1. Contextualización: El Guaíba y la Fractura del Real
"a água brotava do chão e a água atravessava a parede" (Diario da Enchente, 11/04/2025)
El presente artículo se propone explorar las potencias de la literatura de testimonio, no como un mero inventario del desastre, sino como una praxis viva de reconstrucción psíquica y política. El objeto de análisis se sitúa en la mayor catástrofe socioambiental del sur de Brasil ocurridas hace ya dos años y tres meses: las inundaciones de mayo de 2024 en Porto Alegre, donde la crecida sin precedentes del lago Guaíba sumergió no solo la geografía urbana, sino el tejido de certezas cotidianas de su población. Un volumen excepcional de lluvias afectó gran parte del territorio gaúcho, provocando inundaciones, deslizamientos de tierra y el desborde de ríos en diversas regiones del estado. Junto con el desborde de los ríos, también se desbordó el dolor. La inundación se llevó casas, arrastró historias, separó familias y silenció sueños. Tierra anegada, vidas devastadas.
El evento alcanzó dimensiones sin precedentes, afectando a cientos de municipios y produciendo impactos humanos, sociales, económicos y ambientales. Miles de personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares, comunidades enteras quedaron aisladas y servicios esenciales fueron interrumpidos durante semanas, configurando una situación de emergencia que movilizó a instituciones públicas, organizaciones de la sociedad civil y redes espontáneas de solidaridad. La crecida del lago Guaíba alcanzó la marca histórica de 5,35 metros, superando el récord registrado durante la inundación de 1941. El sistema de protección contra crecidas resultó insuficiente frente a la magnitud del evento, permitiendo que el agua invadiera barrios centrales y periféricos. Las calles se transformaron en canales, los edificios quedaron aislados y la rutina urbana fue radicalmente interrumpida.
El lago Guaíba mostró su rostro destructivo e imprevisible [1].
Más allá de la destrucción física, la tragedia produjo una ruptura en las estructuras simbólicas que sostienen la experiencia cotidiana. Aquello que habitualmente ofrece seguridad y continuidad –la casa, el vecindario, los objetos personales, los trayectos conocidos y los espacios de convivencia– se volvió súbitamente vulnerable. En pocas horas, muchas personas perdieron no solo bienes materiales acumulados a lo largo de toda una vida, sino también referencias afectivas y elementos fundamentales de su historia personal.
Paralelamente a la experiencia de la devastación, emergieron múltiples formas de movilización colectiva. Se organizaron centros de acogida en gimnasios, escuelas y universidades; campañas de recolección de donaciones movilizaron voluntarios de distintas regiones de Brasil y de otros países, como la Argentina, que colaboró poniendo a disposición un avión de carga, tres helicópteros, un equipo sanitario móvil y dos estaciones de purificación de agua; embarcaciones civiles participaron en tareas de rescate; y las redes sociales se transformaron en importantes instrumentos de comunicación, búsqueda de personas desaparecidas y coordinación de la ayuda humanitaria.
Asimismo, se conformaron grupos de psicólogos voluntarios para brindar atención durante el primer y el segundo tiempo del trauma. Esto se conoce como la "intervención por presencia" (Benyakar, 1995), en la cual el profesional de salud mental trata de estar en contacto directo con los afectados para evitar el desarrollo de trastornos psíquicos por falta de posibilidad o capacidad de afrontar el evento disruptivo en forma adecuada. En este tipo de intervenciones el profesional desarrolla una función mediatizadora para que el damnificado pueda articular en su psiquismo lo sucedido, utilizando sus capacidades psíquicas idiosincráticas. Uno de los grupos de psicólogos voluntarios que participó de esta catástrofe se constituye en el “Proyecto Vagalumes”, que comenzó a actuar en un segundo momento de la catástrofe y permanece activo hasta la actualidad, ofreciendo escucha y acompañamiento a personas que vivieron la inundación y que aún sufren las consecuencias emocionales de esa experiencia. Muchos de los pacientes atendidos continúan en proceso de reconstrucción de sus vidas, enfrentando pérdidas materiales, afectivas y subjetivas derivadas del desastre.
Esta movilización no solo contribuyó a la supervivencia material de las poblaciones afectadas, sino que desempeñó un papel fundamental en la reconstrucción de los lazos sociales fragilizados por el desastre. Fue en este contexto donde la producción de narrativas adquirió una relevancia especial. Frente a una experiencia que con frecuencia desafía el lenguaje y escapa a las formas convencionales de representación, la escritura, los testimonios y los registros digitales comenzaron a desempeñar una función central en la elaboración de lo vivido.
Narrar se convirtió en una manera de organizar la experiencia, preservar memorias amenazadas por el olvido y compartir afectos en una comunidad atravesada por la misma herida. La literatura testimonial, en particular, emerge como un espacio privilegiado para la transformación del dolor individual en memoria colectiva, permitiendo que experiencias singulares encuentren resonancia en narrativas más amplias de resistencia y reconstrucción.
Es en este horizonte donde se inscribe el presente trabajo. Al analizar la crónica “La Casa Inundada”, de Julia Dantas (2024), y el proyecto colaborativo “Diario de la Inundación”, un archivo digital polifónico que funcionó como repositorio horizontal de la memoria afectiva de la ciudad en pleno colapso, se busca comprender de qué modo la escritura testimonial opera no solo como registro documental de la catástrofe, sino también como práctica de elaboración subjetiva y reconstrucción simbólica.
En un escenario marcado por la pérdida y la discontinuidad, estas narrativas revelan la potencia de la palabra como forma de habitar la experiencia traumática, preservar la memoria de los acontecimientos y reconstruir, colectivamente, sentidos para aquello que parecía haber sido irremediablemente destruido.
El recorrido se propone entonces a partir de un interrogante ético y clínico: ¿De qué manera la narrativa crónica, al oscilar entre el testimonio en primera persona y el murmullo polifónico del archivo digital, opera como una vía elaborativa? ¿Qué potencia presenta la elaboración a través del arte de estas vivencias para suturar tanto el colapso psíquico del sujeto como la destitución impuesta por la catástrofe en el lazo social?
La hipótesis central sostiene que la literatura de emergencia producida en Porto Alegre actúa como un dispositivo de doble faz. Por un lado, se configura como un escudo protector secundario que le devuelve la linealidad discursiva a un psiquismo asediado por el horror; por el otro, interviene políticamente en el espacio público para restituir la condición de sujetos singulares a los sobrevivientes, rescatándolos del anonimato deshumanizante y de la fría lógica estadística de la gestión estatal del desastre y construir un “nosotros” a través de la identificación por la vivencia [diariodaenchente.poa.br].
El desarrollo discursivo del artículo se estructurará a partir de un cruce conceptual, organizado en dos vectores analíticos interdependientes: el Vector “Clínico” y el Vector “Ético-Político”. En el primero, se trata de recuperar la Metabolización de lo Disruptivo a partir de los postulados de Moty Benyakar y Márcio Seligmann-Silva; en el segundo, el ensayo expandirá su mirada hacia la dimensión colectiva de la mano de Juan Jorge Michel Fariña.
2. El Vector Clínico - La metabolización de lo disruptivo
Gracias por poner en palabras lo que yo no podía (Diario da Enchente, 11/05/24)
De acuerdo con Benyakar (2006), puede pensarse lo disruptivo como aquello que irrumpe de un acontecimiento que desborda la capacidad de elaboración psíquica, produciendo una ruptura en la continuidad de la experiencia y dificultando su inscripción simbólica. En el caso propuesto para este ensayo, la inundación es considerada un evento disruptivo fáctico externo. Desde esta mirada, el desastre climático no se asimila de forma automática como un trauma reprimido, sino como una violencia de la realidad fáctica que perfora el escudo protector de la mente.
El caso de Julia Dantas (2024) ilustra con singular elocuencia esta fenomenología de la disrupción. La escritora no narra el agua como adversario vencido sino como una presencia que desfondó la realidad cotidiana: el espacio doméstico, ese territorio privilegiado de la identidad y la continuidad narcisista, fue literalmente devorado por la inundación.
Nunca imaginé que vería tan de cerca la destrucción absoluta por el agua, la escasez de necesidades básicas, un corredor humanitario. Y si lo hubiera imaginado, me habría imaginado en el lugar de quien lleva donaciones, hace una transferencia, organiza una acción social. Ciertamente nunca me imaginé dentro de esa categoría estadística, los desalojados, los afectados por la inundación, los que perdieron casi todo. (Diario da Enchente, 11/05/24)
En los términos de la teoría benyakariana, lo que se rompe no es únicamente el hogar material sino el hogar psíquico: esa envoltura simbólica que permite al sujeto habitar el mundo con una ilusión básica de orden y previsibilidad. El resultado es la saturación de estímulos descarnados, el olor a barro que retorna en la vigilia, el sonido del agua como fondo acústico del insomnio, la oscilación entre la parálisis y la agitación, que son las marcas sensoriales del desbordamiento del aparato psíquico. Julia Dantas (2024) lo refleja en su crónica de manera certera cuando describe la irrupción del agua: "há momentos que a linguagem não alcança" ("hay momentos que el lenguaje no alcanza").
En función de lo relatado en la contextualización, podemos aseverar que la inundación de 2024 puede comprenderse como un acontecimiento traumático de dimensión colectiva. El trauma deja de ser solamente una experiencia privada para convertirse en una condición compartida, marcada por la sensación de desamparo frente a la fuerza avasallante de los acontecimientos. Dantas (2024), al ver su espacio doméstico devorado por el agua, experimenta lo que Benyakar denomina una vivencia de desmoronamiento, caracterizada por la suspensión del tiempo cronológico y la saturación de estímulos descarnados (el olor a barro, el aislamiento, la oscuridad):
"a água brotava do chão e a água atravessava a parede" ("el agua brotaba del suelo y atravesaba la pared"), y agrega: "pela primeira vez na vida, a mocinha do filme se pergunta o quão sólida costuma ser uma parede" ("por primera vez en su vida se pregunta cuán sólida suele ser una pared").
Por otro lado, Benyakar (2006) nos propone pensar la noción de desorganización psíquica para dar cuenta de los efectos que dicha irrupción produce tanto a nivel individual como colectivo. La pérdida de referencias, el desamparo y la imposibilidad de responder de manera organizada frente a la amenaza pueden pensarse como manifestaciones de este proceso. En el caso de la inundación, esto se evidencia en las escenas de huida, confusión y ruptura de los lazos que estructuraban el contexto previo.
Ahora bien, siguiendo el pensamiento de Benyakar (2006) estas transformaciones psíquicas pueden devenir patológicas o pueden ser elaboradas y metabolizadas, transformándose en productivas y beneficiosas para el psiquismo.
Cuando Julia Dantas (2024) afirma que "poner las cosas en palabras ha sido mi método más confiable de supervivencia", no está haciendo una declaración estética ni biográfica menor. Está formulando, desde la experiencia vivida, algo que la teoría de Benyakar permite conceptualizar con precisión: la escritura como operación psíquica capaz de hacer lo que el psiquismo, desbordado por lo disruptivo, no puede hacer solo.
La palabra "método" es reveladora. No dice refugio, no dice consuelo: dice método, es decir, un procedimiento sistemático, repetible, confiable. Y dice supervivencia, no expresión. Esto nos ubica en el territorio donde Benyakar piensa la relación entre el sujeto y lo disruptivo: el terreno de la vida psíquica amenazada.
Freud ya había señalado que el yo dispone de una barrera de estímulos destinada a filtrar y metabolizar las excitaciones provenientes del exterior. Lo disruptivo, es precisamente aquello que desborda esa barrera: llega con una intensidad o una cualidad tal que el aparato psíquico no puede procesarla en los tiempos ni con los recursos habituales.
Aquí aparece el primer anclaje de la escritura. Cuando la barrera de estímulos ha sido perforada, cuando el agua ya entró, metafórica y literalmente, el sujeto queda expuesto a un exceso que no puede simbolizar. La escritura de Dantas opera entonces como una barrera de estímulos subjetiva construida a posteriori: no evitó la irrupción, pero construye retroactivamente el muro que el psiquismo no pudo levantar a tiempo. La escritura de testimonio, tal como Dantas la practica, intenta dar forma representacional a aquello que amenaza con quedar como vacío, como ausencia de registro. Cuando Dantas escribe sobre el agua que entró por debajo de la puerta, no sólo está informando un dato fáctico: está construyendo una representación que porta el terror de ese momento, que lo hace transmisible, que lo inserta en una cadena de sentido. Está convirtiendo la vivencia en experiencia, condición de posibilidad de toda elaboración. Escribir la experiencia vivida es reconstruir, aunque sea provisoriamente, aunque sea de manera fragmentada, una voz que dice yo, un tiempo que se ordena en antes y después, un espacio que vuelve a tener coordenadas. La frase de Dantas lo dice con una precisión clínica inadvertida: "supervivencia" implica que había algo en riesgo de no sobrevivir. Lo que estaba en riesgo no era sólo el cuerpo, sino la continuidad del sujeto como sujeto.
2.1 La escritura como operación estética: inscripción y sutura de la fractura
Estoy aquí para intentar poner en palabras lo que fue y lo que está siendo vivir esto, pero hay momentos que el lenguaje no alcanza.
(Diario da Enchente, 11/05/24)
Articulando este diagnóstico con los planteos de Márcio Seligmann-Silva (2005), consideramos que el acto de escribir crónicas es la operación estética que inscribe (revela y a la vez sutura/repara) la fractura. La palabra literaria liga simbólicamente la energía psíquica desbordada, transformando la mudez del impacto en un relato asimilable por el Yo.
El nudo central del vector clínico reside en la siguiente tesis: el acto de escribir crónicas de emergencia no es el resultado de haber metabolizado el evento disruptivo sino el medio a través del cual esa metabolización se intenta. No se trata, pues, de una escritura que produce desde la distancia temporal un relato ordenado de lo vivido, esa sería la operación de la memoria, sino de una escritura que trabaja en el desbordamiento, que lidia con los materiales brutos del impacto y los somete a la tensión de una forma. En este sentido, la crónica de emergencia es lo que podemos llamar, retomando la conceptualización de Seligmann-Silva (2005), una operación estética de inscripción: el lenguaje literario interviene sobre la fractura psíquica no para borrarla sino para escribirla, es decir, para darle una inscripción simbólica que permita al Yo comenzar a procesarla.
El concepto de inscripción merece ser explicitado. Inscribir la fractura no equivale a narrarla de manera ordenada ni a resolverla narrativamente. La inscripción, en el sentido que aquí le damos, articulando la perspectiva benyakariana con la de Seligmann-Silva, opera en dos registros simultáneos: por un lado, revela la fractura, la hace visible para el propio sujeto que escribe y para quienes leen; por el otro, comienza a suturarla, en el sentido técnico de un primer cierre provisional que hace posible continuar viviendo sin quedar inmovilizado en la vivencia de desmoronamiento. La sutura no es la curación: es la condición de posibilidad del trabajo de duelo que vendrá después. La crónica de emergencia es, en este sentido, un escudo protector de segundo orden, un dispositivo simbólico externo que suple provisionalmente la función que el escudo protector interno del psiquismo no puede cumplir en estado de saturación.
La dimensión estética de esta operación no es ornamental sino constitutiva. Es precisamente la forma literaria, la selección de detalles, el trabajo del ritmo, la construcción de una voz narrativa, la articulación de los tiempos verbales, lo que transforma el estímulo descarnado en materia simbólica elaborable. Un testimonio en bruto, dicho con el mismo horror pero sin elaboración estética, puede reproducir el impacto en lugar de comenzar a metabolizarlo. La literatura, en cambio, introduce una distancia operativa: no la distancia que anula la experiencia sino la que la hace comunicable, la que convierte la energía psíquica desbordada en relato asimilable por el Yo y por el lector. Esta es la tesis fundamental que articula Benyakar y Seligmann-Silva: la palabra literaria liga simbólicamente aquello que el impacto desató; la forma estética es el instrumento de esa ligadura.
Resta señalar que esta operación de inscripción y sutura no se produce en el vacío sino en un espacio discursivo específico: la plataforma digital colectiva del Diário da Enchente. La dimensión colectiva de la escritura, el hecho de que las crónicas no sean soliloquios privados sino textos destinados a circular, a ser leídos por otros sobrevivientes, a recibir respuestas, introduce una variable que excede los límites del vector clínico y abre el camino hacia el segundo eje del análisis: el vector político. Pero antes de cruzar esa frontera, es necesario subrayar que incluso en el plano estrictamente clínico el destinatario importa: escribir para ser leído por quien también vivió el desbordamiento es una operación psíquica diferente a escribir para uno mismo. El otro lector, el semejante que también sobrevivió, cumple una función especular de validación de la experiencia que refuerza la capacidad metabolizadora de la escritura. En este punto, lo clínico y lo político se tocan por primera vez, anticipando la articulación que se desarrollará en el vector siguiente.
3. El Vector Ético-Político. La elaboración a través del arte
En este apartado buscamos expandir el artículo hacia la dimensión colectiva, continuando con los aportes de Benyakar e incorporando la lectura de Juan Jorge Michel Fariña (2008). En las situaciones de catástrofe, los discursos hegemónicos operan una sutil pero violenta destitución subjetiva, transformando el dolor en cifras y reduciendo a los sujetos a categorías genéricas como "damnificados" o "evacuados". Michel Fariña nos convoca a una responsabilidad de la escucha que valide la singularidad del sufrimiento. El proyecto Diário da Enchente será leído bajo esta luz: como una herramienta bioética de hospitalidad discursiva. En diálogo con la teoría de Giorgio Agamben (2000) sobre el testigo lacunario, consideramos que esta plataforma digital constituye una polifonía construida desde el resto, desde el fragmento sobreviviente. El testimonio colectivo deviene entonces en una trinchera contra el olvido y contra la naturalización del colapso ecológico, devolviéndole a la comunidad de Porto Alegre el estatuto de sujetos de su propia historia.
La importancia de esta perspectiva radica en que permite pensar aquellos aspectos de la experiencia que suelen quedar por fuera de los relatos oficiales sobre las catástrofes. Si bien los informes y registros institucionales resultan necesarios para dimensionar la magnitud del desastre, suelen centrarse en cifras, daños materiales y cantidad de personas afectadas. También aquello que deja entrever como “indecible”, que no puede ser completamente expresado: el instante del desamparo absoluto, la pérdida de referencias simbólicas, el miedo a la muerte, la sensación de que el mundo conocido se derrumba, incertidumbres, angustias y formas de reconstrucción que marcaron la vida de muchas personas después del desastre.
Los sobrevivientes testimonian entonces desde una posición incompleta, hablando por quienes quedaron silenciados. El testimonio aparece así atravesado por una ausencia constitutiva, por una imposibilidad de decirlo todo.
En este sentido, el proyecto Diário da Enchente puede ser pensado como un espacio donde esas experiencias encuentran un lugar para ser narradas.
Asimismo, la diversidad de “relatos subjetivos de los hechos” (Benyakar, 2020-2021) reunidos en el archivo evita que la inundación quede reducida a una única versión de los hechos. Cada testimonio aporta una mirada particular sobre lo ocurrido y permite construir una memoria colectiva compuesta por múltiples voces. Desde esta perspectiva, la escritura testimonial se convierte en una herramienta para preservar la memoria de la catástrofe y para sostener la dimensión humana de una experiencia que muchas veces corre el riesgo de quedar reducida a estadísticas o informes técnicos.
Dentro de estos relatos, se aproxima a lo que Benyakar (2020-2021) ha nombrado como “Vivir Lo Disruptivo”; la manifestación del modo en que una persona vive lo disruptivo, no solo desde la perspectiva de los hechos en sí, sino el modo en que su subjetividad se ha puesto en juego; relatando la intensidad de los afectos con conceptos validados por el entorno. Se trata de indicadores de la “Experiencia”, es decir, de la interacción entre lo Fáctico y lo Psíquico. En palabras de Dantas (2024): “Fue entonces cuando nos rendimos. No había manera de luchar contra el agua que subía del suelo. Nos abrazamos, lloramos un minuto o dos, y empezamos a preparar las cosas para la salida”.
En diálogo con Agamben (2000), puede pensarse que estos relatos, dan cuenta de los límites propios del testimonio. Siempre existe algo de la experiencia que no logra ser completamente transmitido; sin embargo, es justamente a través de estos fragmentos que se vuelve posible dejar una huella de lo vivido y compartirla con otros. De este modo, el Diário da Enchente no solo funciona como un archivo de memoria, sino también como un espacio que permite que quienes atravesaron la inundación continúen elaborando y transmitiendo su experiencia:
Tras casi dos meses, vuelvo a encender mi tableta. Después de cargar el aparato, abro el navegador. Allí encuentro pestañas que había dejado abiertas el viernes antes de la inundación. La pestaña del sitio del periódico Zero Hora, sin actualizar, mostraba aún los titulares de aquel día, 3 de mayo. En el titular, el Guaíba aún llegaba a los 4,31 metros. Algunos vídeos de inundaciones en la región metropolitana. El único aviso o alerta se refería a la posibilidad de falta de agua en algunos barrios de Porto Alegre durante el fin de semana.
Cuando pienso en esos momentos inmediatamente anteriores a la inundación de mi calle, casa y barrio, pienso siempre en cómo no estábamos ni remotamente alertados de lo que estaba por venir. Recuerdo tan solo un vídeo del gobernador, aún en ese viernes fatídico, advirtiendo que "los daños serían mucho mayores de lo que el Estado jamás había visto antes", algo así. Eso fue lo más parecido que pude guardar como alerta realista, aunque fuera muy poco concreto y útil desde el punto de vista práctico.
¿Qué hacer ante el aviso de que vamos a vivir algo que nunca se ha vivido antes? (Diario da Enchente 23/06/24, por Felipe Schroeder Franke)
En consecuencia, la escritura testimonial puede entenderse no solo como una herramienta de elaboración subjetiva, sino también como una responsabilidad ética frente a la memoria colectiva. Narrar lo ocurrido constituye una forma de sostener la presencia de aquello que la catástrofe intentó borrar, permitiendo que la experiencia de los afectados permanezca inscrita en la historia social de la comunidad y contribuya a la construcción de aprendizajes para futuras generaciones.
Siguiendo los aportes de Laso y Michel Fariña (2020) consideramos que estas narrativas pueden constituirse como una creación artística que permite enfrentar el horror de la castración y elaborar lo real traumático mediante el recurso de lo bello. Se trata de la oportunidad para elaborar un trauma a través de simbolizar un exceso situacional que ha arrasado al sujeto y a su colectividad, con el objeto de hacer pasar ese real al campo de lo representable.
4. Palabras finales
Escribimos para entender lo que vivimos, tal vez incluso para finalmente vivir de verdad lo que ya vivimos, pues la primera vez fuimos tomadas por la desrealización, la urgencia, el instinto desprovisto de palabras. Y hoy, aún pesimista con el fin del mundo, pero menos pesimista con la literatura, entiendo que debemos seguir escribiendo, para seguir viviendo.
(Diario da Enchente, 29/11/2024)
Con esta certeza de Julia Dantas se abre el horizonte de este cierre, demostrando que las narrativas surgidas tras las inundaciones de Porto Alegre en 2024 exceden con creces la función del registro documental o la crónica periodística. Frente a la irrupción violenta de lo disruptivo, que barrió con las envolturas protectoras del hogar y las certezas cotidianas, la palabra escrita se erige como un dispositivo de amparo fundamental. Al introducir diacronía, espacialidad y una distancia operativa en el núcleo del desmoronamiento, el acto de narrar evita que el impacto mudo de la catástrofe se traduzca en una fijación melancólica o en la parálisis definitiva del Yo. La escritura de testimonio deviene, bajo esta luz, el medio a través del cual el sujeto ensaya la metabolización de un real que originalmente se presentó como inasimilable.
En términos conceptuales, estas narrativas operan la transición crucial de la vivencia descarnada hacia la experiencia comunicable, configurando lo que Márcio Seligmann-Silva define como una estética del rastro. La crónica no maquilla de forma ficcional la fractura psíquica, sino que la inscribe y la aloja mediante la plasticidad de la forma literaria, revelando la quiebra de la solidez metafísica del mundo y ensayando una sutura provisional que posibilita la continuidad de la vida. Esta dimensión estética, lejos de ser un ornamento lírico que estetice el sufrimiento, funciona como el instrumento clínico de la ligadura pulsional frente a las situaciones límite, donde los horizontes éticos particulares y los códigos normativos estallan ante la contingencia del desastre socioambiental.
Asimismo, la articulación de estas crónicas en el espacio horizontal del Diário da Enchente desplaza la problemática desde el padecimiento privado hacia la dimensión ético-política de la polis. El archivo colectivo se consolida como una herramienta de hospitalidad discursiva que subvierte activamente la destitución subjetiva operada por las gestiones estatales y los discursos hegemónicos. Frente a la lógica estadística que reduce la singularidad del dolor a categorías universales y deshumanizantes como damnificados, evacuados o víctimas, la polifonía del testimonio lacunario teorizado por Giorgio Agamben rescata el resto sobreviviente. Se escribe desde la falta y el fragmento, pero se escribe para shattered el anonimato del trauma colectivo, restituyendo la condición de agentes y hablantes a quienes la violencia de las aguas pretendió sumergir.
Finalmente, las cuestiones éticas y clínicas que legó la tragedia de Porto Alegre obligan a repensar las intervenciones en desastres desde una perspectiva transdisciplinaria que aloje la producción artística y la dimensión del lazo social como operaciones de salud mental complementarias a la intervenciones por presencia. La literatura de testimonio nos recuerda que ante la inminencia del colapso ecológico y la desrealización de nuestro tiempo, la respuesta subjetiva no puede reducirse a la resignación inerme ni a la burocratización del dolor. En este horizonte, el acto de volcar la catástrofe en la página trasciende la mera catarsis individual para transformarse en un método riguroso de resistencia psíquica, un engranaje donde la palabra se hace cargo del desamparo. La producción de estas narrativas compartidas en la trinchera contra el olvido constituye, en última instancia, el operador clínico y político necesario para transformar la dispersión del desastre en una inscripción simbólica duradera, restituyendo los pilares relacionales sobre los cuales la subjetividad devastada puede volver a sostenerse.
Referencias
Agamben, G. Lo que resta de Auschwitz: el archivo y el testigo (Homo Sacer III). Valencia: Pre-Textos, 2000.
Benyakar, M. Lo disruptivo: amenazas de la realidad y psiquismo. Buenos Aires: Biblos, 2006.
Benyakar, M. Experiencia y vivencia. Abril 2021-Noviembre 2021.
Dantas, J. A Casa Alagada. Substack de la autora, Porto Alegre, 14 de mayo de 2024 [substack.com].
Diário da Enchente. Relatos e memórias das inundações de Porto Alegre. Archivo digital colectivo, 2024. URL: diariodaenchente.poa.br https://diariodaenchente.blogspot.com/
Laso, E. y Michel Fariña, J. J. El cine como pasador de lo real. Ética y Cine Journal, 10(1), Julio 2020. https://revistas.unc.edu.ar/index.php/eticaycine/article/view/29222/30031
Michel Fariña, J.J. Ética y Cine: el estatuto del sujeto en las situaciones límite. Buenos Aires: Letra Viva, 2008.
Seligmann-Silva, M. Narrar o trauma: a questão dos testemunhos de catástrofes históricas. Revista Psicologia Clínica, PUC-Rio, v. 17, n. 1, pp. 119-133, 2005 [www.scielo.br].