Volumen 22 | Número 2
Septiembre 2026 - Marzo 2026
Publicación:
Resumen
Este artículo analiza el incendio de interfaz ocurrido el 9 de marzo de 2021 en la Comarca Andina del Paralelo 42, con foco en Lago Puelo, Las Golondrinas y Cerro Radal, desde el modelo de lo disruptivo y una perspectiva bioética. El corpus reúne el documental Tormenta de fuego, incendios en la Patagonia, registros periodísticos y audiovisuales y entrevistas semidirigidas a personas afectadas, brigadistas y a Luciano Nacci, uno de sus directores. Tras presentar los fundamentos del modelo, se propone una lectura matricial que articula paradojas, preguntas orientadoras y competencias como dispositivo de pensamiento situado, no como protocolo. El análisis muestra que la magnitud del acontecimiento no determina por sí sola sus efectos traumatogénicos; que quienes asisten también pueden quedar afectados; y que prevención, coordinación, continuidad y cuidado de quienes cuidan son dimensiones centrales de la respuesta. Se examina además el documental como dispositivo de memoria y posible reparación simbólica, sin confundirla con las reparaciones material e institucional.
Palabras clave: incendio de interfaz | lo disruptivo | análisis matricial | bioética de catástrofes | intervención psicosocial | memoria.
Lo que sigue ardiendo: lo disruptivo, el cuidado y la memoria a partir de un incendio de interfaz en la Patagonia argentina
Blanco, Zulema
Córdoba, Fernanda, Poder Judicial de la Nación
Liaño, Luciana, Universidad del Salvador
Lucero, Candela
Rapela, Francisco J., Universidad del Salvador
Reartes, María Cecilia, Brigada Nacional Centro, SNMF, AFE
Tomei, Fabiana, Universidad de Buenos Aires, UBACyT
1. Introducción
Este artículo deriva de un trabajo final colectivo elaborado en el marco de la Diplomatura Universitaria Internacional en Intervenciones en Desastres, Trauma y Disrupción (Universidad del Salvador) y del Seminario Especializado en Bioética de Catástrofes (Universidad de Buenos Aires). Una primera versión fue presentada en junio de 2026. Para esta versión se conservaron el caso, el corpus y el material testimonial, pero se reorganizó la exposición y se explicitó el marco conceptual que, en el contexto formativo original, podía darse parcialmente por conocido.
El incendio de interfaz ocurrido en la Comarca Andina en marzo de 2021 ofrece una escena especialmente fértil para pensar las catástrofes más allá de su cronología y de la magnitud material del daño. El propósito no es reconstruir exhaustivamente el siniestro, sino articular testimonios, registros documentales y herramientas conceptuales que permitan comprender cómo un acontecimiento de estas características irrumpe en la vida cotidiana, altera vínculos y referencias territoriales y exige respuestas que no terminan cuando se extinguen las llamas.
El corpus se construyó a partir de la revisión de material documental y periodístico, el análisis del documental Tormenta de fuego, incendios en la Patagonia (2024), dirigido por Luciano Nacci y Axel Emilien, y entrevistas semidirigidas a personas afectadas, brigadistas y a Nacci, en su doble lugar de realizador y testigo implicado. Esta selección permitió abordar el incendio desde posiciones diferentes: quienes perdieron su vivienda o su entorno cotidiano, quienes intervinieron en la asistencia y el combate del fuego, y quien asumió la tarea de documentar la catástrofe y transformarla en memoria audiovisual.
El análisis se organiza desde el modelo de lo disruptivo y, en particular, mediante la articulación de paradojas, preguntas y competencias (Ps, Ws y Cs) propuesta para la intervención psicosocial en contextos disruptivos (Benyakar et col, 2025). La matriz se utiliza aquí como dispositivo de lectura del caso: no pretende reconstruir una intervención que no ocurrió ni convertir el material en una grilla retrospectiva, sino poner en relación tensiones del campo, preguntas de discernimiento y posicionamientos técnicos y éticos.
La pregunta que atraviesa el artículo es qué queda cuando pasa la emergencia visible, qué formas de cuidado resultan necesarias antes, durante y después del acontecimiento y qué aprendizajes pueden orientar futuras intervenciones. La discusión final recupera, además, lo que el propio proceso de producción colectiva permitió pensar sobre transdisciplina, implicación y construcción de conocimiento situado.
2. El modelo de lo disruptivo y la matriz Paradojas, Preguntas y Compentencias
El modelo de lo disruptivo parte de una distinción decisiva entre el acontecimiento fáctico y sus posibles consecuencias psíquicas. La cualidad disruptiva pertenece al evento: remite a su capacidad de irrumpir, quebrar continuidades y exigir reorganización. La condición traumatogénica, en cambio, no constituye una propiedad inherente al hecho ni puede deducirse linealmente de su magnitud. Surge de la interacción entre las características de lo ocurrido, las condiciones subjetivas y vinculares de quienes lo atraviesan, la respuesta del entorno y las posibilidades de procesamiento y elaboración disponibles (Benyakar, 2003; Benyakar & Lezica, 2005, 2006). Esta diferencia desplaza la pregunta desde “qué evento traumatiza” hacia “cómo se articula lo acontecido con las posibilidades de elaboración de cada sujeto y de cada entramado vincular”.
En este marco, la metabolización designa el proceso mediante el cual lo fáctico puede transformarse, ligarse y adquirir inscripción psíquica. Los factores co-metabolizadores son personas, vínculos o dispositivos que participan en ese proceso sin elaborar por el otro. Desde esta perspectiva, quien asiste no se ubica como reparador externo de un daño ya constituido, sino como alguien capaz de coparticipar en la restitución de condiciones de procesamiento, simbolización y sostén. Esta concepción resulta especialmente relevante en catástrofes, donde el asistente puede compartir el mismo territorio fracturado y donde la capacidad de las instituciones y redes comunitarias forma parte de las condiciones mismas de elaboración (Benyakar et col. 2025).
La lectura del campo exige, además, no confundir planos distintos. Los Lineamientos diferencian las características del evento fáctico -propias de lo sucedido- de las cualidades que un tercero le atribuye en relación con su potencial impacto; las condiciones con las que cada sujeto enfrenta la situación; y los atributos, es decir, la carga afectiva y cognitiva que deposita en lo acontecido. Esta diferenciación impide trasladar mecánicamente propiedades del incendio al psiquismo de las personas y obliga a sostener una lectura simultáneamente individual, vincular, institucional, territorial y social.
Sobre esa base se organiza la matriz Ps-Ws-Cs. Las diez Paradojas (Ps) nombran tensiones constitutivas de la asistencia: la relación no lineal entre poder disruptivo y traumatogénesis; la afectación de quien asiste; la necesidad de prepararse para lo imprevisible; la asistencia a personas normales ante situaciones anormales; la victimización; la necesidad de ir más allá del trastorno de estrés postraumático (TEPT); la desproporción entre afectados y recursos; la coexistencia de solidaridad y rivalidad; la tensión entre voluntarismo y profesionalismo; y la diferencia entre la apariencia inmediata del efecto y sus consecuencias. Las diez Preguntas (Ws) a las que referimos en su original en inglés: –Warding off, Why, What, Who, Whom, Whose, When, Where, Ways y Wholeness– introducen ejes de discernimiento sobre preparación, sentido, foco, actores, destinatarios, responsabilidades, temporalidad, lugar, medios y aquello que podría estar quedando fuera. Las diez Competencias (Cs) –compromiso, contención, continuidad, constancia, coparticipación, coherencia, contigüidad, correlato, concepción y capacidad crítica– expresan condiciones y actitudes necesarias para sostener la intervención (Autoría anonimizada, 2026).
La matriz no establece una correspondencia fija del tipo P1-W1-C1. Una misma paradoja puede convocar preguntas y competencias diferentes según el momento, las condiciones del campo y los sujetos o instituciones implicados. Cada P abre una tensión; las W permiten convertirla en preguntas de decisión; y las C señalan el posicionamiento técnico, ético e institucional necesario para operar sin clausurar la complejidad. Se trata, por tanto, de un dispositivo de pensamiento situado y no de un protocolo ni de una lista de verificación. En la actualización de la matriz, por ejemplo, la primera paradoja se formula como una “traumatogénesis de acople”: la gravedad del hecho no basta para inferir trauma, sino que debe leerse en su articulación con las condiciones de elaboración del sujeto y del entorno.
En este artículo la matriz se emplea con alcance analítico y exploratorio. El corpus permite reconocer tensiones, preguntas y competencias particularmente activas en el caso, pero no sustituye una evaluación en terreno ni autoriza a reconstruir retrospectivamente una intervención completa. Por ello, el análisis privilegia asociaciones conceptualmente pertinentes antes que una aplicación exhaustiva de las treinta categorías.
3. El incendio de interfaz en la Comarca Andina
El acontecimiento analizado es el incendio de interfaz ocurrido en marzo de 2021 en la Comarca Andina del Paralelo 42, región que comprende localidades de Río Negro y Chubut (Argentina), entre ellas El Bolsón, Lago Puelo, El Hoyo, Las Golondrinas y Cerro Radal. El foco principal de este análisis se sitúa en Lago Puelo, Las Golondrinas y Cerro Radal, donde el fuego avanzó con gran velocidad sobre áreas de interfaz urbano-forestal (véase Figura 1).
Figura 1: Zonas afectadas por el incendio de interfaz, marzo de 2021. Fuente: Servicio Provincial de Manejo del Fuego, Provincia del Chubut (2021).
Se denomina incendio de interfaz -o interfase- a aquel que se produce en zonas donde la vegetación y los asentamientos humanos se encuentran estrechamente vinculados (SPLIF Río Negro, s. f.). En estos territorios, el fuego no afecta solamente al bosque o al monte, sino también a viviendas, caminos, servicios, animales, espacios comunitarios y referencias cotidianas de la población. Esta condición resulta central para comprender la magnitud del acontecimiento, ya que el incendio no se desarrolló en un área aislada, sino en un territorio habitado, atravesado por vínculos afectivos, modos de vida, proyectos familiares y formas particulares de relación con la naturaleza.
El 9 de marzo de 2021, en un contexto de altas temperaturas, sequía, fuertes vientos y simultaneidad de focos ígneos, el fuego se propagó rápidamente y afectó en pocas horas distintos barrios y parajes. Entre las zonas más comprometidas se mencionan El Pinar, Ecoaldea, Parcela 26, Las Golondrinas y Cerro Radal. El avance del incendio produjo la destrucción de cientos de viviendas, la pérdida de animales, herramientas de trabajo, documentos, recuerdos familiares, espacios productivos y bienes indispensables para la vida cotidiana. También fue afectada la base de la Brigada Forestal de Chubut, cuyos integrantes se encontraban combatiendo otros focos en la zona y no lograron retirar siquiera sus propios vehículos (Servicio Provincial de Manejo del Fuego de Chubut, 2021).
La magnitud del incendio no puede explicarse únicamente por el comportamiento del fuego. El caso permite observar un entramado previo de vulnerabilidades territoriales, sociales e institucionales: urbanización dispersa en zona boscosa, precariedad dominial y de servicios, construcciones con materiales inflamables, caminos de difícil acceso para autobombas, déficit de infraestructura, escasez de agua, tendidos eléctricos vulnerables, falta de prevención suficiente y recursos operativos limitados frente a la simultaneidad de emergencias. Estas condiciones configuraban un escenario de riesgo antes de que el fuego se iniciara.
El incendio ocurrió, además, en el contexto de la pandemia de COVID-19, superponiendo dos situaciones disruptivas de características muy distintas. La pandemia había instalado una amenaza prolongada, ligada al aislamiento y a la incertidumbre; el incendio introdujo una amenaza visible, inmediata y arrasadora, que obligó a evacuar, desplazarse y reorganizar de forma súbita las formas de cuidado. En los testimonios, la intensidad del fuego tiende a desplazar a un segundo plano la experiencia pandémica, dato que resulta significativo para comprender la jerarquización subjetiva de amenazas simultáneas.
El caso también evidencia que la finalización formal del incendio no coincide con la finalización de sus efectos. En algunos testimonios aparece la imagen del fuego que continúa quemando por debajo de la superficie, fenómeno que alude tanto a la persistencia material del calor en la tierra como a la continuidad subjetiva, comunitaria e institucional de lo ocurrido. Las pérdidas no se reducen a lo destruido por las llamas: incluyen la alteración del territorio vivido, la fragilización de las redes de confianza, la confrontación con fallas preventivas y la necesidad de reconstruir no solo casas, sino también referencias de seguridad, memoria y futuro.
Por estas razones, el incendio de la Comarca Andina constituye un caso especialmente relevante para ser abordado desde el modelo de lo disruptivo. Permite diferenciar el acontecimiento fáctico -el fuego, la destrucción, la evacuación, la pérdida material- de sus posibles efectos traumatogénicos, que dependen de la interacción entre la magnitud del evento, los recursos subjetivos, los entramados vinculares, la respuesta institucional y las posibilidades de elaboración. A partir de esta perspectiva, el artículo no busca solamente describir una catástrofe, sino analizar cómo distintos actores la vivieron, la asistieron, la narraron y la transformaron en memoria (Benyakar, 2003; Benyakar & Lezica, 2005).
4. Corpus y estrategia de análisis
El corpus está conformado por el documental Tormenta de fuego, incendios en la Patagonia (Nacci & Emilien, 2024), una selección de notas periodísticas y registros audiovisuales, entrevistas semidirigidas a brigadistas, personas afectadas y Luciano Nacci, y una bitácora del proceso de elaboración grupal. Estos materiales permiten articular la dimensión fáctica del acontecimiento con sus impactos subjetivos, comunitarios, institucionales y simbólicos.
La metodología combinó revisión documental y periodística, análisis del documental, elaboración de cuestionarios semiestructurados y realización de entrevistas con consentimiento informado. Los cuestionarios fueron diferenciados según la posición de cada entrevistado frente al acontecimiento: en brigadistas se indagó preparación técnica y emocional, experiencia de intervención, relación con el territorio, rol institucional, escenas más presentes y asistencia posterior; en personas afectadas, experiencia vivida, pérdidas, recursos de sostén, asistencia, reconstrucción y aprendizajes; y en el realizador, motivaciones, acercamiento a los entrevistados, registro, edición y construcción de memoria.
La matriz Ps-Ws-Cs se utilizó como estrategia de lectura transversal. En lugar de examinar primero todas las paradojas, luego todas las preguntas y finalmente todas las competencias, se identificaron núcleos del caso en los que esas dimensiones se entrecruzan. Esta decisión responde a la lógica no lineal del propio modelo: una tensión puede requerir distintas preguntas y competencias, y una misma competencia puede resultar relevante para paradojas diferentes. La lectura bioética atiende, además, a vulnerabilidades previas del territorio, responsabilidades institucionales y comunitarias, distribución de recursos, cuidado de quienes cuidan y memoria pública de lo ocurrido.
Por su carácter exploratorio y cualitativo, el corpus no pretende representar la totalidad de las experiencias producidas por el incendio. Los fragmentos seleccionados se utilizan como escenas significativas para el análisis, no como base para generalizaciones epidemiológicas ni para estimar prevalencias de efectos psicológicos.
5. Las voces del acontecimiento
Para organizar el material de las entrevistas y del documental, distinguimos tres grupos de voces: las personas afectadas, quienes asistieron o intervinieron frente al fuego, y Luciano Nacci, uno de los directores del documental. La distinción no separa experiencias de manera rígida: ordena posiciones desde las cuales el incendio fue vivido, asistido, narrado y recordado.
5.1. Personas afectadas
En las personas afectadas, el incendio aparece ligado a la pérdida abrupta del mundo cotidiano: vivienda, objetos personales, documentos, animales, herramientas de trabajo, recuerdos, paisaje y referencias territoriales. La pérdida no es solo material, sino afectiva y simbólica. Una casa puede reconstruirse, comenta un vecino, pero no “la vida de las cosas […] las fotos, los recuerdos, que estaban en la computadora [que se quemó] no se recuperan”. El impacto se extiende hacia la historia familiar: “se pierde el trabajo nuestro y el de tres generaciones”; y hacia el legado: “las generaciones futuras no van a conocer el bosque nativo”, lamenta una persona afectada mapuche.
En una de las entrevistas realizadas por el equipo resultó significativo el modo en que fue construyéndose la posibilidad misma de conversar sobre lo ocurrido. La persona entrevistada presentó inicialmente resistencias y, más tarde, ofreció disponibilidad en horarios acotados. Esa modulación entre imposibilidad inicial y apertura posterior puede leerse como una forma de regulación de la intensidad de lo vivido. La resistencia no aparece necesariamente como obstáculo, sino también como gesto de autoprotección: quien testimonia marca las condiciones en las cuales puede volver a la experiencia. Esto abre una pregunta relevante: ¿cómo reconocer formas mínimas, parciales o silenciosas de elaboración?
Otros testimonios expresan de manera vívida impresiones y vivencias: “Fue un infierno en carne propia”; “voy a cerrar los ojos y voy a seguir viendo el fuego por muchos años”. También aparecen huellas posteriores: el temor a dormir por miedo a que el fuego vuelva o la pregunta inquietante ante la casa perdida: “¿es un sueño?”.
También aparecen elaboraciones que permiten amortiguar el impacto de la catástrofe. Una madre, frente a sus hijos que observan la huerta y una cocina industrial quemadas, dice “se cocinaron las papas”, protegiéndolos del impacto penoso por la pérdida de aquello que reunía semanalmente a la familia. Mientras tanto, quien socorrió a tres vecinos y salvó su vida sumergiéndose en una pileta confiesa emocionado que esa pileta “por siempre va a ser la pileta más querida”.
En los relatos de las personas afectadas aparece la importancia de las redes afectivas, familiares y comunitarias, junto con preguntas y críticas respecto de la prevención, la asistencia, la reconstrucción y la organización institucional posterior. Algunos testimonios expresan una vivencia de destrato e indiferencia por parte de instancias provinciales y municipales: “para ellos no valemos”; “cuando vas a la Municipalidad te hacen sentir como un mendigo”; “¿ayuda? ninguna, no te preguntan cómo estás”; “no tienen empatía”. En contraposición, se destaca la red espontánea de voluntarios: “gente que ayuda gente” y el “amor que transformó el horror”.
5.2. Quienes asisten
En brigadistas y asistentes, el incendio aparece como una experiencia de exposición al riesgo, urgencia operativa y toma de decisiones en condiciones cambiantes. Sus relatos permiten trabajar la tensión entre experiencia técnica, familiaridad con el fuego, recursos limitados, desgaste, ausencia de asistencia psicológica sistemática y cuidado de quienes cuidan. Una brigadista recuerda “a tanta gente al costado de la Ruta Nacional 40 caminando como zombies”, personas autoevacuadas que habían salido “literalmente con lo puesto”; por la noche, “el cielo de color naranja, parecía el apocalipsis”.
Algunos testimonios muestran la importancia de la experiencia previa y de la preparación técnica para sostener la intervención. Un joven brigadista ubica esa preparación en una historia de aprendizaje y transmisión: “el mayor referente siempre fue mi padre, que también es combatiente”; reconoce que haber vivenciado “muchos incendios de gran magnitud” lo fue preparando, aunque ante la columna de humo tuvo “un momento de shock” y pensó: “no podía creer que estaba pasando eso ahí”. A su vez, el brigadista más experimentado sostiene que “la preparación para estos abordajes no se forma en cinco años, la experiencia se va dando cuanto más estás en práctica” y que, en el campo, “los libros escriben mucho, pero hay que estar ahí”.
La urgencia tensiona incluso los dispositivos previstos: aunque existen protocolos, “en ese momento uno corre para un lado y corre para el otro, no sabe por dónde empezar, no se puede respetar el protocolo. Se corre con la urgencia”. La asistencia se realiza, entonces, en un campo donde quienes ayudan también pueden estar afectados directa o indirectamente. Un brigadista recuerda el encuentro con un compañero “que se le prendió fuego en la casa” como algo “difícil de sobrellevar en el momento”, porque “uno no sabe cómo abordar a un compañero, a un amigo”. Esta experiencia se enlaza con otro señalamiento: “nosotros nunca tuvimos un apoyo emocional ni psicológico para poder afrontar lo que nos pasaba después del incendio”.
También resulta relevante la forma en que algunos brigadistas se vinculan con el fuego. En sus relatos aparecen expresiones de fascinación –“el fuego es una pasión como River”; “fue alucinante ver el fuego en su intensidad, una bola de fuego”–, respeto, personificación y familiaridad con el fenómeno. Estas expresiones no deberían leerse de manera simplista, sino como modos posibles de relacionarse con una tarea de alto riesgo y con un objeto conocido, imprevisible y amenazante. En esa línea aparece la afirmación: “El fuego es la persona más inteligente que existe, decide cuándo se levanta, cuándo toma fuerza, cuándo se va a dormir, decide cuándo irse, cuándo aparecer”.
5.3. El realizador como testigo implicado
La voz de Luciano Nacci introduce otra perspectiva. Como uno de los directores del documental, no ocupa la posición de una persona afectada directa ni la de un brigadista, pero tampoco la de un observador externo neutral. Su lugar es el de quien se acerca para registrar, escuchar, acompañar y construir una memoria audiovisual del acontecimiento.
Tormenta de fuego, incendios en la Patagonia (2024) no funciona solamente como fuente de información sobre el incendio. También puede pensarse como testimonio y memoria frente al riesgo de olvido posterior a la cobertura mediática inicial. Nacci relata que el acercamiento a las personas afectadas implicó construir vínculos, escuchar historias dolorosas y sostener una presencia respetuosa ante quienes habían perdido casi todo: “querían dar el testimonio para que no se olvide”, porque “ya se había olvidado”.
A su vez, el proceso de filmación y edición afectó al propio realizador. Documentar la catástrofe implicó conmoverse, llorar durante algunas entrevistas, demorar el montaje y volver sobre imágenes y relatos difíciles: “eran testimonios desgarradores que no dejaban de impactarte a la hora de preguntar”; “me ponía a editar el material y me largaba a llorar”. Desde esta perspectiva, el documental permite pensar el arte y el registro audiovisual como formas posibles de transmisión, memoria y reparación simbólica, sin que ello reemplace la reparación material ni la responsabilidad institucional.
6. Lectura matricial del caso
La lectura matricial, al poner en juego los entrecruzamientos entre paradojas, preguntas y competencias, permite desplazar el análisis desde una enumeración de categorías hacia la relación entre tensiones constitutivas de las situaciones disruptivas, preguntas que orientan el discernimiento y modos de posicionarse frente a ellas. En el caso de la Comarca Andina no todas las paradojas tienen el mismo peso ni aparecen de manera aislada. Algunas se superponen y se vuelven más inteligibles cuando se las relaciona con las preguntas y competencias que activan. Cuatro núcleos resultan especialmente productivos.
6.1. Magnitud, procesamiento y temporalidad
El primer núcleo articula la traumatogénesis de acople (P1), la asistencia a personas normales ante situaciones anormales (P4), la necesidad de ir más allá de una lectura centrada exclusivamente en síntomas o diagnósticos (P6) y la diferencia entre efecto visible y consecuencia tardía (P10). El incendio tuvo una magnitud indiscutible: destruyó viviendas, animales, herramientas, documentos y referencias territoriales. Sin embargo, los testimonios no autorizan a convertir esa magnitud en un indicador automático de trauma. Conviven imágenes persistentes del fuego, miedo, llanto o sensación de irrealidad con humor, alivio por haber sobrevivido, voluntad de reconstrucción y capacidad de organizar ayuda. La pregunta What obliga a precisar sobre qué proceso se trabaja; Whom, a quién le ocurre y con qué recursos; Wholeness, qué dimensiones quedan fuera de una lectura reducida al síntoma; y When, cuándo resulta necesario volver a evaluar procesos que pueden modificarse con el tiempo.
Este conjunto convoca especialmente contigüidad, para intervenir en el nivel que corresponde sin confundir reacción esperable, padecimiento y desarticulación; coparticipación, para favorecer elaboración sin apropiarse de ella; concepción, para sostener una lectura no lineal; continuidad y constancia, porque la estabilización de la emergencia no equivale a elaboración; y correlato, en tanto la construcción progresiva de relato puede ligar afectos, acontecimientos y significaciones. La imagen del fuego que “sigue quemando por debajo de la superficie” adquiere aquí un valor que excede la metáfora: advierte que las consecuencias relevantes pueden ser silenciosas, tardías o aparecer cuando el entorno supone que la crisis ya terminó.
6.2. Quien asiste también forma parte del campo
El segundo núcleo se organiza alrededor de P2: quien asiste también está afectado. Los límites entre personas afectadas y asistentes fueron porosos. Brigadistas y voluntarios compartían territorio, conocían a quienes habían perdido sus casas o pertenecían a instituciones alcanzadas por el propio incendio. Un brigadista relata la dificultad de encontrarse con un compañero cuya casa se había incendiado y otro señala la ausencia de apoyo emocional o psicológico posterior. La pregunta Who no se limita a identificar quién puede prestar ayuda; exige discernir en qué condiciones puede hacerlo. Whose interroga quién asume la responsabilidad de sostener a quien asiste, y When introduce la necesidad de relevo, supervisión y continuidad del cuidado.
En este punto, coparticipación significa participar del campo sin confundirse con la posición de la persona asistida; contención implica sostener a ambos lados de la relación asistencial; y capacidad crítica exige reconocer la propia implicación y los efectos de las instituciones sobre quienes trabajan en ellas. La ausencia de dispositivos de elaboración para brigadistas muestra el riesgo de convertir la resistencia individual en sustituto de una responsabilidad organizacional. El mismo principio alcanza, con diferencias evidentes de función y exposición, a quien documenta: Nacci describe el impacto emocional de escuchar y editar los testimonios. Su afectación no lo convierte en damnificado ni borra su lugar de realizador, pero confirma que la observación de una catástrofe no se produce necesariamente desde una exterioridad indemne.
6.3. Imprevisibilidad, recursos y coordinación
Un tercer núcleo reúne P3, prepararse para lo imprevisible; P7, más afectados que recursos; P8, solidaridad y rivalidad; y P9, voluntarismo y profesionalismo. El incendio se produjo sobre vulnerabilidades conocidas -sequía, viento, urbanización de interfaz, dificultades de acceso, escasez de agua y recursos limitados-, pero su velocidad y simultaneidad desbordaron la capacidad de respuesta. Warding off obliga a diferenciar prevención de principio precautorio: no se trata de prever exactamente el próximo incendio, sino de fortalecer capacidades flexibles ante escenarios que no pueden anticiparse por completo. Ways interroga con qué medios intervenir sin perder encuadre; Who, quiénes pueden multiplicar la asistencia; Whose, cómo distribuir responsabilidades; y Wholeness, qué dimensiones territoriales, sociales o institucionales están quedando fuera.
Los testimonios muestran simultáneamente potencia comunitaria y fragilidad organizacional. Vecinos, comerciantes, brigadas y voluntarios generaron redes de ayuda indispensables, mientras aparecían conflictos con dispositivos formales, desconfianza institucional y tensiones en torno de recursos y donaciones. La matriz impide idealizar cualquiera de los polos. La solidaridad espontánea puede constituir un recurso decisivo, pero buena voluntad y competencia técnica no son equivalentes; a la vez, profesionalización sin conocimiento del territorio ni articulación comunitaria puede producir respuestas rígidas o poco pertinentes. Aquí se vuelven centrales compromiso con encuadre, coherencia en la delimitación de roles, continuidad y constancia para sostener redes, concepción para operar bajo incertidumbre y capacidad crítica para revisar tensiones entre instituciones, voluntarios y comunidad.
6.4. Victimización, agencia y construcción de memoria
El cuarto núcleo se centra en P5, la victimización. En varios testimonios, las personas afectadas expresan haber sido desprotegidas o tratadas indignamente por instituciones. Es necesario reconocer ese daño sin transformar “víctima” en una identidad totalizante. Whom obliga a distinguir a la persona de la nominación que recibe; What interroga qué función cumple esa posición en un momento determinado; y Whose permite diferenciar responsabilidades sin convertir su búsqueda en una explicación única del padecimiento. En torno al origen del incendio circularon hipótesis diversas que atribuían responsabilidades a actores estatales, intereses inmobiliarios, fallas o precariedad del tendido eléctrico y otros grupos. Esas atribuciones forman parte de los intentos de producir sentido y establecer responsabilidades, pero el corpus de este artículo no permite verificarlas.
Coparticipación y capacidad crítica resultan aquí esenciales para reconocer daño y, al mismo tiempo, preservar agencia. Correlato agrega otra dimensión: la posibilidad de construir relatos que no borren la destrucción ni congelen a las personas en ella. En este punto el documental adquiere especial interés. Quienes aceptaron testimoniar insistían en que no querían que lo ocurrido se olvidara. La memoria audiovisual puede entonces leerse como una forma de producción de correlato: no repara por sí misma el daño material ni sustituye responsabilidades institucionales, pero ofrece una trama narrativa donde pérdidas, afectos, territorio y futuro pueden volver a ponerse en relación.
En conjunto, la matriz permite reconocer que el problema no es “resolver” las paradojas, sino sostenerlas como tensiones del campo para orientar decisiones más cuidadosas. Tampoco todas las categorías deben activarse siempre. En este caso, su utilidad reside en mostrar conexiones que una lectura secuencial tendería a separar: la temporalidad del daño con la continuidad del cuidado; la afectación del asistente con la responsabilidad institucional; la imprevisibilidad con la preparación flexible; la solidaridad con los conflictos de coordinación; y la memoria con la restitución de agencia.
7. Bioética, memoria y arte: más allá de la emergencia
El incendio de la Comarca Andina también puede leerse desde la bioética de catástrofes, en tanto permite interrogar no solo lo ocurrido durante la emergencia, sino las condiciones previas que hicieron posible su magnitud y las respuestas posteriores frente al daño. El principio precautorio resulta especialmente relevante: si bien no era posible prever con exactitud el modo, la velocidad ni la extensión que alcanzaría el fuego, sí existían condiciones de vulnerabilidad conocidas -sequía, vientos intensos, urbanización en zona de interfaz, precariedad de servicios, caminos de difícil acceso, déficit de infraestructura y recursos limitados- que exigían preparación, planificación y coordinación anticipada (Michel Fariña & Solbakk, 2012).
Desde esta perspectiva, la catástrofe no puede ser pensada únicamente como un evento natural o accidental. La responsabilidad institucional y comunitaria aparece en la prevención, en la evacuación, en la distribución de recursos, en la reconstrucción posterior y en el cuidado psicosocial de damnificados y asistentes. La desigualdad también se vuelve visible: no todos los habitantes se encontraban en las mismas condiciones materiales, dominiales o habitacionales para afrontar el incendio ni para reconstruir después. La justicia en la distribución de la ayuda, la transparencia en el uso de donaciones y fondos públicos, y la articulación entre Estado, organizaciones y redes comunitarias constituyen dimensiones éticas centrales.
Otro aspecto bioético fundamental es el cuidado de quienes intervienen. Los relatos de brigadistas y asistentes muestran que la exposición al riesgo, el desgaste, la impotencia y la continuidad de la tarea no siempre estuvieron acompañados por dispositivos suficientes de sostén posterior. Un brigadista sintetiza: “Es desgastante porque por ahí es la misma figurita repetida, hacemos lo que tenemos que hacer”. Ante la pregunta por la asistencia psicológica, otro testimonio confirma la insuficiencia del acompañamiento posterior. Cuidar a quienes cuidan no es un complemento secundario, sino una condición necesaria para intervenciones responsables en contextos disruptivos.
La comunicación pública y el rol de los medios también forman parte de esta lectura. La cobertura inmediata puede visibilizar la emergencia, pero también corre el riesgo de producir una exposición fugaz, fragmentaria o espectacularizada del dolor. Frente a ello, la memoria pública cumple una función preventiva: recordar lo ocurrido no solo como tragedia, sino como aprendizaje colectivo, permite sostener preguntas sobre responsabilidades, vulnerabilidades y modos futuros de intervención.
En este punto, el documental Tormenta de fuego, incendios en la Patagonia adquiere un valor particular. Puede pensarse como una forma de testimonio, un dispositivo de memoria y un intento de reparación simbólica. Nacci recuerda: “todos nos decían lo mismo”; “querían dar el testimonio para que no se olvide” y, especialmente, “querían que no se olvide porque ya se había olvidado”. Su intervención no se limita a registrar imágenes: supone acercarse a las personas afectadas, construir confianza, escuchar, formular preguntas cuidadosas, sostener vínculos y transformar testimonios dispersos en un relato comunitario. El documental permite que las pérdidas no queden reducidas a cifras ni a imágenes de destrucción, sino ligadas a historias, territorios, vínculos y proyectos de vida (Nacci & Emilien, 2024).
Desde esta perspectiva, el documental puede pensarse como una intervención sobre los entramados simbólicos y comunitarios dañados junto con lo material. Su valor no reside solo en “crear conciencia”, sino en ofrecer una forma de narración compartida allí donde la catástrofe produjo arrasamiento, fragmentación y riesgo de olvido. La cámara, las entrevistas, las imágenes del territorio y la música construida para la película participan de una elaboración estética de lo ocurrido (Mastandrea et al., 2025).
En la experiencia relatada por Nacci aparecen competencias centrales: contención, compromiso, constancia, continuidad y capacidad de generar vínculos. La cercanía con el territorio no agota su intervención; también hay oficio, cuidado narrativo y responsabilidad en el modo de preguntar, filmar y editar. A la vez, el propio realizador queda afectado por aquello que registra: la dificultad para editar, el llanto durante algunas entrevistas y la continuidad de vínculos con algunas familias muestran que quien documenta tampoco permanece indemne.
El arte aparece, entonces, como una vía posible de elaboración subjetiva y colectiva. No reemplaza la reparación material, la reconstrucción habitacional, la asistencia psicológica ni la responsabilidad institucional, pero puede contribuir a reconstruir memoria, transmitir experiencia y abrir preguntas donde el discurso técnico o administrativo resulta insuficiente. La frase “el incendio sigue quemando por debajo de la superficie” condensa esta dimensión: alude al fuego que persiste bajo la tierra y, simultáneamente, a efectos subjetivos, comunitarios, territoriales e institucionales que continúan después de apagadas las llamas. Esa imagen organiza también el título de este artículo.
8. Discusión
La elaboración del artículo reunió experiencias y formaciones heterogéneas -clínica, psicología social, trabajo comunitario, manejo del fuego, relaciones internacionales, recursos humanos y acción humanitaria- que obligaron a construir un lenguaje común sin reducir unas perspectivas a otras. La transdisciplina apareció menos como una suma de saberes que como un trabajo de traducción entre escalas: del comportamiento del fuego y las condiciones territoriales a las vivencias subjetivas, de la respuesta institucional a las redes comunitarias y de la memoria íntima a la memoria pública.
El proceso de trabajo fue discontinuo y, en varios momentos, asincrónico. Hubo dificultades para coincidir, cambios en la composición del equipo y una distribución desigual de tiempos y experiencias previas. Lejos de homologar esas vicisitudes a la catástrofe estudiada, su revisión permite reconocer un problema metodológico: el análisis de situaciones complejas requiere encuadres suficientemente estables para sostener continuidad y suficientemente flexibles para admitir tiempos, posiciones y grados de implicación diferentes.
Las entrevistas también mostraron que producir conocimiento sobre una situación disruptiva implica una posición reflexiva del investigador. La cercanía territorial o profesional puede facilitar el acceso y la comprensión, pero también producir resonancias, identificaciones y puntos ciegos. Por eso, el valor de la afectación no reside en tomarla como evidencia, sino en poder reconocerla, ponerla en común y diferenciarla de lo que efectivamente sostienen los testimonios y documentos.
El principal aporte del recorrido es la articulación entre dimensiones que suelen quedar separadas: vulnerabilidad territorial, procesamiento subjetivo, cuidado de quienes asisten, coordinación institucional, temporalidad, memoria y elaboración simbólica. La matriz Ps-Ws-Cs resultó útil precisamente porque no obliga a elegir entre esas escalas ni a fijar correspondencias mecánicas. Permite situar tensiones, formular preguntas y revisar qué competencias hacen falta en un momento determinado. El documental, por su parte, muestra cómo una práctica artística puede intervenir sobre la memoria colectiva sin sustituir la reparación material ni las obligaciones institucionales.
El estudio tiene límites claros. El corpus es intencional y acotado, las entrevistas no constituyen una muestra representativa y el análisis es retrospectivo. No se realizó una intervención psicosocial sistemática y, por tanto, la matriz se utiliza como herramienta interpretativa, no como reconstrucción de una intervención en terreno. Las conclusiones deben leerse como una interpretación situada, útil para formular preguntas y criterios transferibles sin borrar la singularidad de cada catástrofe.
9. Consideraciones finales
El incendio de la Comarca Andina puede comprenderse no solo como un evento ambiental de gran magnitud, sino como un acontecimiento disruptivo que alteró vida cotidiana, vínculos, referencias territoriales y formas de organización comunitaria. El análisis matricial refuerza una idea central del modelo: la catástrofe no se agota en el hecho fáctico ni la magnitud del evento determina de modo lineal sus consecuencias psíquicas. Entre acontecimiento y traumatogénesis intervienen condiciones subjetivas, vinculares, institucionales y sociales, así como las posibilidades de co-metabolización y elaboración.
El entrecruzamiento de miradas resultó central para ampliar la comprensión del caso. Las voces de las personas afectadas permitieron aproximarnos a pérdidas materiales, afectivas y simbólicas; las de brigadistas y asistentes mostraron la complejidad de intervenir en un territorio también afectado, con recursos limitados y bajo condiciones de riesgo; la voz del director del documental abrió una tercera posición, la de quien registra, escucha y acompaña desde el arte, quedando también implicado en aquello que documenta. Ninguna perspectiva por sí sola alcanza para comprender la totalidad del acontecimiento; es en su articulación donde se vuelve visible la complejidad de la catástrofe y las tensiones de la intervención asistencial.
La reconstrucción, por ello, no puede reducirse a levantar viviendas o reponer recursos materiales. Esas respuestas son indispensables, pero también resulta necesario reconstruir redes de confianza, referencias territoriales, condiciones de cuidado y posibilidades de narrar lo ocurrido. La lectura matricial muestra que continuidad, cuidado de quienes cuidan, coordinación, claridad de responsabilidades y capacidad crítica no son añadidos posteriores a la emergencia, sino dimensiones constitutivas de una respuesta responsable.
En este sentido, el documental Tormenta de fuego, incendios en la Patagonia puede pensarse como una forma parcial de intervención sobre la memoria y de reparación simbólica. Su potencia reside en ofrecer escucha, testimonio y transmisión, sin sustituir reparaciones materiales e institucionales. La posibilidad de construir un relato compartido puede contribuir a ligar experiencias que el acontecimiento dejó fragmentadas y, al mismo tiempo, impedir que la memoria quede reducida a cifras o imágenes espectaculares.
Prepararse para lo imprevisible implica trabajar antes, durante y después del acontecimiento: reconocer vulnerabilidades, fortalecer redes, diferenciar responsabilidades, cuidar a quienes cuidan, articular solidaridad y profesionalismo y sostener memoria pública. El fuego visible se apagó; sus efectos continuaron en el territorio, las instituciones y las personas. Acompañar aquello que sigue ardiendo exige, precisamente, no confundir el final de la emergencia con el final del proceso.
Referencias
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Benyakar, M., Torres, J., Rapela, F. (2025). Lineamientos para la intervención psicosocial en contextos disruptivos [Manuscrito de trabajo no publicado].
Mastandrea, P., Trovato, I., Amatriain, L., & Michel Fariña, J. J. (2025). Cine y catástrofe [Editorial]. Ética & Cine Journal, 15(2), 9-12. https://doi.org/10.31056/2250.5415.v15.n2.49741
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