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Volumen 22 | Número 1
Abril 2026 | Agosto 2026
Publicado: Abril 2026
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Una elipsis del tiempo


22 Cells in Nuremberg: In the Nazi Mind
Douglas Kelley

1947
Greenberg

Reseña de libro

22 celdas en Nuremberg, de Douglas Kelley

Celina Rugilo
Martín G. Souza

Universidad de Buenos Aires

En 2025 se estrenó el film “Núremberg” que narra las acciones del psiquiatra del ejército estadounidense Douglas Kelley (Rami Malek) en su misión de investigar las personalidades y monitorear el estado mental de Hermann Göring (Russell Crowe) y otros miembros de la cúpula nazi, durante la preparación del juicio de Núremberg que tuvo lugar en 1946.

El film está basado en el libro “The Nazi and the Psychiatrist: Hermann Göring, Dr. Douglas M. Kelley, and a Fatal Meeting of Minds at the End of WWII”, publicado en Estados Unidos en 2013 y cuyo autor, Jack El-Hai, participó del guion cinematográfico.

Tanto en el film como en la obra en la que se basa, se hace mención del libro original “22 Cells in Nuremberg: In the Nazi Mind” publicado por el propio Douglas Kelley a su retorno de Núremberg, en 1947. El libro, que resultó muy controvertido en Estados Unidos, no fue editado formalmente en español. Esta reseña a cargo de Celina Rugilo y Martín Souza, docentes e investigadores de la cátedra de Ética, Deontología y Derechos Humanos de la Universidad de Buenos Aires, ofrece traducciones originales de la obra y señala su interés a 80 años de su escritura.

Douglas McGlashan Kelley nació el 11 de agosto de 1912 en Truckee, California. Proveniente de una familia de clase media y con un padre odontólogo, desde muy joven manifestó una inteligencia excepcional que le valió tempranos reconocimientos en su formación. En 1933, con tan solo 21 años, obtuvo los títulos de grado en medicina y psicología por la Universidad de California. Hasta 1937 continuó su especialización en el campo de la psiquiatría y luego, con una beca de la Fundación Rockefeller, llevó adelante estudios de posgrado que le permitieron obtener su doctorado en el Columbia University College of Physicians and Surgeons en 1941. Durante esta etapa consolidó su interés por las técnicas proyectivas, llegando a presidir el comité de formación del Instituto Rorschach tras investigar la validación de este test en estados de intoxicación alcohólica.

Antes de su histórico rol en los juicios a la cúpula nazi, Kelley sumó una experiencia clínica decisiva durante la Segunda Guerra Mundial. Se incorporó al Cuerpo Médico del Ejército de los Estados Unidos y fue designado como psiquiatra jefe en el 30º Hospital General en Europa. Allí se dedicó al tratamiento de soldados que padecían "fatiga de combate" o "neurosis de guerra", aplicando intervenciones breves para lograr la estabilización emocional. Es en este contexto y precisamente por esta articulación entre su sólida formación académica, su dominio de la psicometría y su labor clínica en el frente de batalla, que se posicionó como el profesional indicado para evaluar, en 1945, la salud mental de los jerarcas del Tercer Reich con el objetivo de dictaminar si estaban en condiciones mentales de comprender el proceso judicial y recibir asistencia de sus defensores.

Durante un período de cinco meses de intenso trabajo que se extendió desde agosto de 1945 hasta enero de 1946, Kelley se desempeñó en su rol como psiquiatra e investigador. Su labor comenzó en Camp Ashcan (Luxemburgo) y continuó en la cárcel de Núremberg, donde los reclusos fueron trasladados antes del juicio. Una vez finalizada su misión, regresó a los Estados Unidos en enero de 1946, pocas semanas antes de que el tribunal internacional emitiera su sentencia.

Tras esa experiencia como investigador y su trato con los líderes nazis en la cárcel, Kelley plasmó sus vivencias en su único libro, 22 celdas en Nuremberg. La obra fue publicada por primera vez en 1947 en edición de tapa dura por Greenberg y reeditada en 1961 en formato de bolsillo por MacFadden Publications.

Douglas Kelley aclara desde un inicio que "este no es un libro para psiquiatras, historiadores". Las distintas disciplinas profesionales, nos dirá, encontrarán la información de manera detallada en las publicaciones científicas pertinentes. Su libro está dirigido al público en general, con los detalles necesarios para que pueda ser comprendido "por un lector bien informado". Sin dejar de lado estas aclaraciones, detalla las cuestiones metodológicas y los reparos que tuvo para tratar de obtener la información de la manera más confiable posible. Apeló a diversas fuentes y testimonios, sumando a las entrevistas realizadas en la cárcel otros testimonios del período en que los jerarcas estaban en la cima del poder. Esta ampliación que realiza en el campo de obtención de sus datos la fundamenta "al advertir que sus patrones de personalidad en prisión reflejarían naturalmente el deseo de congraciarse". Por otro lado, cuando llega a Núremberg se sorprende: "encontré un grupo de ’pacientes’ ansiosos por hablar. Rara vez me han resultado tan fáciles las entrevistas psiquiátricas como la mayoría de éstas. Entonces y después hablaron casi sin necesidad de sondeo ni estímulo".

Con referencia a la metodología, Kelley realiza una descripción precisa de los métodos que consisten en entrevistas y tests proyectivos que aplica con su asistente, el Dr. Gustave Gilbert. Gilbert era ciudadano estadounidense, hijo de inmigrantes judíos austríacos y había obtenido el grado de Primer Teniente en las fuerzas armadas. Además de co-evaluador, es asignado como intérprete, ya que tenía un excelente dominio del alemán, cumpliendo un rol fundamental en el registro de las reuniones que mantuvo Kelley con los prisioneros y que se detallan en el libro.

¿Qué motiva a Kelley a escribir este libro? Él dirá que "compartía la opinión tanto de etnólogos como de políticos de que el nazismo era una enfermedad sociocultural que, si bien sólo había sido epidémica entre nuestros enemigos, era endémica en todas las partes del mundo. Compartía el temor de que en algún momento futuro pudiera volverse epidémica en mi propia nación". Insiste en que hay que aprender de las experiencias del pasado para no tener que atravesarlas: "es imperativo comprender el horror del Tercer Reich sin tener que experimentarlo". Aprender el porqué del éxito del nazismo posibilitará medidas que impidan la recurrencia de su mal; a partir de su experiencia y conclusiones, lo invade un anhelo preventivo. Él mismo dirá que sus lectores encontrarán "un análisis inteligible de las personalidades que lograron deformar y controlar las acciones de 80 millones de alemanes".

Asumirá que su trabajo fue realizado en condiciones apresuradas y que quedó inconcluso, pero que fue "fructífero como para señalar hacia dónde deberíamos orientar los estadounidenses nuestros pensamientos y nuestra educación, nuestras políticas y nuestros métodos políticos, si queremos evitar el triste destino de los alemanes". No desdeña las coordenadas históricas y los paisajes conceptuales que signaron la educación, formación y vivencias de estos hombres: "Es evidente que los nazis no fueron los únicos que invirtieron el curso de la cultura alemana; el culto de la barbarie seguía teniendo allí raíces vivas todavía en 1923. Tampoco Hitler y Rosenberg inventaron el mito de la raza superior alemana". Sí hará una distinción y una afirmación fundamental: "La depreciación de la ética, de la conciencia como guía de la conducta, alcanzó su expresión máxima en los nazis de Núremberg".

¿A qué tesis arriba Kelley? Esta insistirá en derribar la creencia popularizada de que los nazis estaban locos: "La locura no explica a los nazis. Eran simplemente criaturas de su entorno, como lo son todos los seres humanos; y también eran, en mayor medida que la mayoría de los hombres, los creadores de su propio entorno". Por esto persistirá en la importancia de aprender el porqué del éxito nazi para tomar medidas que impidan su recurrencia. Luego volveremos sobre esta idea central.

Hermann Goering (izq.) Douglas Kelley (der.)

El lector se encontrará con que el libro se divide en ocho partes. Kelley nombra a "Los criminales", clasificando a los jerarcas nazis según su rol. En esta línea los divide en "Los artífices de la política" (Hess, Rosemberg y Goering), "Los vendedores" (Frizche, von Schirach y von Ribbentrop), "Los hombres armados" (Jodl y Keitel, Doenitz y Raeder, Kaltenbrunner), "Los instigadores" (Streicher y Ley) y "Los hombres de negocios" (Frank, Frick, Seyss-Inquart, Schacht, Funk, Speer y Sauckel). La anteúltima parte estará dedicada a "Der Fuehrer": un análisis pormenorizado de la vida y aspectos de carácter de Adolf Hitler, extrayendo conclusiones clínicas basadas en los testimonios de los jerarcas y de personas que trabajaron en forma cercana a él durante años.

Las entrevistas son, según sus propias palabras, extensas y exhaustivas. El uso en varias ocasiones de la nosología freudiana lleva a pensar que Kelley tenía algún tipo de formación psicoanalítica que se intercala con su formación como psiquiatra. Es de enorme interés leer cómo describe su interacción y las conclusiones que extrae de cada uno de los jerarcas, pero hay una que merece atención particular: la que establece con Hermann Goering.

Será en el vínculo que establece con Goering donde veremos naufragar la insistencia del autor en remarcar su formalidad metodológica: "Como científico, consideraba que mi deber en la cárcel consistía no sólo en velar por la salud de hombres que afrontaban un proceso por crímenes de guerra, sino también en estudiarlos como un investigador en un laboratorio". Esa pretendida distancia instrumental que resalta en el texto será precisamente la que termine por volverse contra él: el Douglas Kelley científico e investigador quedará atrapado como sujeto en la relación que construye con Goering, sin advertirlo y no sin efectos.

En el último capítulo, "¿Qué significa esto para Estados Unidos?", desarrollará su idea inicial: "Debemos aprender el porqué del éxito nazi para tomar medidas que impidan la recurrencia de un mal semejante". Extraerá las conclusiones y hará las comparaciones que motivan este anhelo preventivo que mencionamos al inicio, anhelo del que también se desprende nuestra invitación a la lectura de Kelley, ya que basta leerlo para entender por qué este texto sigue siendo urgente.

La escasa recepción de su obra no se debió a la falta de empeño del autor; pensamos que puede explicarse por el clima de época: un contexto en que los horrores del nazismo y de la guerra eran demasiado recientes para que la sociedad estadounidense pudiera recibirlo. A continuación, transcribimos algunos párrafos del capítulo final para que quienes los lean puedan sacar sus propias conclusiones, abrir los debates y hacer las articulaciones que deseen. Esperamos que algo de lo que ésta lectura nos provocó resuene también en ustedes; si logramos dejar entreabierta la puerta, el texto hará el resto.

“En lo que hace a los líderes (...) no eran tipos especiales. Sus patrones de personalidad indican que, aunque no son individuos socialmente deseables, sus semejantes podrían encontrarse muy fácilmente en Estados Unidos. Los individuos neuróticos (...) que sufren trastornos histéricos y quejas obsesivas, pueden encontrarse en cualquier clínica psiquiátrica. Y hay cientos incontables de otros similares, frustrados, desalentados, empeñados en hacer grandes hazañas, que deambulan por las calles de cualquier ciudad (...) en este mismo momento”. (pág. 105)

“Las personalidades fuertes, dominantes, agresivas y egocéntricas (...) que difieren de lo normal sobre todo por su falta de conciencia moral, no son raras. Pueden encontrarse en cualquier parte del país, detrás de grandes escritorios decidiendo grandes asuntos como empresarios, políticos y delincuentes”. (pág.105)

“Los oradores y escritores astutos, suaves y sin escrúpulos (...) los vendedores brillantes y de gran escala (...) y todos los aprovechados de la esfera financiera y legalista pueden contarse entre los hombres cuyos rostros conocemos de vista”. (pág. 105)

“Los agitadores políticos (...) pueden encontrarse en cualquier reunión política; y estoy seguro de que en nuestras fuerzas armadas podríamos localizar generales o coroneles políticos y pulidos que estarían dispuestos a seguir la corriente de un partido capaz de asegurarles un ascenso rápido hasta la cima”. (pág. 105)

“¿No tenemos hombres tan ferozmente deseosos de alcanzar el poder que no dudarían en trepar sobre los cadáveres de nuestras minorías si con ello pudieran lograr el control totalitario del resto de nosotros? ¿Y los seguidores? Los llamamientos básicos (...) exigiendo persecución de las minorías, exigiendo el desarrollo de una nación más fuerte(...). También tendemos a basar nuestro pensamiento en evaluaciones emocionales más que intelectuales”. (pág. 106)

“Muchos dirán que éste es un país de prensa libre y de libre expresión. Después de todo, los racistas (...) sólo están hablando o escribiendo, y cualquier persona (...) tiene derecho a hablar o escribir como le plazca. Eso es totalmente cierto. Pero, al principio (...) también sólo estaban hablando”. (pág. 106)

“Los menos fervientes decían: "No parece posible que esto haya sucedido de verdad. Cuando se estaba formando el Partido, solíamos escuchar esos discursos. Sólo discursos. Ninguno de nosotros esperaba de ellos otra cosa que una simple estimulación de las multitudes. Ninguno de nosotros pensaba que algún ser humano perdería la vida por esos discursos. Creíamos estar escuchando propaganda política. Nosotros mismos pronunciábamos los mismos discursos. Nunca soñamos que llegaría tan lejos."

“El poder de la palabra hablada se ha subrayado una y otra vez. De hecho, los seres humanos en su estado actual de desarrollo se dejan mover más por las palabras que por la razón. Nos permitimos ser vencidos por la agresión emocional y, a su vez, la usamos para tratar de destruir los conceptos y los ideales de otros”. (pág. 106)

“Pero usted podría argumentar: "Esto es una democracia y en una democracia cada individuo debería poder votar. En una democracia debería ser fácil detectar al dictador en ciernes y derrotarlo en las urnas, legal y democráticamente, antes de que consiga el poder." (pág. 107)

“Teóricamente, eso es cierto. Pero nunca debemos olvidar que Hitler fue elegido por métodos democráticos en un sistema democrático que nosotros mismos ayudamos a establecer. Fue elegido de manera democrática por el fracaso de las fuerzas democráticas alemanas para impedir su elección, por la apatía fundamental y la falta de interés de esas fuerzas. Esa apatía y ese desinterés no son desconocidos. Muchas elecciones han dejado dolorosamente claro que una pequeña minoría, actuando como unidad activa, puede ganar elecciones que determinan el destino de una mayoría apática, letárgica y que no vota”. (pág.107)

“Nos corresponde a nosotros determinar si fomentamos odios y prejuicios raciales. Nos corresponde a nosotros decidir si aprendemos del holocausto de Europa y aplicamos lo aprendido a nuestra propia vida”. (pág. 108)

Los criminales
Nombre Nacimiento Destino
Rudolf Hess 12 de ene. de 1893 Cumple prisión perpetua
Alfred Rosenberg 26 de abr. de 1896 Ahorcado, cárcel de Núremberg, 16 de oct. de 1946
Hermann Goering 12 de ene. de 1893 Se suicidó, cárcel de Núremberg, 15 de oct. de 1946
Hans Fritzsche 21 de abr. de 1900 Liberado por el Tribunal Internacional
Baldur von Schirach 9 de may. de 1907 Cumple 20 años de prisión
Joachim von Ribbentrop 30 de abr. de 1893 Ahorcado, cárcel de Núremberg, 16 de oct. de 1946
Constantin von Neurath 2 de feb. de 1873 Cumple 15 años de prisión
Franz von Papen 29 de oct. de 1879 Liberado por el Tribunal Internacional
Alfred Jodl 10 de may. de 1890 Ahorcado, cárcel de Núremberg, 16 de oct. de 1946
Wilhelm Keitel 22 de sept. de 1882 Ahorcado, cárcel de Núremberg, 16 de oct. de 1946
Karl Doenitz 16 de sept. de 1891 Cumple 10 años de prisión
Erich Raeder 24 de abr. de 1896 Cumple prisión perpetua
Ernst Kaltenbrunner 4 de oct. de 1903 Ahorcado, cárcel de Núremberg, 16 de oct. de 1946
Julius Streicher 12 de feb. de 1885 Ahorcado, cárcel de Núremberg, 16 de oct. de 1946
Robert Ley 15 de feb. de 1890 Se suicidó, cárcel de Núremberg, 25 de oct. de 1945
Hans Frank 3 de may. de 1900 Ahorcado, cárcel de Núremberg, 16 de oct. de 1946
Wilhelm Frick 12 de mar. de 1877 Ahorcado, cárcel de Núremberg, 16 de oct. de 1946
Arthur Seyss-Inquart 12 de jul. de 1892 Ahorcado, cárcel de Núremberg, 16 de oct. de 1946
Hjalmar Horace Greeley Schacht 22 de ene. de 1877 Liberado por el Tribunal Internacional
Walther Funk 18 de ago. de 1890 Cumple prisión perpetua
Albert Speer 19 de mar. de 1905 Cumple 20 años de prisión
Fritz Sauckel 27 de oct. de 1894 Ahorcado, cárcel de Núremberg, 16 de oct. de 1946
Adolf Hitler 20 de abr. de 1889 Destino indeterminado



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