Actualizado en  junio de 2017   

Resumen

El 6 de mayo de 1938 Hitler llega a Roma. Apresuradamente, el espectador asociaría el título de la película Una giornata particolare (Ettore Scola, 1977) con la magnitud de tal acontecimiento. ¿Algo podría escapar al temblor cegador de tal llegada? Sin embargo, progresivamente vemos cómo este suceso triunfal se torna deslucido y opaco frente al encuentro de dos desconocidos que, en algún rincón de esa realidad carcelaria, traman a través de Éros la auténtica particularidad del día. Este Éros fue, hacia el año 385 a.C., el tema sobre el que versó una de las más reconocidas obras de la filosofía antigua: el Banquete de Platón. ¿Podrán los oradores reunidos en aquel diálogo arrojarnos una guía sobre los hilos que los protagonistas de este inolvidable largometraje de Ettore Scola –Antonietta y Gabriele – urden entre sí?

Palabras clave: Platón | Una giornata particolare | Amor | Fascismo | Banquete

Abstract English version

[pp 23-28]

Una giornata particolare

un análisis a partir del Éros platónico
Mariana Andujar

Recibido: 6/12/2016 – Aprobado: 1/2/2017

Consideraciones introductorias

El seis de mayo de mil novecientos treinta y ocho acontece la visita de Hitler a Roma. Dicho evento es el día particular que opera de trasfondo significativo y carcelario del verdadero día particular: el de dos individuos opuestos que se encuentran y convergen en un Éros [1] que les cambiará el transcurso del día y de la vida.

Una giornata particolare (1977) del director italiano Ettore Scola ilustra este gran acontecimiento histórico a través de las acciones transcurridas en otro lugar, en un complejo de edificios donde permanecen los (casi) únicos personajes que no asisten a la ceremonia: Antonietta y Gabriele. De este modo, se va dando paulatinamente un mayor distanciamiento respecto de aquel día particular para el colectivo de la sociedad fascista, y se permite así el desarrollo del auténtico día particular que une y resignifica a Gabriele y Antonietta como individuos. La distancia se presenta primero a partir de este juego de ausencias: ella se ausenta de la ceremonia por tener que cumplir con su deber, él por no poder cumplirlo. Luego, esta ausencia se hace cada vez mayor a medida que crece el afecto entre ambos, suponiendo una contradicción con el deber fascista, hasta llegar finalmente a una contradicción consciente: para ella el estar con un "subversivo" y asumir la infelicidad como consecuencia del sistema, para él asumir la identidad positivamente ya no mediada por lo prescripto.

Este contraste entre la presencia y la ausencia es una de las tantas tensiones entre opuestos que aparecen en la representación de la Italia fascista: lo masculino y lo femenino, lo individual y lo colectivo, el deber y el deseo. Entre medio de ellos se tiende una brecha no asumida, que pasará a ser consciente a partir de la unión brindada por Éros entre los dos personajes.

Por un lado, se encuentra Antonietta, la exhausta ama de casa que cumple con su deber y se deja ahogar en el mar de lo que se hace, se dice, se piensa. Encarna la mujer fascista promedio, que sabe que su lugar y deber como mujer es el de máquina reproductora, conservadora y sustentadora de limpieza, alimento y comodidad para los cachorros y el macho. No obstante, pese a cumplir con su deber no lo hace totalmente: no es feliz. Se encuentra oprimida, confinada a lo doméstico dentro de cuatro paredes, en completa soledad dentro de un apartamento poblado. No se desarrolla como persona, no es persona ante el esposo autoritario y la vorágine de seis hijos. Es mero medio y objeto de otros, no es tomada en cuenta como persona y ella siente esa carga sin poder interpretarla. Solo puede nombrarla y sentirla en el cuerpo. No concibe que pueda ser otra, vivir de otro modo.

Por otro lado, se encuentra Gabriele, el desempleado locutor de radio que cuestiona la ceguera reinante desde dos puntos distintos que convergen: desde el intelectual, en tanto encuentra irrisorios los ideales fascistas, y desde el erótico, en tanto su deseo no es el deseo prescripto, sino el proscripto: es homosexual. Escapa al deber fascista, al ideal proclamado viril de ser esposo, padre y soldado. No es ni lo uno ni lo otro, pero sin embargo es. Debido a este ser fuera de los márgenes permitidos, vive atormentado por el ostracismo que le supone y por no poder afirmar su identidad con libertad. No logra ser una individualidad porque sigue suponiendo la lógica fascista del colectivo: miente sobre la razón de su desempleo o piensa en suicidarse y terminar con el tormento. No puede afirmarse positivamente, sigue pendiente de lo que debería ser.

Reuniendo ambas caracterizaciones podemos retomar una de las tensiones ilustradas en la película: lo masculino y lo femenino. Hay una prescripción de lo viril como lo supremo: aquello que dispone toda la realidad a su alrededor para conquistar y propagar. Lo femenino, en contraposición, es lo secundario, mero medio que debe obedecer y servir a la patria en su rostro biológico. Se exigen ciertos modos de ser mujer y de ser hombre, de manera tal que aquellos que escapan a la cerca deben ser acusados y exiliados en tanto son traidores del ideal.

Estas dos individualidades incompletas como tales se reúnen en ese día particular a partir de la huida del ave, que no solo ilustra la condición carcelaria en la que viven, sino que también predice los sucesos por acontecer, en tanto es símbolo de la liberación que ambos sentirán: Gabriele finalmente podrá reafirmar su propio ser gritando su condición homosexual y Antonietta tomará conciencia de la contradicción entre su hacer y su deseo que instintivamente late. Ambos lograrán dar el salto desde el deber que los aprisiona al deseo que los libera.

Sin embargo, el pájaro es apresado y enjaulado nuevamente. Del mismo modo lo insinúa la permanente radio de trasfondo: el mundo del que son prisioneros sigue ahí, todo sucede en los límites carcelarios de la sociedad fascista. Antonietta vuelve al lecho de su marido y Gabriele se retira con los oficiales. En apariencia todo sigue igual, pero aún así hay una transformación, una significatividad de los sucesos: ambos pudieron ver gracias a Éros cómo es el mundo fuera de la jaula. De este modo, se interrumpen en sus días y vidas: Antonietta interrumpe a Gabriele en sus pensamientos suicidas y Gabriele interrumpe a Antonietta en su existencia inauténtica y ciega.

Una giornata particolare y el Éros platónico

La dinámica que se desarrolla nos remite entonces a un creciente Éros que carcome las distancias entre ambos personajes. Esta relación erótica ascendente nos permite traer a nuestras mentes el Banquete de Platón y entablar así un análisis a partir de ciertos elementos presentes en ambas obras. En este trabajo se retomarán cuatro de aquellas siete disertaciones sobre el amor: en primer lugar analizaremos la perteneciente a Aristófanes (189c-193d), luego la de Sócrates (201d-212c), la de Pausanias (180c-193d) y, por último, la de Alcibíades (215a-222c).

En primer lugar, entonces, es necesario retomar el discurso de Aristófanes (189c-193d). El cómico nos presenta un relato mítico sobre la antigua naturaleza humana: en los primeros tiempos existían criaturas esféricas, compuestas de dos rostros, cuatro brazos, cuatro piernas y dos sexos. Dependiendo de la composición eran posibles tres sexos: el masculino (formado por dos hombres), el femenino (por dos mujeres) y el andrógino (compuesto por uno y por otro). Caracterizados por una terrible fuerza y por pensamientos presuntuosos, cometieron el terrible acto de conspirar contra los dioses al intentar subir a los cielos. Esta injusticia acarrea como consecuencia un castigo divino: son cortados en dos mitades. Desde ese momento, Éros aparece como la fuerza para intentar la restauración de aquella naturaleza arcaica, y es así el deseo y la nostalgia de la unidad perdida. Cada mitad mutilada e incompleta está al acecho de aquél que la reintegre a su estado original: aquellos que eran parte del todo masculino serán hombres que busquen otros hombres, las que formaban el todo femenino mujeres que busquen mujeres y, por último, los que componían el todo andrógino hombres y mujeres que se busquen entre sí.

Teniendo en cuenta este discurso podemos ver cómo en la Italia fascista aparece vedada la totalidad de las manifestaciones de Éros: el fiel a la patria solo pudo haber sido un compuesto andrógino. El deseo está prescripto a ciertos modos de ser: el deber supone un deseo determinado, y lo toma así como algo secundario, un medio para un fin. Es regla y deber del patriota reproducir más patriotas. Todo otro que escape a la lógica es irremediablemente traidor y subversivo. Gabriele representa esta tensión entre deseo-deber al ser excluido de la sociedad por no tener el único deseo que permite el cumplimiento del deber. Antonietta lo encarna en tanto desea a aquel que no es su esposo, aquel que no es hombre, aquel que no está dentro de las posibilidades permitidas de lo humano. Lo desea no como un medio para los ideales fascistas, sino como medio de rebelión contra lo que la aprisiona. La atracción que siente apenas lo conoce le insinúa aquello que ella no puede todavía ver en su conciencia: los barrotes de la cárcel.

Asimismo, retomando el mito, se nos presenta la siguiente pregunta: ¿tiene lugar la concepción aristofánica del amor entre ambos, es decir, una restitución de la unidad? Prontamente se podría decir que no, especialmente si se analiza la escena sexual: no parece haber una reconciliación, sino que, por el contrario, se manifiesta la separación, la brecha que se tiende entre ambos. Pero, ¿cuál es la razón de ello? La causa radica en que, anterior y prioritariamente a la restitución de la unidad originaria, se debe dar la restitución de esa mitad que son en sí mismos: ciega en el caso de Antonietta (pero insinuada por su deseo) y no afirmada en el caso de Gabriele. Frente al fascismo como culminación de lo colectivo, que supone una aniquilación del sujeto y de la individualidad, ambos personajes logran tomar conciencia y reconciliarse con la propia individualidad.

En segundo lugar y retornando al Banquete, es necesario analizar el discurso dado por Sócrates, quien relata las enseñanzas de la sacerdotisa Diotima sobre los asuntos de Éros. Ésta comienza describiéndolo como un daímon de naturaleza anfibia por ser hijo de Penía y Póros, progenitores de características contrapuestas (201e-204c). Hereda de su madre, símbolo de la pobreza, la falta e indigencia, y está por ella siempre marcado por una carencia por la que desea saturarse. Por otro lado, de su padre, símbolo del recurso, hereda la valentía y audacia, y está por ello siempre al acecho de aquello de lo que carece: lo bello y lo bueno. Esta caracterización de Éros como el impulso desde la carencia hacia aquello mismo de lo que se está en falta nos ilustra a la perfección el amor de Antonietta por Gabriele: desea de él todo aquello que ella no tiene y su deseo crece cuanto más se le hace patente su propia falta. Él es la representación misma de su carencia, ya sea por ser fuera del ideal que ella proclama, ya sea porque él posee conocimiento, o más profundamente porque él comprende la condición prisionera bajo la que se vive. Él es lo bello y lo bueno completamente otro a la burbuja asfixiante en la que hasta ahora ha vivido.

Retomando nuevamente las palabras de la sacerdotisa (206b-209e), Éros es el deseo de la posesión perpetua de lo bueno y lo bello que se carece, lo cual se logra mediante la procreación física y psíquica que permite manifestar su esencia más profunda: ser deseo de inmortalidad. Esta fecundación entonces puede darse de dos modos. Por un lado, según el cuerpo: se procura la inmortalidad mediante la unión del hombre y la mujer que crea un nuevo ser. Por otro lado, según el alma, lo cual también supone una concepción y nacimiento: el del conocimiento y las virtudes. Quien es fecundo de alma, agrega Diotima (209a), busca en su entorno almas bellas, ya que solo en ocasión y contacto con lo bello puede dar a luz, no pudiendo ser posible la procreación en lo feo.

Tomando en cuenta estos conceptos, podemos ver que a través de la unión erótica (en su vertiente afectiva y carnal) entre ambos personajes, no se encuentra únicamente la posibilidad de la prescripta procreación de la progenie patriótica, sino –y fundamentalmente- una procreación en el alma que rompe los cimientos de la creencia en el régimen. Es Gabriele el que, como alma bella y objeto amoroso, incita a Antonietta a abrirse al conocimiento. Es ante el encuentro con un alma bella que puede dar a luz aquello que hasta ese momento estaba latente en su sentir, en contraposición a todo el tiempo anterior en el que estaba rodeada de la fealdad. Estas caracterizaciones pueden verse aludidas de modo directo por el decorado de sus casas: la de ella poblada de elementos domésticos, inmediatos, que la anclan en la repetición de lo mismo, en la cotidianeidad. En contraposición, Gabriele, con aire de intelectual, se encuentra rodeado de libros, cuadros y discos. En varias ocasiones ella alude despectivamente a su propia ignorancia y falta de instrucción, y es él quien la lleva, mediante cuestionamientos, a un estado aporético que simboliza una puerta no solo para salir de esa ignorancia que ella presume tener dentro del círculo fascista, sino también para sustraerse de ese ámbito en su totalidad y observar críticamente los deberes e ideales que les prescriben a ambos. Es a través de Éros entonces que ella puede interpretar la disonancia que posee en su interioridad a partir de algo bello exterior: Gabriele.

Es Gabriele, como objeto amoroso de su deseo, el que incita a Antonietta a recorrer la escalera erótica descrita a continuación por Diotima (210a-212b). La sacerdotisa explica cómo se procede desde la belleza corporal -primero dirigiéndose a un cuerpo bello, luego viendo esa belleza presente en cualquier cuerpo bello- hacia la belleza de las almas, continuando por el reconocimiento de la belleza de las leyes y normas, las ciencias, hasta final y repentinamente, alcanzar la Idea de belleza, aquella por la cual son bellos todos los demás escalones. Si bien Platón apunta a un ascenso hacia un plano metafísico de las Ideas, podemos compararlo con lo que produce Gabriele en Antonietta, en tanto es a partir de él, como ya dijimos, que ella logra tomar plena conciencia de la causa de su sufrir.

Para poder analizar con mayor precisión esta cuestión, es preciso continuar con el análisis y remitirnos en tercer lugar a los elementos anticipatorios que encontramos en el discurso de Pausanias (180c-193d). Según este, Éros es doble: hay un Éros vulgar y uno celeste, difiriendo ambos en la intención y modo en que se realizan. El primero, el llamado amor malicioso, es el de los hombres ordinarios que aman más al cuerpo que al alma. Debido al carácter perecedero de su objeto, no hay estabilidad posible en su afecto: desaparecen prontamente ante un nuevo cuerpo, abandonando y rompiendo promesas. En contraposición, el Éros celeste es el amor de aquellos que se enamoran de las almas y por tanto, al ser un objeto estable, aquellos que entrañan relaciones duraderas, tanto de amor como de amistad. La importancia de este amor radica para Pausanias en el papel central que posee la excelencia y la educación: hay una intención de hacer mejor persona al otro, tanto en materia de inteligencia como en virtud.

Tomando los elementos de ambos discursos, podemos decir que el representante del Éros vulgar es Emanuele, el esposo infiel de Antonietta que frecuenta prostitutas y posee una amante. Asimismo en la escalera erótica permanecería meramente en los dos primeros escalones, solo interesándose por la belleza de los cuerpos. Por otro lado, si bien es verdad que ella expresa un deseo carnal por Gabriele, no es simplemente tal, sino que es un deseo que toma como medio el cuerpo del otro, a fin de ir más allá: la atracción prohibida que siente y consume es la traducción de su deseo de liberación y conocimiento. El acto sexual supone para Antonietta un acto de rebelión, el salir del círculo fascista, incumpliendo sus deberes y traicionando no solo a su esposo, sino también a la patria. Es a partir de este Éros celeste y de este ascenso más allá de lo corporal que se entabla entre ambos, que ella logra subvertir la lógica que le era impuesta en tanto mujer. Ahora es ella quien, al no ser vista por Gabriele como medio (incluso no carnalmente por su inclinación sexual), logra desarrollar la individualidad que le era negada, siendo ahora ella quien transforma al otro. Asimismo -como ya expresamos anteriormente- es a partir de esta relación erótica que se logra una conciencia del sentir por parte de Antonietta y una afirmación de la identidad por parte de Gabriele: en ambos se lleva a cabo un desarrollo interior a partir y gracias al otro.

Retornando nuevamente al Banquete, por último podemos tomar en consideración el discurso de Alcibíades (214e-222b), el cual nos permite establecer una comparación entre Gabriele-Sócrates y Antonietta-Alcibíades. Este último compara al filósofo con las melodías del sátiro Marsias, las cuales encantan y persuaden al libertinaje. Del mismo modo, las palabras de Sócrates deja a los receptores impresionados y arrebatados: alborota sus almas y les muestra que viven como esclavos, en condiciones en las cuales no vale la pena vivir (215c-216a). Este mismo poder de la palabra lo vemos en Gabriele, en tanto es él quien cuestiona e induce a Antonietta al estado aporético, llevándola a reconocer su triste existencia como esclava de otros, producto del régimen bajo el que vive. Asimismo, del mismo modo que Alcibíades siente vergüenza cuando frente a Sócrates se deja vencer "por el honor que le dispensa la multitud" (216b) -es decir, por lo que el colectivo lo induce a hacer-, Antonietta, al enterarse que Gabriele es antifascista, se muestra avergonzada por haberlo invitado a su hogar y haber compartido su libro de recortes. Nuevamente, pareciera ser que la disonancia instintiva que siente en su interior se hace presente: en lugar de sentir la superioridad de sus ideales por sobre alguien que los rechaza, siente vergüenza de haber compartido su creencia en ellos. Asimismo podemos entablar la relación a partir de los roles en la relación erótica: tanto Alcibíades como Antonietta creen que son objeto de amor de Sócrates y Gabriele respectivamente, los cuales en tanto amantes deben buscar activamente la consumación del deseo. Sin embargo, se genera una inversión de la relación, de modo tal que finalmente es Alcibíades y Antonietta quienes activamente avanzan (tendiendo trampas en el caso del primero -218c-e-y besándolo en el caso de la segunda), pasando así de supuestos amados a amantes. Ambos son rechazados, avergonzados por creerse engañados y despreciados (219c). Aún así este rechazo no apacigua la pasión, por el contrario, la acrecienta ante aquello que escapa a la lógica establecida: en el caso de Alcibíades, en tanto Sócrates escapa a la lógica amante-amado tradicional y, en el caso de Antonietta, en tanto el otro supone lo que escapa completamente a la lógica fascista: es aquél que no es esposo, padre, ni soldado, pero que es.

Conclusión

En conclusión, hemos analizado la película Una giornata particolare primero de modo preliminar, sentando las bases para luego avanzar a un análisis más pormenorizado a partir de los elementos brindados por el Banquete de Platón. De este modo, vimos cómo el mito de Aristófanes nos permite, por un lado, cuestionar respecto a la determinación de un único deseo posible, así como elucidar con mayor precisión la relación erótica que se da entre ambos personajes, en tanto que les permite constituirse como las mitades que son en sí mismos. Del mismo modo, a partir del discurso de Sócrates, pudimos analizar el Éros movilizado por la carencia que siente Antonietta, así como la aparición de Gabriele como el alma bella en ocasión de la cual logra dar a luz aquello que poseía en potencia en su sentir: su infelicidad como resultado de los ideales del régimen. A continuación, tomamos el concepto de ascenso erótico dado por Diotima, junto con la noción de Éros celeste dado por el discurso de Pausanias para inquirir aún más sobre esta procreación que va más allá de lo físico y que asciende hasta la toma de conciencia y afirmación de la identidad. Por último, a partir de los elementos brindados por Alcibíades, pudimos profundizar tanto en el papel educativo de Sócrates-Gabriele y las consecuencias de esto en Alcibíades-Antonietta, así como en los roles de la relación erótica que se da entre ambas duplas.

De este modo y a partir de dichos elementos, se torna evidente cómo, a partir del Éros que los une, los personajes logran dar verdadero significado al día particular, frente al cual lejos queda aquel otro evento, cuya magnitud se torna borrosa y opaca.

Referencias

Bury, R. (1932). The Symposium of Plato]. Cambridge: Cambridge University Press.

Liddell H.G., Scott R., Jones H.S., McKenzie, R. (1940). A Greek and English Lexicon. Oxford: Claredon Press [citado como LSJ].

Platón (1997). Diálogos III: Fedón, Banquete, Fedro. Trads. y ests. prels. de C. García Gual, M. Martínez Hernández y E. Iñigo Lledó. Madrid: Gredos.

Platón (2015). Banquete. Trad., introd. y notas de E. Ludueña. Buenos Aires: Colihue.


[1Término definido en el LSJ en su primera acepción como amor, deseo, generalmente pasión sexual (éros). Su segunda acepción refiere al dios del amor, que lleva su nombre (Éros).


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