1. La muestra y su encuadre
La muestra Pornoparto, de la artista argentina María Pichot, curada por Kekena Corvalán, se presentó en el Centro Cultural Paco Urondo entre noviembre de 2025 y marzo de 2026. A través de grabados, dibujos y fotografías intervenidas, la exposición propone un recorrido estético-político en torno a la violencia obstétrica, articulando los conceptos pornoparto y postpornoparto, desarrollados por la artista en el marco de su trabajo artístico y militante.
Desde el inicio del recorrido, los grabados en blanco y negro capturan la mirada y producen un efecto corporal inmediato. Al caminar entre las obras, se percibe una sensación de escalofrío que recorre el cuerpo. Algo irrumpe, perturba, interrumpe la continuidad de la experiencia estética clásica. En la consecución de imágenes de la obra se inscribe una narrativa, un mensaje que no busca embellecer sino denunciar aquello que vivencian muchas mujeres durante el trabajo de parto, el parto o la cesárea, en contextos institucionales donde el cuerpo femenino queda sometido a prácticas médicas gineco-obstétricas invasivas y deshumanizantes por parte del personal de salud.
2. Violencia obstétrica y resto traumático
Las imágenes de los grabados transmiten gestos, instrumentos utilizados en intervenciones, comentarios y relaciones de poder cuyos efectos físicos y psíquicos dejan marcas persistentes. El maltrato físico, el trato deshumanizado y las intervenciones obstétricas innecesarias –nominadas hoy bajo el término violencia obstétrica y reconocidas en el marco normativo vigente– aparecen aquí no como un concepto sino como una experiencia vivida.
La violencia obstétrica no se olvida, es una memoria que se actualiza en el presente. Retorna e irrumpe como resto inasimilable de la experiencia: en flashbacks, sensaciones corporales, angustia. Con frecuencia queda una cicatriz en el cuerpo –producto del maltrato físico y/o de prácticas obstétricas innecesarias– y una marca en la psiquis, allí donde el trato deshumanizado desarma toda posibilidad de inscripción simbólica. En este punto, la muestra deviene experiencial, no ilustra un concepto, lo hace sentir.
3. El grabado como operación estética
María Pichot halla en el grabado una técnica que le permite narrar aquello que las fotografías de mujeres en situaciones de parto y trabajo de parto mostraban, pero no alcanzaban a decir. El grabado opera aquí como un medio que vehiculiza una narrativa que busca hacerse oír, una denuncia de lo que padecen las mujeres en sus cuerpos, de los relatos, de las imágenes que quedaron fijadas en la memoria traumática.
Hay en estos grabados un hecho estético que comunica sin clausurar el sentido. Revelan un imposible, el de representar plenamente el horror, y al mismo tiempo intentan producir desde la imagen aquello mismo que las mujeres denuncian. El arte aparece así como un modo de contrabandear un vacío, el de las experiencias que no hallan palabras suficientes y/o quedan reducidas, normalizadas por el discurso médico y jurídico.
En la mixtura de porno y parto, la obra de Pichot desoculta. Deja ver una intimidad violentada, una exposición forzada del cuerpo femenino, una escena donde la vulnerabilidad se vuelve objeto de prácticas de poder. Esa verdad que emerge a través de las obras no es neutra puesto que implica consecuencias éticas y políticas.
4. Entre el abandono y el encuentro
Hacia el final del recorrido, la muestra propone una suerte de santuario: obras de arte, entre ellas El nacimiento de Venus de Botticelli, una estatuilla de una virgen, muñecos de bebés, otros de tela y algunas flores. Este montaje introduce un giro. Allí donde hubo abandono del sujeto y de su singularidad, la obra produce un encuentro, un hacer lugar.
Pichot logra un pasaje de la singularidad de experiencias traumáticas a un universal posible de ser conceptualizado y transmitido. Hay un saber hacer que, al modo del decir poético, busca despertar lo adormecido, lo callado, lo silenciado. Los grabados interrogan y denuncian las prácticas actuales durante el parto y el trabajo de parto por parte del personal de salud.
5. La experiencia colectiva: tomar la palabra
La muestra ofreció una actividad grupal, un espacio de intercambio e interacción entre organizaciones y profesionales militantes de los derechos de las mujeres que luchan contra la violencia obstétrica. Tuve la oportunidad de asistir a una de las actividades colectivas realizadas en el marco de la exposición.
El recorrido comenzó con una caminata en silencio entre las obras, bajo la consigna de mirarnos entre nosotras. Mujeres –en su mayoría militantes y defensoras de los derechos de la mujer y del niño– caminamos entre los grabados como quien intenta escuchar la sonoridad de aquello que habita en el cuerpo de las mujeres que han quedado apresadas del horror.
Luego nos sentamos en ronda a dialogar. A poner voz y cuerpo a lo que sucede hoy en relación con los partos y la violencia obstétrica. Surgieron reflexiones y también emergieron preguntas que interpelaron desde un lugar de preocupación: “¿Podrían repetirse sin cuestionamiento alguno estas imágenes que la muestra nos trae?”; “¿Cómo volvemos a conectar con esa humanización que nos hace comunidad?”. Y las mujeres participantes afirman prácticamente al unisono: “El otro sí importa”. Afirmación fundamental. Se destacó un punto importante a considerar en referencia al sistema médico hegemónico, en palabras de una militante: “Veo la vulnerabilidad y avasallamiento de los derechos de las mujeres que creen que están siendo cuidadas durante el parto pero están siendo abandonadas por el mismo sistema que les dice que las está cuidando”.
Médicas, psicólogas, doulas, víctimas de violencia obstétrica y militantes denunciaron cómo el sistema de salud violenta a las mujeres durante la gestación, el parto, el aborto y el puerperio, en instituciones públicas y privadas, en distintos territorios de Argentina. Frente a ello, se destacó la importancia de una mirada perinatal compasiva hacia las mujeres, las personas gestantes y sus bebés.
En la ronda, las mujeres pasaron de una posición pasiva –propia de la experiencia de violencia– a una posición activa, construyendo un que hacer colectivo orientado a frenar, denunciar y transformar las prácticas de la violencia gineco obstétrica.
6. El arte frente a lo traumático
¿Qué aporta el arte de Pichot frente a estas experiencias? El saber hacer de la artista permite una revelación, desencadena una verdad que plasma el horror de aquello que muchas mujeres vivencian durante el parto. Su arte posibilita un encuentro, una transformación que quizá no repare el trauma pero sí deviene una posible vía de elaboración. Hace comunión. Abre un decir allí donde algo quedó mudo. Deja ver, expone lo que se pretende ocultar desde el sistema médico.
Los grabados muestran aquello que quedó fijado en el cuerpo, en la mirada y en la voz muda: restos visuales, auditivos y corporales que no cesan de no inscribirse. El arte permite simbolizar parcialmente lo real traumático, producir un decir sobre aquello que no se puede hablar, pero que insiste.
En Pornoparto, el arte se vuelve un gesto ético y político. No clausura la herida, pero la hace visible. Interroga las prácticas actuales y convoca a no mirar hacia otro lado.