Actualizado en  noviembre de 2016   

Una versión preliminar de este artículo fue publicada en el número 11, setiembre-octubre 2012, de la revista Crisis. El texto que aquí presentamos, más extenso que el anterior, está acompañado de fotografías tomadas en las ciudades palestinas de Bethlehem y Janin por el autor junto a Esteban Perroud.

[pp. 23-30]

Palestina: territorios clandestinos

Iair Michel Attías

La única forma de acceder a territorio palestino es a través de Israel. Todo aquel que tome un vuelo hacia Tel Aviv deberá pasar por un extenso interrogatorio para saber por qué piensa visitar Palestina. El muro que separa las ciudades de Bethlehem y Jerusalén se ha convertido en un paradigma contemporáneo del apartheid. Salvo una ínfima minoría, los palestinos tienen prohibido pasar al lado israelí. Y viceversa. Alto, largo, gris, aún no termina de emplazarse pero su longitud excede ya las áreas de conflicto y se extiende hasta perderse en el desierto. Algunas partes de hormigón fueron incorporadas para impedir los ataques palestinos contra vehículos del lado israelí. Construido de norte a sur, cuando esté terminado medirá 700 kilómetros de largo y entre 50 y 100 metros de alto.

Resistir es poblar

Los lugares de mayor concentración de población y de menor distribución de recursos se llaman campos de refugiados. Parecen villas miseria, por lo estrecho de sus pasillos y las viviendas que se expanden hacia arriba. La música constante del carrito del falafel se mezcla con el murmullo ininteligible de la gente. Cuesta encontrar familias con menos de seis hijos, y todos conviven bajo un mismo techo. Los hogares árabes se rigen por una estructura basada en la tradición y las reglas del islam. Cada matrimonio cohabita con los padres de ambos miembros de la pareja. "Si dejas a tu padre solo, lo único que esperarás de él es que se ponga viejo y muera. No queremos eso, y además ellos ayudan cuidando a los chicos", cuenta el taxista Hijazi.

En el Aida Camp de Bethlehem, el campo de refugiados más grande de la región, hay casas donde conviven sesenta personas de una misma familia: primos, hermanos y matrimonios se confunden. Esta forma de vida forma parte de la herencia cultural y de la continuidad del reclamo contra la ocupación israelí. En el conflicto por el territorio, poblar a como dé lugar es un elemento de la disputa.

En las sociedades islámicas la mujer tiene una participación limitada. Alcanza con ver la escasa incidencia femenina en la actividad política y su deliberada exclusión de las discusiones. Hay quienes desmienten la opresión de género basándose en ciertas lecturas del Corán, y esta afirmación se ve refrendada por las intervenciones de artistas extranjeros que se plasman en el muro de separación: casi siempre las mujeres son protagonistas y son retratadas armadas, en situación de resistencia, levantando la bandera de la nación oprimida. Pero paradójicamente la población local preferiría que el muro no sea pintado, que permanezca gris.

El futuro nunca llegó

Los jóvenes de Nablus pasan su tiempo libre en Facebook y se fanatizan por completo con la liga española de fútbol: cuando juegan Real Madrid o Barcelona el grito de los goles se escucha desde cualquier lugar de la ciudad, el día se detiene, no hay otro tema de conversación. “Se vive con tantas decepciones, perdiendo siempre, que se busca algún motivo para festejar, algo en que se pueda ganar”, arriesga el mozo de un bar. En el campo de refugiados de Balata un programa escolar trata de sacar a los chicos de la calle haciendo actividades relacionadas con el arte. Los maestros se esfuerzan por mostrar que hay otras salidas además de la emigración. La mayor parte de los chicos simplemente quiere estudiar, terminar una carrera e irse de Palestina. Muchos quisieran vivir en Estados Unidos o en Europa. Otros desean, al menos, poder cruzar el muro hacia Jerusalén. También están quienes sienten que haber nacido aquí no es sólo una circunstancia: “Nablus es algo más que el lugar donde nací, Nablus es mi hogar", dice Amira, estudiante de enseñanza media que no piensa irse a ningún otro lugar.

El padre de Amira está en prisión y no por primera vez. Es activista político de Al-Fatah y fue detenido hace 6 meses. Los presos políticos palestinos son enviados a las cárceles de Israel. Amira no puede visitarlo porque para hacerlo necesita atravesar un check point donde militares israelíes controlan y deciden quién pasa y quién no. Para llegar a Jerusalén ella necesita una autorización que hasta ahora le está siendo denegada.

Ahmed busca los resultados de sus exámenes en las carteleras de la facultad de Medicina de Bethlehem. "Si termino mi carrera quiero vivir bien, ganar bien, pero aquí eso no existe. Mi sueño es ir a los Estados Unidos para doctorarme y trabajar allá. Aquí que no hay visión a futuro y muchos chicos dejan la escuela a los catorce años para empezar a trabajar. En muchas familias ninguna generación logró terminar la escuela. Eso te pone mal. Los jóvenes no ven que valga la pena resignar un trabajo para terminar sus estudios".

La ocupación a través de settlements –asentamientos israelíes en territorios palestinos o “barrios de ocupación”–, el racionamiento del agua, la crisis del campesinado pobre, las inspecciones y detenciones provocadas por operativos militares frecuentes y el muro de separación, son indicadores de una situación colonial sin atenuantes. La última Intifada, que duró cinco años, culminó en 2005. ¿Por qué desde entonces no existieron nuevos levantamientos insurgentes? La complejidad del sistema político que se han dado los palestinos es uno de los elementos a tener cuenta para responder al interrogante del millón.

Marx, Saddam, Corán

En la casa de Jazir hay al menos treinta portarretratos con la foto de Sadam Hussein, inmortalizado en distintas épocas de su vida. La figura del iraquí se acomoda en humildes altares, rodeado de flores. Con sus 75 años, Jazir pertenece a una generación que resistió desde el comienzo la ocupación de los territorios palestinos y que en 1948 tuvo que escapar de Israel para refugiarse en Irak. Estuvo preso muchos años y en la cárcel participó de huelgas de hambre. Pero Jazir siempre conservó la llave de su antigua morada en Haifa. Entre los más viejos, se trata de un símbolo que se conoce como “la llave de la libertad”. El fanatismo por Hussein responde a la ayuda que el pueblo palestino recibió de Irak durante sesenta años de apartheid, y en particular después de la guerra del Golfo en 1990. Las nuevas camadas, por el contrario, ven a Saddam como un Mubarak más, alguien que traicionó a su pueblo y le dio una muerte lenta.

Entre los retratos familiares están las fotos de sus hijos. En una aparece Oddei, sentado en un colchón, mirando hacia cámara. A sus espaldas cuelga una bandera roja. Tiene dibujados el martillo y la hoz comunistas, y un inconfundible bosquejo de la cara del Che Guevara. La foto se tomó en prisión cuando Oddei tenía 14 años. "No todo el mundo puede participar en política, o no la tiene a su alcance. Yo tuve la oportunidad", explica Oddei, a sus 25 años. Él se decidió involucrarse más activamente cuando salió de prisión. Lo habían detenido por ser un "freedom fighter” en una protesta por la liberación palestina. En el mismo incidente asesinaron a uno de sus amigos. "A veces la situación que te rodea te obliga a participar", señala. Ahora integra el Frente Popular por la Liberación de Palestina (FPLP), un partido marxista-leninista laico que estuvo mucho tiempo dentro de Al-Fatah pero hoy es un grupo autónomo reconocido por la Autoridad Palestina. En Bethlehem el FPLP desarrolla su trabajo principalmente en el Dehasha Camp, uno de los tantos campos de refugiados. "No contamos con mucho presupuesto para hacer campaña por el partido, y durante un tiempo no tuvimos un programa político", afirma Oddei. Es muy común que un joven interesado por meterse en política sea influenciado por sus padres o por la tradición familiar. Por caso, los islamistas más ortodoxos no admiten el grado de "liberalismo" que ofrece el FPLP. "Nosotros somos abiertos a que lo conformen palestinos de cualquier religión, pero eso mismo nos ha hecho perder mucha gente".

Janette Khouri es la alcaldesa de Ramallah desde 2006. Marxista y católica, se ha convertido en todo un símbolo de la política Palestina. Janette recibió el voto favorable de nueve de los quince miembros del consejo comunal, de los cuales tres pertenecen a Hamas. El movimiento islámico, que no promueve la participación de las mujeres en la vida pública, impulsó el nombramiento de Khouri, a pesar de que era candidata del FPLP, sólo con el fin de sacar del gobierno de Ramallah a Al-Fatah.

Tareas secretas

Hader es un caso interesante: militó desde muy chico en un grupo islámico extremista. Estuvo preso durante diez años en cárceles israelíes, y al salir en libertad, a los 32, decidió abandonar la política. "Cuando salí de la prisión decidí apostar a la vida. Me casé, tuve hijos ahora me dedico a mi familia, y es lo único que hago". Como a muchos palestinos, la política se le tornó una decisión inevitable en este entorno de violencia y fe. "Desde los diez años viví la política de cerca. A los catorce entré a un grupo llamado Jehad Islaami. Me apasionaba en ese momento la idea de liberar a Palestina. Y el método era hacerlo por las armas. Hay grupos que creen que la liberación hay que hacerla en dos frentes: el frente político, de las instituciones y la democracia; y el de las armas. Pero yo discutía con quienes creían que la salida es pacífica, porque no lo entendía así".

El partido de Hader estuvo dentro de Fatah hasta los años ochenta. Pero “no todos los partidos son iguales –cuenta Hader−. Algunos cuidan a sus presos hasta que son liberados, y otros los olvidan. Mi partido es de los que te dejan de lado, yo ya sabía eso”.

-¿Qué hacías para el partido?
-En una época me asignaron una escuela donde enseñaba karate y computación. Es importante para que los chicos crezcan mejor que nosotros, que conozcan la historia. Pero también hacía otras tareas que eran secretas.
–¿Qué tipo de tareas?
–Son secretas.
–¿Fue fácil dejar el partido cuanto te soltaron?
–No es la mafia. Lo que pasa es diferente. Después de estar en la cárcel ya no hay más secretos. Te torturan hasta que contás todos los secretos del partido, ellos te liberan y podés volver a tu casa.

Lealtades políticas

Ibrahim, de cuarenta años, tiene a su hermano preso en cárceles israelíes. Su historia familiar fue lacrada por la ocupación de los territorios palestinos. Para su padre y sus hermanos mayores la experiencia de ser refugiados fue muy dura. Sienten el dolor de haber sido expulsados de su hogar.

A los seis años empezó a presenciar reuniones de adultos mayores que rememoraban los días previos a la ocupación de 1948, en la vieja Yaffo, ex-palestina. Lo más duro para la gente grande es que antes vivían en campos extensos y pasaron a subsistir en casas de 50 m2. "Como niño no podía entenderlo", insiste Ibrahim.

A partir de la primera intifada, cuando aún no había diferencias sustanciales entre las fuerzas políticas, Ibrahim comenzó a participar en Fatah. Y al poco tiempo convenció a otras seis personas de entrar en el partido.

Las actividades iniciales fueron las pintadas, hasta que el ejército israelí asesinó a uno de sus mejores amigos y entonces se decidió a usar bombas molotov. Ibrahim fue detenido por primera vez por portar un arma. Estuvo seis meses preso y estrechó su compromiso con la política: "En una familia vas a encontrar miembros de distintos partidos. ¿Por qué la gente cambia de partido? Las personas cambian en la medida en que cambia su entorno y la gente que lo rodea. Cuando entras a un partido sabes que no es un fan club, que vas a dedicar tu vida y ponerla en riesgo".

Desde el 2002 Ibrahim estuvo en la cárcel por siete años, a raíz de una detención del ejército en un operativo de requisa. Durante su encierro pudo leer materiales políticos y se hizo fanático de Hammas, el partido islamista más importante. También se decidió por la vía armada para la liberación. Años más tarde, cuando salió en libertad, le ofrecieron trabajar para la Autoridad Palestina. Para ello debía integrar Fatah, el partido más importante, laico y pacifista. Ibrahim cambió de partido y aceptó el empleo.

Hoy toma con naturalidad ese vuelco de sus ideas y se excusa: "el ministro de economía de Palestina también pasó de Hammas a Fatah”.
Después de los acuerdos de Oslo en 1993 Fatah cree únicamente en la paz como camino para la liberación, aunque el tratado de territorios firmado en esa oportunidad jamás se cumplió. Los otros partidos entendieron que ese pacifismo acuerdista atentaba contra la memoria de sus mártires. Ellos seguirían peleando por Palestina, pero ahora fuera de Fatah.

Escéptico, Muhammed deja de atender el negocio de falafel para contarme que alguna vez consiguió una visa y cumplió el sueño del tercermundista: trabajar en los EE.UU. por unos años. Extrañando a su familia y ya con algo de dinero, regresó a Bethlehem.

"Antes de irme estaba en Fatah, llegué a comprometerme mucho y a conocer a miembros de la alta cúpula del partido. Ahí es donde me desilusioné, me di cuenta que de todo lo que decían era muy poco lo que cumplían y que en este país se meten en política para tener poder y dinero. En Palestina la gente está muy resignada a vivir de mala manera, toda la violencia está dormida, la gente quiere vivir tranquila y no le interesa la política. En países con más años de independencia se pueden encontrar políticos más fiables y gente más honesta, pero Palestina todavía es muy joven y ni siquiera es un Estado reconocido. Aquí Hammas arregló con Israel y Fatah arregló con Hammas. Es un país demasiado corrupto como para construir a largo plazo".

El rostro de los presos

La más reciente campaña de difusión de la causa palestina giró en torno a la última huelga de hambre de decenas de presos políticos en cárceles israelíes. En ese marco se formó un ícono, un ejemplo paradigmático de la resistencia hasta el final: Khader Adnan.

"Hay artistas que comenzaron a difundir un sténcil con mi rostro y un candado en la boca, como testimonio del dolor y sufrimiento. Fue un gran mensaje hacia el mundo. Esto demuestra que hay un lenguaje universal y que somos seres humanos, no somos rocas, sentimos las cosas. Nosotros amamos a nuestras familias, amamos estar vivos. Es la circunstancia de vivir en ocupación lo que nos obliga a sacrificar nuestras vidas".

Adnan acaba de salir en libertad luego de 66 días en huelga de hambre. Según él, gracias a la unidad de todos los partidos y agrupaciones palestinas: "estoy indignado con algunos medios palestinos que han tratado mi liberación como un caso partidista, o como una disputa electoralista. Como preso no tengo ningún arma para defenderme, salvo la huelga de hambre. Mi estómago que está vacío. Es la única forma de denunciar las muertes silenciadas de palestinos que ocurren a diario en las cárceles israelíes. Todavía no estoy cómodo con el hecho de comer, muchos de los otros presos que estaban encerrados conmigo continúan en huelga de hambre”.

Días antes de su liberación, el camino de la entrada a la ciudad donde khader vive -en Arraba, Janin- fue testigo de una inmensa clebración y jornada de reivindicación por parte de activistas en busca de forzar una definición sobre el estado de las causas de los prisioneros políticos. Durante el llamado “Día del prisionero palestino” se congregaban miles de jóvenes, mujeres y ancianos que al finalizar la jornada inauguraron un mural simbólico, que reproduce el dolor, las vejaciones y el drama cotidiano de los detenidos en huelga de hambre, expresando un mensaje de solidaridad para ellos, para Khader Adnan y su familia.

Su casa está llena de carteles que recuerdan la lucha por su liberación, arreglos florales, y hasta una caja de Bon o Bon que lleva la inscripción “Hecho en Córdoba”. Por la calle pasa un tractor. Ni bien dobla la esquina los chicos vuelven a jugar al fútbol. Omnipresente, el muro recuerda la situación colonial y de dependencia en que viven. Les impide olvidar del todo aquellas intifadas siempre latentes. Pero ellos no piensan en eso todo el tiempo, ni es el tema de conversación constante. Menos cuando juegan Barcelona y Real Madrid. O cuando le preguntan a los extranjeros “¿Messi o Ronaldo?”, para celebrar o repudiar en árabe según sea la respuesta y el equipo por el que hinchen desde la lejana Palestina.



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