Actualizado en  noviembre de 2016   

Resumen

La idea que anima este artículo pertenece a Carlos Neri, profesor e investigador de la Facultad de Psicología, UBA, cuya prematura muerte debimos lamentar en 2015. Entre sus múltiples actividades en el ámbito de la informática y la educación, Charly, como lo llamábamos fraternalmente, se ocupó de los Simpson en su conocido blog EnMoebius. El episodio que aquí se comenta fue introducido en una nota suya de 2008, que debía completar para esta edición, tarea que quedó pendiente, como su vida misma. La redacción final del artículo es de Juan Jorge Michel Fariña y conlleva un homenaje al colega y amigo de tantos años.

Palabras clave:

Abstract English version

[pp. 23-25]

Políticamente incorrectos

Carlos Neri
Juan Jorge Michel Fariña

¿Cuáles son los límites del humor cuando se trata de temas social o políticamente sensibles? ¿Se puede bromear, por ejemplo, con la figura del desaparecido? ¿Hasta dónde se debe respetar la mitología o la cultura de los grupos cuando se trata de divertir a los espectadores de un programa televisivo? Y finalmente: ¿Cuál es la función de la risa como dimensión de la verdad?

La masacre de Charly Hebdo en enero de 2015 vino a conmover el edificio de certezas que teníamos sobre estas espinosas cuestiones. En aquella ocasión, el psicoanalista Jacques Alain Miller ofreció una máxima que sigue dando que pensar: «La cuestión de la vida o la muerte será saber si el gusto por la risa, el derecho a ridiculizar y el desprecio iconoclasta, son tan esenciales para nuestro modo de gozar como lo es la sumisión al Uno en la tradición islámica

Este artículo no pretende responder semejante interrogante sino apenas introducirlo en un escenario que, sin tomar las proporciones de la tragedia francesa, interesa a la ética y los Derechos Humanos. Se trata de un episodio de los Simpson estrenado en 2008 que motivó una polémica iniciada por la clase política argentina, pero que alcanzó a distintos sectores de la cultura. Salvando las distancias con el caso francés, el tema resultó anticipatorio de una discusión que como veremos sostiene su interés.

El capítulo de la discordia

Se trata del episodio “E. Pliburis Wiggum” en el original inglés, conocido en su versión castellana como "Wiggum para presidente". La escena en cuestión tiene lugar en el bar de Moe, y arranca con un comentario de Homero: "¿ustedes están tan cansados de la política como yo?” Moe se apresura a responder, proponiendo abolir la democracia. Es entonces cuando Carl le comenta a su amigo Lenny: "Realmente me gustaría una dictadura militar como la de Juan Perón. Cuando él te desaparecía, ¡tú te mantenías desaparecido!".

Aunque el capítulo todavía no se había estrenado en Argentina, la polémica no se hizo esperar. Un ex diputado peronista, Lorenzo Pepe, propuso que el episodio fuera prohibido. Al respecto, Carlos Neri publicó en su blog:

Los Simpson han ironizado sobre todo lo existente en la tierra. Nadie se ha salvado. Por eso ronda lo ridículo la exigencia de prohibir el capítulo donde se menciona a Perón, por más que ciertamente el guion tergiverse la historia. Nadie duda que las frases sean fuertes, pero la verdadera democracia tolera la ironía cuando se refiere no sólo a hechos lejanos, sino también cercanos. Homero y sus amigos siempre han sido políticamente incorrectos. Incluso sus guionistas se ríen de sí mismos al poner a Madonna como esposa de Perón, indicando con ello que su fuente de acercamiento a lo histórico es la película de Alan Parker.

Un hecho similar ocurrió en Venezuela, cuando el gobierno de Hugo Chávez obligó a retirar a Los Simpson de la programación de un canal privado por considerar que la serie era “una mala influencia” para los menores. Se trataba del capítulo en el que Homero ofreció vender uranio al presidente de Venezuela, el propio Hugo Chávez, pero la mercancía se extravió. Como recordaron los medios opositores venezolanos, “En Los Simpson, La película, se ridiculizó también al gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, quien debía elegir entre tres opciones para evitar que Springfield contaminara a toda la nación. El fortachón mandatario aseguraba que le pagaban para gobernar, no para leer. Ridícula es también la manera en que la familia amarilla se mofa del sistema de justicia australiano, toda vez que un castigo para Bart —luego de haber engañado a un niño australiano—, fue ser pateado con un gran zapato…”. En el caso argentino, y luego de una extensa polémica, se pudo leer en el diario Clarín de abril 2008: “Descartan prohibir un capítulo de Los Simpson donde hablan de la “dictadura” de Perón [1], “El titular del Comfer, Gabriel Mariotto, consideró “irracional” la exigencia del ex diputado Lorenzo Pepe para censurar el episodio. “La sociedad argentina ha madurado. Esto se combate con más información”, dijo el funcionario… Al fin un poco de racionalidad en medio de tanta bulla… [2]

La referencia de Neri al caso de Venezuela refiere a una noticia que también data de 2008, cuando el canal Televen retiró de la programación la serie Los Simpson, que se emitía a las 11 de la mañana, reemplazándola por Baywatch tras un requerimiento de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones. ¿Las razones? Elda Rodríguez, directora del organismo, emitió un comunicado en el que afirmaba que el procedimiento administrativo contra el canal era debido al seguimiento realizado a la serie tras una serie de denuncias del público. Rodríguez afirmó que «en la serie animada se aprecian elementos con imágenes y lenguaje inapropiados, que pueden influir en el comportamiento y la formación de los niños, niñas y adolescentes» y añadió que en algunos capítulos hay una «carga de mensajes inadecuados.»

El caso registra antecedentes dentro mismo de los Estados Unidos, cuando en enero de 1992, el entonces presidente George H. W. Bush dijo «Vamos a seguir tratando de reforzar la familia americana, para hacer a las familias americanas más parecidas a los Walton y menos a los Simpson». La referencia de Bush era a la serie Los Walton (The Waltons), que se emitió en el país del norte entre 1972 y 1981. Su trama se centraba en la vida de una familia del estado de Virginia, que durante los años 30 del siglo XX intentaba salir adelante en tiempos de la Gran Depresión y los albores de la Segunda Guerra Mundial. Los guionistas de los Simpson respondieron rápidamente con una réplica irónica en un segmento corto que emitieron tres días después, en el que Bart respondía: «Hey, nosotros somos exactamente como los Walton: también rezamos para que termine la Depresión».

El humor argentino: una respuesta

Tres viñetas aparecidas en sendas revistas de actualidad política argentina. En la primera, el indio Patoruzú interpela a Lenny y Carl, responsables del exabrupto; del otro lado de la barra, se ve a Mafalda que vocifera en nombre de la memoria de los desaparecidos y a Clemente que ironiza sobre la ignorancia de los guionistas. En la viñeta del medio, tal vez la más lúcida, un Perón entristecido interroga paternalmente a Homero, quien a su vez se disculpa, en inglés, reverenciándolo. La tercera, redobla la apuesta humorística, ironizando sobre una supuesta conspiración bolchevique contra la figura de Perón.

Al respecto de la risa, Alain Badiou en diálogo con Nicholas Troung, nos recuerda que existe una risa que obedece a una complicidad con el orden vigente, que está allí para que nos «hagamos a la idea» de que las cosas son como son. Pero que existe también una risa que es de un orden diferente, ”(…) una risa que revela en profundidad la sandez de lo que se nos enseña a respetar, que devela la verdad oculta, a la vez ridícula y sórdida, que se encuentra detrás de los «valores» que se presentan ante nosotros como los más indiscutibles de todos. La auténtica comedia no nos divierte; nos deja en la inquietante alegría de tener que reírnos de la obscenidad de lo real.”

El episodio de Los Simpson, con su irreverencia, pone a prueba la capacidad de una sociedad para lidiar con lo incómodo, incluso con lo insoportable. No olvidemos que lo sagrado no ha desaparecido, sino que permanece como la piedra angular del orden simbólico de una comunidad. Tratar con altura una injuria, supone una apuesta ética: una manera de exorcizar el retorno de la blasfemia. La risa se funda así como dimensión de la verdad.


[2El blog EnMoebius está activo, sostenido por Diana Fernández Salazar y se lo puede visitar en http://enmoebius.com.ar/


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