicación a Aesthethika, bajo licencia CC BY-SA / Reconocimiento - Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional. La adopción de esta licencia permite copiar, redistribuir, comunicar públicamente la obra, reconociendo los créditos de la misma, y construir sobre el material publicado, debiendo otorgar el crédito apropiado a través de un enlace a la licencia e indicando si se realizaron cambios.


Número Actual
Volumen 22 | Número 1
Editorial
El arte ante lo siniestro
Juan Jorge Michel Fariña 

La Jetée | 12 Monos
La mirada que se mira a sí misma
Eduardo Laso 

Mad Men: una reflexión ética sobre el consumo desde la perspectiva del fantasma
Juan Pablo Duarte 

Antigone: una lectura ético-musical
Jan Helge Solbakk 
Juan Jorge Michel Fariña 

¿PORNO-ÉTICA? Coordinación de intimidad sexual y otras intervenciones ético-psicológicas en la erótica contemporánea
Aldana Argüello Valenzuela 

Hamnet
El espejo y sus destinos: entre la aniquilación y el amparo
Santiago Dechecco 

Reseña
ASTOR ¿Qué es un artista?
Dora Serué 

Reseña de libro
Vueltas negras, pájaros de piedra, de Cecilia Illia
Costa, Esteban  

Reseña
Pornoparto, de María Pichot. Estética de lo disruptivo en la violencia obstétrica
Tamara García Karo 

   

aesthethika // Revista internacional de estudio e investigación interdisciplinaria sobre subjetividad, política y arte

Diseño:www.navetrece.com