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Volumen 2 / Número 1 // Septiembre 2005
Espacios del Cuerpo
ISSN 1553-5053


[pp 7/24]

Cuerpo, Goce y Letra en la Última Enseñanza de Jacques Lacan.

Análisis de Algunas de sus Condiciones de Producción.
Mariana Gomez

En este trabajo se presenta un recorrido referido a la última etapa de producción de Jacques Lacan. Se
demuestra también cómo la inclusión del goce en los discursos va tomando cada vez más fuerza en la teoría
de Lacan al plantear al síntoma como acontecimiento del cuerpo. De este modo, se identifican algunas
condiciones de producción del último Lacan, tomando en consideración las categorías de goce y letra, en
tanto permiten demostrar la dimensión que cobra el cuerpo viviente en ese período.

Lacan plantea al síntoma como acontecimiento del cuerpo. Esta propuesta, realizada en el
marco de su última enseñanza no se da sino a partir de un largo proceso discursivo,
atravesado por múltiples condiciones de producción. Sin embargo, como toda producción
discursiva, la de Lacan no tiene la unidad de un acontecimiento; ésta se constituye,
precisamente, como un proceso y no como un acto singular. El discurso de Lacan tiene la
forma de un tejido intertextual, a partir del cual se han ido generando nuevos tipos de
tejidos entre relaciones intertextuales y discursivas. En términos de Eliseo Verón (1998)
no se puede describir el proceso de producción del discurso Lacaniano si no es en relación
a un conjunto de hipótesis acerca de elementos extra-textuales e interdiscursivos (Verón,
1998). Esta interdiscursividad es la que permite observar en Lacan un modo particular de
aproximación a los textos y a los discursos, que le es propio.
Así, por ejemplo, si bien Lacan no ha sido ni metódico ni minucioso a la hora de
trabajar otros textos, toda su producción se destaca por haber efectuado operaciones de
apropiación [1] de diversos discursos teóricos y disciplinares que le ha otorgado un particular
efecto de sentido. Este estilo le ha valido a Lacan ciertas críticas a las cuales él ha
respondido de maneras como esta:

[C]omo ven, sé rendir homenaje a mis autores cuando encuentro en ellos
un hallazgo, se los atribuyo; se los atribuyo así, y también podría no
hacerlo (...) En otro tiempo hablé de metáfora y de metonimia y todos se
pusieron a gritar bien fuerte con el pretexto de que yo no dije de
inmediato que se lo debía a Jakobson. Como si no debiera saberlo todo
el mundo. (Lacan, 1973-1974, clase 15) [2]

El proceso productivo de Lacan ha sufrido muchos cambios [3] y se presenta articulado cada
diez años, etapas en las cuales se puede analizar sus condiciones de producción en cuanto
a sus condiciones teóricas, sociales, políticas, y biográficas. En ese sentido, el primer
Lacan fue condición de producción del segundo y del tercero.

Desde este lugar, la producción de Lacan, ha sido dividida por varios autores en
tres grandes períodos de producción (Laurent, 1995; Miller, 2000; Milner, 2003): el Lacan
fenomenológicamente hegeliano de la década del 1950, el Lacan estructuralista y el Lacan
de la lógica de lo real. Sin embargo, es importante destacar que no necesariamente se debe
ubicar la producción Lacaniana en compartimentos estancos. Por el contrario, es posible
demostrar que, en realidad, no hay un primer ni un último Lacan, aunque esto sirva para ubicarlo según su producción de conocimientos; lo que hay es un proceso discursivo en
Lacan donde existe una multitud heterogénea de huellas de procedencia diversa, que dan
lugar a su discurso [4], transformándose sus primeras producciones, en condiciones de
producción de las subsiguientes.

Este escrito es parte de una investigación mayor que pretendió demostrar la
apropiación que hace Lacan de la semiótica de Charles S. Peirce, a lo largo de su proceso
de producción y las condiciones de producción implicadas en la misma. Aquí se
presentará una parte de ese recorrido, la que se refiere a la última etapa de producción de
Lacan y en donde aparecen autores como Michel Foucault, Ludwig Wittgenstein y el ya
mencionado Peirce, entre otros. De este modo, se identificaran algunas condiciones de
producción de este Lacan, tomando en consideración las categorías de goce y letra, en
tanto permiten demostrar la dimensión que cobra el cuerpo en este momento. Momento en
el cual Lacan llega a plantear que el goce es impensable sin el cuerpo viviente, siendo éste
condición del primero. La letra, mientras tanto, dejará de ser “ese soporte material que el
discurso concreto toma del lenguaje” (Lacan, 1957, p. 475), para pasar a situarse en el
orden de lo Real, no destinado a ser leído.

Tres Acontecimientos

El punto de partida de la tercera escansión de Lacan es el Seminario 20 Aun (1972-1973).
Se da aquí el gran viraje de Lacan hacia los tres registros (Real, Simbólico e Imaginario)
planteando a éstos como equivalentes. Así, propone pensar al sujeto como respuesta de lo
Real, rompiendo con la primacía de lo Simbólico y del significante. Esta ruptura no es sin
relación al Seminario 17 donde había planteado los cuatro discursos, la circulación del
goce a partir de la inclusión del otro y el lazo social, lazo que posteriormente terminará
por plantear como imposible.

En esta etapa se conmueve la estructura en la que Lacan había sostenido toda su
teoría. Comienza a cuestionarse su postulación del lenguaje como estructura del
inconsciente e introduce el concepto de lalengua [5]. Cuestiona también el concepto de
palabra y la ubica más como goce que como comunicación. Comienza el tiempo de la no
relación
, de la disyunción entre significante y significado, entre hombre y mujer, entre el
goce y el Otro.

Por otro lado, los tres registros encuentran su conceptualización en el nudo
borromeo [6]. En éste, lo Simbólico deja de tener ese lugar de privilegio que tenía en las
primeras formulaciones de Lacan. Se separa así el significante del sentido. Es en este
seminario que Lacan introduce una diferencia entre significante y letra, distinta de la que
había establecido en 1957 cuando equiparaba el fonema a la letra, en tanto estructura
localizada del significante, como soporte material que el discurso toma del lenguaje, en el
sentido de la escritura. En este seminario lo hará de otro modo: dirá que tanto la letra
como la escritura se sitúan en el orden de lo Real y por lo tanto, comparten la falta de
sentido [7].

En este momento, Lacan produce, además, un giro en su teoría, respecto del
primer par de significantes. Presenta al significante Uno, el S1, al que también
denominará letra y que se escribe sin ningún efecto de sentido. Así, S1 es aislado,
separado de la cadena significante.

Pero ¿cuáles son las condiciones de producción de este tercer tiempo en Lacan?
¿Cómo es el tránsito de una episteme a otra? Para entender estas nuevas posiciones es
necesario remontarse a una serie de situaciones y de contextos productivos previos. De
este modo, se puntuarán ciertas cuestiones de relevancia como antecedentes para esta
nueva producción de Lacan, en tanto condiciones de aparición y existencia (Foucault,
1968) de la misma. Estas se relacionan con el contexto político intelectual a partir de
Mayo de 1968.

Según Elizabeth Roudinesco (2004) tres acontecimientos del año 1969 marcaron la
implicación de Lacan en la historia de la revolución estudiantil: la conferencia de Michel
Foucault en la Sociedad Francesa de Filosofía, la expulsión del seminario de la sala
Dussane y El impromptu de Vincennes. Se desarrollará aquí el primero y el tercero por ser
condición directa de producción de esta nueva matriz epistémica.

Durante su conferencia sobre la cuestión del autor, Foucault aborda la distinción
entre autor, como autor de una obra o de textos y el autor en el sentido de fundador de
discursividad, como alguien que “ha producido algo más: la posibilidad y la regla de
formación de otros textos” (Foucault, 1998, p. 53). De este modo, ubica dentro de esta
última acepción a autores como Sigmund Freud y Karl Marx, que por su nombre propio,
habían instaurado o abierto el espacio para una posibilidad infinita de discurso.

A su vez, Foucault hace una distinción entre instauradores de discursividad y
fundadores de cientificidad. A la primera categoría la definía como heterogénea a sus
transformaciones posteriores mientras que, cuando se habla de la fundación de una
cientificidad, lo científico se refiere a la obra del instaurador como a coordenadas primeras
(Roudinesco, 2004). Decía Foucault: “El reexamen del texto de Galileo bien puede
cambiar el conocimiento que tenemos de la historia de la mecánica, nunca puede cambiar
la mecánica misma. En cambio, el reexamen de los textos de Freud modifica al mismo
psicoanálisis, y los de Marx, al marxismo” (Foucault, 1998, p. 58).

Sin citar el nombre de Lacan, Foucault comenta la noción de retorno a
(Roudinesco, 2004). Para que haya retorno a debe haber un olvido constitucional y
esencial. Por lo tanto, el retorno a un texto no es un suplemento histórico que viene a
añadirse a la discursividad, sino un trabajo de transformación de la discursividad misma.
Para Roudinesco, no es casualidad que ese día Foucault no mencionara la postura
Lacaniana mientras hablaba del nombre propio y del retorno a Freud (Foucault, 1998).
Lacan allí presente, respondía diciendo:

[E]l retorno a Freud es algo que yo he tomado como una especie de
bandera, en un campo determinado, y en eso no puedo sino agradecerle,
usted respondió completamente a mis expectativas. Especialmente al
evocar, a propósito de Freud, lo que significa ‘el retorno a’, todo lo que
usted dijo me parece, al menos con respecto a aquello en lo que yo haya
podido contribuir, me parece perfectamente pertinente. (P. 71)

Al hablar de la relatividad de la noción de autor, Foucault respondía a los que lo habían
acusado de disolver al sujeto en la estructura, a partir de postular la muerte del hombre. La
teoría de la discursividad permitía, entonces, asumir una posición intermedia entre los
partidarios de un sujeto radicalmente libre y los que postulaban la primacía de la
determinación (Roudinesco, 2004).

A continuación, Lucien Goldman sostuvo que son los hombres los que hacen la
historia y no las estructuras, apoyándose en una famosa frase de mayo de 1968 que se
había escrito en la pizarra de una sala de la Sorbona: “Las estructuras no bajan a la calle”
(Roudinesco, 2004, p. 497). Lacan replica a Goldman y toma partido por Foucault, e
interpreta la significación de esta frase, sosteniendo que si había algo que demostraba la
bajada a las calles de las estructuras eran los acontecimientos de mayo. Efectivamente
durante los años 1967 y 1968, muchos estudiantes de letras y lingüística habían “bajado a
la calle” en nombre o a causa de las estructuras, reclamando que se les enseñara las obras
de Roman Jakobson, Roland Barthes y de los formalistas rusos. Lacan sostuvo que esa
realidad remitía al hecho de que adherir a las tesis clásicas del estructuralismo no
implicaba rechazar la noción de libertad humana. Cabe aclarar que Lacan estaba
implicado en la efervescencia de mayo, discutía, suscitaba y respondía preguntas, además
de provocarlas, según su estilo (Godin, 1992).

Del segundo acontecimiento, en tanto puente hacia el tercero, referiremos
brevemente que Lacan, desde 1964, transmitía su enseñanza en la Escuela Normal
Superior (en adelante, ENS) apoyada en las estructuras y esta situación empezó a hacerse
molesta para los representantes del orden establecido. Así, en marzo de 1969 Lacan recibe
una carta del director de la ENS, anunciándole que se le retiraba la sala Dussane y que no
podría dictar más allí su seminario. Lacan hace pública esta carta frente a lo cual la
multitud del seminario decide ocupar la oficina del director (Clément, 1993).

El tercer acontecimiento se relaciona con la presentación de Lacan, en diciembre
de ese año en el anfiteatro de la Universidad de París VIII–Vincennes. El lugar estaba
lleno de personas que manifestaban su repudio a los jefes, los polizontes y los
psicoanalistas, reclamándole a Lacan que hiciera su autocrítica. Lacan terminó resumiendo
su posición política, de la siguiente manera: “A lo que ustedes aspiran como
revolucionarios es a un amo [maitre: amo-maestro]. Lo tendrán” (Lacan, 1969-1992. p.
223). Y más adelante:

Sólo soy liberal, como todo el mundo, en la medida en que soy
antiprogresista. Lo que pasa es que estoy atrapado en un movimiento
que merece llamarse progresista, porque es progresista ver fundarse el
discurso psicoanalítico, dado que completa el círculo que podría
permitirles situar exactamente eso contra lo que ustedes se rebelan. (p.
223)

Cabe aclarar que, para ese entonces, Lacan continuaba elaborando, a partir de los efectos
de la conferencia de Foucault y de su lectura de la Arqueología del saber, una teoría de la
discursividad a partir de la división wittgensteiniana del decir y del mostrar, que
terminaría siendo, en su famoso seminario El reverso del psicoanálisis, una respuesta más
a la concepción sartreana de la libertad y a la concepción del filósofo respecto de la Izquierda Proletaria GP (Gauche Prolétarienne), a quienes Lacan les negara apoyo,
anunciándoles el callejón sin salida de toda revolución en sus intentos de sacar al sujeto de
su servidumbre (Roudinesco, 2004).

La GP estaba compuesta por varios grupos, entre ellos, los alumnos de la ENS
quienes, a su vez, se habían escindido en althusserianos marxistas leninistas y Lacanianos
maoístas, entre los que se encontraban Jacques Alain Miller. Para los Lacanianos maoístas,
el proletariado, emblemático de la lucha de clases, permitía la disolución de la totalidad
del pensamiento en la totalidad de la acción. El programa de la GP era destruir la totalidad
del pensamiento por medio del todo de la acción, con abolición de la ley, anonimato y
sociedad secreta (Althusser, 1993). Lacan siempre había sostenido, en contra de esta
posición que el pensamiento es un no-todo (pas-tout).

Ese no-todo era imposible en la ciencia si no era a partir de una grieta introducida
en ésta por la revolución freudiana que implica el sujeto dividido, la pérdida, la falta, etc.
De esta manera, Lacan opone a la revolución maoísta totalitaria, la revolución freudiana,
única capaz de ofrecer una alternativa a un pensamiento del todo y a una acción que
apuntaba a destruir el todo del pensamiento (Roudinesco, 2004).

Jean-Guy Godin, analizante de Lacan, refiere que la última generación de analistas
y analizantes que fueron analizados y formados por Lacan fue la misma que estuvo en
contacto directo con estos acontecimientos originados en mayo. Señala Godin que Lacan
los seguía muy de cerca. Eran años de apertura y de cuestionamientos, donde también se
leían los quiebres de otros discursos previos. Las elaboraciones de Lacan fueron en
consonancia con la búsqueda y las aspiraciones estudiantiles. Lacan proponía términos
como deseo, goce, fantasma, repetición, alienación que otros discursos rechazaban. Estas
eran las palabras que se leían en los muros de París. Lacan ofrecía un lenguaje para pensar
(Godin, 1992). La enseñanza de Lacan alojaba a estos nuevos receptores de discursividad.

La Lógica del No Todo

En 1969 y 1970 Lacan dicta su Seminario 17 El reverso del psicoanálisis, allí comenta el
Tractatus logico-philosophicus de Wittgenstein. Para este último, el único uso correcto del
lenguaje es expresar los hechos del mundo. Lacan lo presenta para señalar que lo que no
puede decirse se define como un resto, quedando así, dos terrenos incompatibles: lo que se
dice y lo que se muestra. De este modo, la filosofía reconoce la obligación de silencio y de
un no-todo que escapa al todo de la formalización.

Esta incompatibilidad le interesa a Lacan en el punto en que se encontraban sus
propias investigaciones en ese momento. Pero, en lugar de mantener la necesidad de los
incompatibles, piensa el terreno de lo inefable integrando en él el no-todo. Así, para Lacan
la formalización de los discursos fue una tentativa por salvar al psicoanálisis de sus
orígenes hipnóticos (lo inefable) pero, al mismo tiempo, diferenciarlo del saber
universitario, en una sociedad en donde, para Lacan, la universidad ocupaba el lugar de
sustituto de la Iglesia (Roudinesco, 2004).

Hasta ese momento Lacan proponía la fórmula de el significante representa un
sujeto para otro significante
; ésta daba cuenta de la alienación simbólica. A partir de
ahora Lacan pasa a plantear el significante representa el goce para otro significante (Miller, 2000, p. 161). La primera definición estaba apoyada en la de Peirce: el signo
representa algo para alguien
, pero Lacan la había modificado para decir que el
significante, a diferencia del signo, representa al sujeto para otro significante, que “tiene
como ventaja hacer evaporar el alguien destinatario y hacer surgir en su lugar, con la
forma del Otro significante, la instancia del sistema, de los significantes enlazado a otros
significantes” (Miller, 2000, p. 161).

Esta definición Lacaniana tenía una diferencia formal con la de Peirce. La
definición de Lacan era paradójica con respecto a la de Peirce ya que en el término a
definir, que es el significante, figura por segunda vez en el enunciado que la define
(aunque sean dos términos, significantes, diferentes). Así la respuesta a la pregunta ¿qué
es el significante? sería lo que representa un sujeto para otro significante, fórmula que es
formalmente circular. La cuestión pasaba por saber qué valor se reconocía de esta
circularidad, al definir el significante por el significante, vía el sujeto.

Así, si Lacan había introducido el significante a partir de una definición circular es
porque éste lo presenta estructuralmente de manera binaria, evidenciada en la definición
misma. No era posible pensar al significante sólo, sino que se trataba de un significante
que tiene su valor de representación subjetiva para otro. De esta manera, lo que Lacan
obtiene es una cadena de una repetición (S1 S2 Sn) en donde dos es el mínimo, e infinito,
el máximo. Esto significa que S1, representante de $ix, si bien representado, permanece
siempre, por estructura, irrepresentable. Así, para representar lo irrepresentable abre al
significante a la repetición que, desde el vamos, fracasa en representar de manera
completa la representación de la que se trata (Miller, 2000).

A esto se suma una segunda paradoja y es que el sujeto, incluso irrepresentable,
sólo surge por el hecho de estar representado por un significante. “El significante hace
surgir al sujeto al precio de fijarlo” (Lacan citado en Miller, 2000, p. 163). De este modo,
si se inscribe el S1 en el conjunto que lo incluye, en donde se encuentra el conjunto vacío,
es este conjunto vacío lo que queda si se borra este significante. Es decir, cuando se
inscribe S1 como un conjunto de un elemento, aparece la representación del sujeto, pero
“más secretamente, se tiene su ser de falta, que está por detrás y que surgiría si se borrara
este S1” (Miller, 2000, p. 163). El conjunto en sí mismo no tiene existencia y sólo aparece
si un significante se inscribe allí.

Si bien hay una operación de alienación del lado del sujeto, nada del significante
toca directamente lo que concierne a la separación, ya que ésta opera sobre una falta. Así,
sin el significante no habría sujeto en lo Real. Por otro lado, éste está en lo Real siempre
con la forma de una discontinuidad o de una falta, formas que repercuten en el conjunto
vacío (Miller, 2000).

Estas elaboraciones son, al decir de Miller, la última tentativa de Lacan para
intentar formular un estatuto de goce en términos de significante y significado y a partir
del falo, en donde el goce, en tanto lo imposible, quedaría por fuera de lo simbolizado. Sin
embargo, ¿cómo reintroducirlo sin descartar al significante?

En El reverso del psicoanálisis, Lacan sostiene que la repetición es necesaria para
el goce, “la repetición se funda en un retorno de goce. La repetición apunta al goce”
(Lacan citado en Miller, 2000, p. 167). Esto modifica lo anterior; ahora el significante es,
por un lado, marca de goce pero, al mismo tiempo, introduce una pérdida de goce y
produce un suplemento de éste. Hay un plus de goce que recuperar (Lacan, 1969-1970).

Para lograrlo utiliza la estructura cuatripartita que ya había tomado de Peirce en el
Seminario 15 El acto analítico, pero reformulándola. El inconsciente es saber, es goce y
significante, y determina la relación con el lazo social. Es decir, hay goce en lo social.

Lacan identificará cuatro tipos posibles de lazo social. Estos cuatro discursos son:
el discurso del amo, el discurso de la universidad, el discurso de la histérica y el discurso
del analista. A partir de este momento, Lacan organiza su discurso a partir de dos modos
de formalización: el matema y, posteriormente, como ya mencionamos, el nudo borromeo.
El primero, un modelo de lenguaje articulado a una lógica simbólica; el segundo, un
modelo fundado en la topología que operaba a partir de un desplazamiento de lo
Simbólico hacia lo Real. Comenzaremos por el concepto de matema.

El matema le permitió a Lacan centrar su interrogación sobre la cuestión de la
ciencia en el ámbito de la transmisión del psicoanálisis y pensar el problema del lazo
social. Lacan comienza a darle un lugar cada vez más importante al cuerpo, a lo Real, a lo
imposible. Con el matema, introducido en su Seminario 19 ...O peor, Lacan, en
contraposición a Wittgenstein, se niega concluir en la separación de los incompatibles,
intentando arrancar el saber a lo inefable, para darle una forma transmisible. Sin embargo
el matema no era de formalización integral, ya que suponía siempre un resto que escapaba.
A su vez, el matema incluía los matemas, es decir, el conjunto de todas las fórmulas del
álgebra Lacaniana que permitían una enseñanza. Así, si los discursos no eran
incompatibles, era posible enseñar el psicoanálisis en la universidad, como un matema, sin
reducir éste al discurso universitario.

En el mismo seminario en que Lacan propone la noción de matema, presenta la
palabra lalengua (lalangue), significante que suena parecido al nombre de Andre Lalande,
autor del diccionario filosófico. Define con este término la articulación del goce con el
significante o un saber que se sabe sin que él mismo lo sepa y que escapa a la
matematización. De esta manera, una vez más, opone la idea de un saber integral, el
matema, a la imposibilidad de lo integral, el no-todo, la lengua, el resto. En este punto,
hace su afirmación sin precedentes: el lenguaje no existe, es semblante y es tributario de
lalengua.

Por otro lado, la elaboración de las nociones de matema y de lalengua conduce a
Lacan por el camino de una nueva terminología que le permite pensar el estatuto del
discurso psicoanalítico en relación con otras formas de discursividad. En esta época,
Lacan se hace portavoz de su discurso, comentando sus propios escritos. Hacia 1970,
comienza a citarse a si mismo, a hablar en tercera persona, al tiempo que su discurso se
puebla de neologismos. En ese sentido, es su propia clínica y el pensar su práctica lo lleva
a buscar estas otras formas discursivas. La clínica resulta ser un emergente de lo que no
puede resolver con, hasta el momento, sus teorizaciones para poder hacer de ésta algo
transmisible.

En 1972, Lacan construye un matema de la identidad sexual, a partir del cuadrado
lógico de Apuleyo, que luego llamará las formulas (o tablas) de la sexuación. Lacan
propone, conservando la idea de un falicismo original y de una libido única, la fálica, la
tesis del suplemento. Con esta herramienta Lacan trabajará la noción de goce
suplementario en el seminario 20 Aun (1972-1973), donde amplía la noción de goce del
Otro. Plantea a la mujer como no-toda, es decir no hay La mujer. Aquí Lacan no
cuestiona el sustantivo mujer sino el artículo que lo precede, el La como categoría universal. Esto implica que las mujeres no se prestan a una generalización. El sexo
corporal, el sexo de la mujer, al hombre, en tanto provisto del órgano fálico, no le dice
nada, a no ser por intermedio del goce del cuerpo. Así el goce del Otro, está simbolizado
por el cuerpo. Se goza de un cuerpo que simboliza al Otro: un cuerpo es algo que goza.

El goce en tanto sexual, es fálico; sin embargo, Lacan plantea que las mujeres
tienen un goce adicional respecto del goce fálico. Un goce suplementario. Este goce es
específicamente femenino. Va más allá del falo. El goce de las mujeres se apoya en un
suplir ese no-toda (Lacan, 1972-1973).

Esta excepción no confirma la regla, la funda. Por eso, la fórmula de la excepción
sólo adquiere su verdadero sentido a partir de la primera, el universal afirmativo: “para
todos hay de eso que la x de la segunda fórmula viene a negar” (Lacan, 1972-1973). Lacan
funda el Uno en tanto función de excepción y este Uno es el que da lugar a la variedad de
goces y síntomas.

Del Significante a la Letra

En la sección anterior se discutió cómo en este tercer tiempo de su producción, Lacan
postula la lógica del no-todo. En esta sección se abordará cómo se da el pasaje del
matema al nudo a partir de poner el acento en lo Real y el cuerpo como sustancia gozante.

Lacan (1972-1973) introduce, por primera vez, el nudo borromeo el 9 de febrero
de 1972 en el marco de su Seminario 19 ...O peor:

Cosa extraña, mientras que con mi geometría de la tétrada me
interrogaba ayer sobre la manera con que les presentaría esto hoy [el
objeto a], me sucedió, cenando con una persona encantadora que
escucha los cursos de M. Guilbaut que, como anillo al dedo, me fue
dado algo que quiero mostrarles, algo que no es nada menos, parece, lo
he encontrado ayer, que los emblemas de los Borromeos. Es claro que,
en ese nudo que adelanté hoy ante ustedes, no toman su sentido sino
cada uno del otro, pero que lo que resulta de ese nudo tal como intenté
desanudarlo para ustedes, o mejor hacer la prueba de su
desanudamiento, de decirles, de mostrarles que eso no se sostiene
nunca con dos solos, que está ahí el fundamento, la raíz, de lo que es el
objeto a. (clase 5)

De esta manera, Lacan plantea un nudo de tres redondeles en donde hay dos que no están
anudados entre sí y que sólo se sostienen por el tercero. Estas gramáticas de producción
conducirán a Lacan a producir en el Seminario 20 un cambio respecto del primer par de
significantes. A partir de ahora, presentará al significante Uno solo, el S1, letra escrita que
se escribe sin ningún efecto de sentido. De esta manera, aparecerá un S1 aislado y
separado de la cadena significante. Por eso, lo escrito no pertenecerá al mismo registro
que el significante.

significante.
Lacan pasa de sostener que lo que cura el síntoma es el sentido (1953) a decir que
el psicoanálisis no opera en el nivel del sentido (1973). En el núcleo del síntoma hay
siempre un malentendido, un sinsentido, un significante sin sentido. A este significante
sin sentido, lo llama signo. En este sentido, a definición de Peirce es apropiada para el signo lacaniano en tanto que éste es uno, presentado con la forma de una unidad que es
susceptible de un absoluto separado en relación a alguien que lo descifre (Miller, 2000).
Ahora, a diferencia de la teoría del significante, el lenguaje no sólo tiene un efecto de
significación sino que también tiene un efecto de goce que obliga al sujeto al eterno
retorno del mismo signo, siendo la letra el signo considerado en su materialidad como
objeto diferente de la cadena significante. Por eso, Lacan dirá en el Seminario 20 Aun que
el significante es necio porque el significado y todas las significaciones están en otra
parte, quedando allí, sin mucho para decirnos. En cambio, la letra posee sentido oculto.

La letra, también sostiene Lacan, es de lectura imposible. Si no hay significantes
en juego, ésta implica una x. En el lugar de la significación, hay algo, pero no sabemos
qué es, por lo tanto este Real de la letra hace límite a la interpretación. La letra remite al
goce, en tanto propiedad de un cuerpo viviente, y el goce reconduce al S1. El goce, antes
que nada, es situado en el propio cuerpo y es siempre el propio cuerpo el que goza. Por
ello, Lacan juega, a partir del equívoco, con el título del seminario, denominándolo Aun
(encore) que suena de la misma manera que en corpsx. De este modo, dirá: “la función que
le doy a la letra es aquella que hace a la letra análoga a un germen” (Lacan, 1972-1973, p.
118), dándonos la idea de reproducción de la letra, en tanto viviente y la existencia de
goce a condición de que la vida se presente bajo la forma de un cuerpo viviente, si bien
esta condición de goce no es suficiente, hace falta otra condición, que es la del significante,
es decir, el significante como causa de goce (Lacan, 1972-1973) xi.

Esto significa que el hombre se hace sujeto, también a través del significante, está
hecho de falta-en-ser, que es lo que lo divide. Por eso, Lacan sustituye el término sujeto
por el de parlêtre que es lo contrario de falta-en-ser. El parlêtre es el sujeto más el
cuerpo, es el sujeto más la sustancia gozantexii (Miller, 1998). Así, una versión de este
goce será el fálico, y otra será la de la palabra (bla-bla-bla) que no se dirige a nadie, es
decir, prescinde del Otro. Y si hablando se goza, la comunicación deja de ser prioritaria.

Hay un goce de lalengua, en la medida en que el sujeto tiene un cuerpo. Por esta
razón Lacan hace entrar el cuerpo en el psicoanálisis, de la misma manera que hace entrar
el goce de la palabra. El parlêtre goza cuando habla (Miller, 1998). El ser es el ser del
hablante, no es más la verdad subjetiva. El supuesto en este periodo es un cuerpo, porque
es necesario un cuerpo para gozar, hablando se goza, el sentido es goce (jouis-sense)
(Lacan, 1971-1972).

Pero además, este momento está fundado en la no relación, y esto atañe también a
la disyunción del significante y el significado, disyunción del goce y del Otro, del hombre
y la mujer. Así, todos aquellos términos que, anteriormente, aseguraban la conjunción: el
Otro, el Nombre del Padre, el falo, y que aparecían como primordiales son, ahora,
reducidos a ser conectores (Miller, 2000)

La no relación pone en cuestión, sobre todo, la pertinencia de operar sobre el goce
a partir de la palabra, del sentido. Por eso, esta nueva perspectiva parte de sostener que no
hay relación sexual, sino que hay el goce y hay goce en tanto propiedad de un cuerpo
viviente, un cuerpo que habla. Esto implica la disyunción entre el goce y el Otro,
especialmente entendido como sistema significante. Esto hace surgir el Otro del Otro con
la modalidad del Uno, en tanto verdadero Otro del Otro. El goce, como dijimos,
reconduce a un S1 sólo, separado del Otro, a un significante sin sentido adjudicable. Este
goce Uno, prescinde del Otro. Así, Lacan (1972-1973) dirá:

Propongo dar al Uno el valor de aquello en lo cual por mi discurso, consiste,
consiste en tanto que es ese valor lo que obstaculiza la relación sexual, o sea, el
goce fálico. En la medida en que el goce fálico — y aquí digamos que lo hago
órgano, lo supongo encarnado por lo que en el hombre corresponde a él como
órgano— en la medida en que dicho goce toma ese acento privilegiado, tal que se
impone en todo lo que es nuestra experiencia analítica, allí alrededor, y porque
sólo es allí alrededor, alrededor del individuo mismo sexuado que lo soporte, en la
medida en que ese goce es privilegiado se ordena toda la experiencia analítica, y
propongo que sea ella la que vincule la función del ‘Uno’ en la formalización
lógica tal como la promueve Boole. En otros términos, que si hay significante, y
significante no es signo, significante se distingue del signo en que a este podemos
hacerlo circular en un mundo objetivado: el signo es lo que va del emisor al
receptor, y lo que al receptor hace signo del emisor. Pero es muy el contrario bajo
la forma de lo que llamé el mensaje, recibido en forma invertida, que se plantea el
significante. (clase 14)

Finalmente, en su discurso en Roma en 1974, texto editado bajo el nombre de La tercera,
Lacan sostiene que no hay letra sin lalengua y esto lo manifiesta como problema. Que el
significante haya sido postulado por Lacan (1974/1993) como representando a un sujeto
ante otro significante es la función que sólo se verifica por:

Un desciframiento tal que necesariamente se vuelve a la cifra, único
exorcismo de que sea capaz el psicoanálisis: que el desciframiento se
resuma a lo que constituye la cifra, a lo que hace que el síntoma sea, ante
todo, algo que no cesa de escribirse de lo real y lograr amansarlo hasta el
punto en que el lenguaje pueda hacer con el equívoco, permite ganar el
terreno que separa al síntoma (...) sin que el síntoma se reduzca al goce
fálico. (P. 96)

Por otro lado, en 1975 Lacan continuará profundizando en el nudo borromeo, a partir del
cual, propondrá los tres registros (Real, Simbólico e Imaginario) como equivalentes. De
esta manera romperá con la supremacía de lo simbólico, planteada en un comienzo. Es a
partir del nudo, que Lacan reestablece el ternario.

El nudo esta hecho de tres redondeles (ver Figura 1), equivalentes y tratados en el
mismo plano. De esta manera, se produce este nuevo viraje en el marco de su última
producción teórica. El nudo borromeo, tomado del escudo de armas de una familia
milanesa, está constituido por tres redondeles en forma de trébol que simbolizan una triple
alianza. Cada redondel remite al poder de cada una de las tres ramas familiares, si uno de
los anillos se retira, los otros dos quedan libres, desanudados.

Por otro lado, el concepto de agujero aparecerá como diferente de falta, marcando,
también, una diferencia entre esta ultima producción Lacaniana con las anteriores. “Todo
goce se erige en relación con un agujero… [Lacan] imagina ese agujero a partir del
redondel de cuerda. La consistencia de la cuerda no adquiere valor más que en relación
con el agujero que, si no se lo nombra, resulta invisible” (Miller, 2003, p. 84).

Durante aquella época, Lacan, permanecía fascinado, absorto con la
contemplación de estos nudos. Refiere Godin, que su consultorio se transformó en una
especie de taller en donde reinaban un conjunto de objetos compuestos por cuerdas, de
diferentes colores, cosas tejidas y agujereadas, cámaras de bicicletas y múltiples hojas de
papel, entre otros elementos. Lacan se pasaba horas ejercitando y manipulando estos
objetos (Godin, 1992)

Es en el Seminario 23 Le Sinthome (1975-1976) donde sustituirá el significante
binario S1, S2 de Saussure, por el signo triádico de Peirce, implicado en una lógica
triádica que es lo que Lacan ya proponía desde 1953 cuando plantea por primera vez los
tres registros: Real, Simbólico e Imaginario. Esto le permite ahora, luego de haber
verificado la hechura del inconsciente, introducir el sentido.

Si bien, lo triádico era algo con lo cual venía trabajando desde hacía tiempoxiii, es
esta inclusión de lo borromeo y su práctica de los nudos lo que lo lleva a ligar esta
búsqueda con una lectura sumamente fecunda de la literatura de James Joyce. Fue un
joven universitario, Jacques Aubert quien llevó a Lacan por este camino en el año 1975.
Aubert, buen lector de los Escritos, utilizaba los conceptos Lacanianos para estudiar los
textos literarios ingleses. El 16 de junio de ese año, Lacan pronuncia una corta alocución
titulada Joyce le symptome y le dedicará todo un seminario, Le sinthome, durante los años
1975-1976 a comentar la vida y la obra de James Joyce. El término sinthome es
homófono de santidad y con symptome (síntoma)xiv. Lacan se apropia, a partir de esta
época, de la escritura joyceana transmitiendo su enseñanza con su misma modalidad,
hecha casi exclusivamente de juegos de palabras y neologismos (si bien es algo que venía
sucediendo desde 1970).

De este modo, observamos cómo, para Lacan, al mismo tiempo que la
importancia del sentido se va desvaneciendo, su estilo discursivo cobra otra dimensión.
Aunque, refiere Catherine Clément, que entre el hermetismo de las frases de Lacan
siempre se deslizaba una calculada frase límpida. Cuanto más oscuro era el sentido, más aparecía una chispa lógica, que permitía reanudar el hilo. Sin embargo, conservará “de la
inspiración paranoica la práctica de un juego sutil y peligroso, entre comunicación y nocomunicaci
ón, entre luz y oscuridad: el mediodecir” (Clément, 1993, p. 65).

Lacan integra el sinthome a la problemática del nudo, construido a partir de los
tres registros: Real, Simbólico e Imaginario. Pero preocupado por cómo fijar la
indeterminación y la fuga, le encarga a sus amigos matemáticos que resolvieran el
problema de anudar borromeanamente entre cuatro. Uno de ellos, Thomé, aportó un
dibujo de cuatro tréboles (Roudinesco, 2004). Al añadir ese cuarto anillo, nombrado
sinthome, introducía su teoría en la obra joyceana. Así, sostiene que el padre del escritor
estaba forcluidoxv de su discurso y que para suplir esa ausencia, Joyce había tenido la
voluntad de hacerse un nombre, obligando a los universitarios a escribir sobre él durante
siglos. El sinthome funciona como suplencia que permite mantener el anudamiento,
amenazado por la forclusión. xvi Funciona como un cuarto círculo, redoblando lo
Simbólico (Tendhlarz, 2004)xvii.

Entonces, para soportar la estructura de los tres órdenes, Lacan propone un cuarto
término que implica la cuestión de la muerte: “El cuarto término está dado por el sujeto en
su realidad, como tal forcluída en el sistema y no entra en él, más que bajo el modo del
muerto en el juego significante, pero volviéndose el sujeto verdadero a medida que el
juego de los significantes va a hacerlo significar” (Lacan, 1975-1976). Y es a partir del
cuarto término que hará objeción a la omnipresencia del tercero de lo Simbólico. Dice
Lacan:

Parece que lo menos que uno puede esperar de esta cadena borromea, es
esta relación de uno con otros tres. Y si suponemos, como ahí tenemos la
prueba de ello, si pensamos efectivamente que un nudo de tres, [...] que
estos nudos se compondrán borromeanamente el uno con el otro,
palparemos esto, que es siempre de tres soportes que llamaremos en la
ocasión subjetivos, es decir personales, que un cuarto tomará apoyo. Y, si
ustedes se acuerdan del modo bajo el cual he introducido este cuarto
elemento, cada uno de los otros está supuesto constituir algo personal
respecto de esos 3 elementos, el cuarto será lo que enuncio este año como
el sinthome. (Lacan, 1975-1976, clase 3)

Es decir, en el mismo momento en que los tres términos son equivalentes, son también
desvalorizados en relación con el cuarto término. En palabras de Miller, (2003) en el
interior del ternario verdadero hay un binario que opera.

El sinthome concierne al goce y tiene que ver con un pasaje de lo Simbólico a lo
Real, algo de lo inconsciente pasa a lo Real y ex-siste (está fuera de) a lo Simbólico
(Miller, 1998). Como lo Simbólico implica la articulación significante y un elemento sale
al pasar a lo Real, éste es el que convierte, como vimos, en un S1 sólo, que no está
articulado con la cadena. Esto ocurre por los dos valores del S1: uno está en relación con
el S2 , es decir, el síntoma como metáfora que produce un efecto de significación y el
otro, el S1, sólo, que es la letra (Tendhlarz, 2004).

Por eso, para Lacan, el Uno de sentido no se confunde con lo que hace el Uno de
significante. Para Lacan el Uno de sentido, es el ser, especificado por el Inconsciente en
tanto que ex-siste, por lo menos al cuerpo, pues si hay algo, al menos impresionante, dice Lacan, es que ex-siste en la dis-cordia. Por eso decimos que el inconsciente es
discordante. El inconsciente es lo que determina al sujeto en tanto ser, pero un ser que
metonímicamente soporta el deseo, por siempre, imposible de decir como tal. Y en este
sentido, Lacan dirá que el a minúscula es lo que causa el deseo, y eso quiere decir que
“no es su objeto, no es su complemento directo, ni indirecto, sino solamente esta causa”
(Lacan, 1974-1975, clase 4).

Entonces, el sentido, que no podía atraparse con el significante saussureano, para
detenerlo y tornarlo verdad, es reconocido como un goce-sentido imposible de detener
porque fluye. Ahora, con esta vuelta a Peirce, el sentido se regula, se decide. El sujeto
tiene su implicación en el Otro, se torna signo, con sus tres caras, desde una lógica triádica,
puesto que el sujeto como tal es un supuesto imaginario.

La interpretación analítica será a partir del equívoco, que permitirá pasar de un
sentido al otro, como arma contra el síntoma. Con este tipo de interpretación el cuerpo se
conmueve por la vía de la perplejidad y no tanto de la elaboración. Esto lleva a saber sobre
el propio síntoma, que quiere decir saber arreglárselas con éste, manipularlo, saber hacer
con él, que implica el fin de análisis (Lacan, 1976-1977). Es decir, un hacer con la letra
(Willington, 2004), con ese resto. Un resto que habita en el cuerpo.

A Modo de Conclusión

A lo largo de este trabajo se ha intentado reconocer cuales han sido las condiciones de
producción para el último momento de producción discursiva de Lacan. Esto no ha sido
sino a partir de reconocer elementos intertextuales e interdiscursivos en el texto
Lacaniano. Así, se trabajó con el corpus Lacaniano como un objeto plural, en donde
encontramos diferentes tipos de huellas. Desde este lugar, fue posible rastrear algunas de
estas huellas en los vínculos que mantiene el conjunto discursivo Lacaniano con las
condiciones de su producción.

Se ha tratado de mostrar a un Lacan que se supera a si mismo, sin por ello suponer
que una producción destierra a la otra. Por el contrario, se trató de reconocer cómo
muchas de la elaboraciones más avanzadas ya estaban presentes como esbozos en los
primeros momentos, como así también, elaboraciones que Lacan jamás abandonará.

La reformulación del concepto de inconsciente y, por lo tanto, la propuesta de un
psicoanálisis diferente al de Freud, a partir del pasaje de una lógica binaria a una triádica,
tiene consecuencias en la clínica. En el primer caso, se trataba de una clínica que se
manejaba desde una lógica del significante haciendo depender a los fenómenos clínicos
del significante del Nombre del Padre. Así, por ejemplo, en la clínica de las psicosis en los
años cincuenta Lacan proponía operar a partir del Otro apuntando a acotar los efectos del
goce producidos por la falta del Nombre del Padre, oponiendo al despliegue imaginario el
poder mortal del símbolo.

Por el contrario, el pasaje a la relación del sujeto con lalengua, con el significante
sinsentido y el cuerpo viviente de la lógica triádica, da cuenta de mejor manera de los
fenómenos de goce que permiten ser abordados como parte integrante de la letra, en
donde confluyen lo real con lo simbólico. Esto posibilita pensar en el Uno que da lugar a
la variedad de goces y síntomas y plantearlo como acontecimiento del cuerpo.

A su vez, creemos que la envergadura y productividad de este pasaje pueden
ponderarse en derivas que han sido recuperadas de manera muy valiosa en desarrollos
actuales provenientes de teorías políticas y críticas, al considerar, en el caso de Žižek, por
ejemplo, las implicancias de leer desde los últimos desarrollos de Lacan los procesos
sociales y políticos, construyendo el concepto de síntoma social, como hecho de Real y en
donde siempre la letra es lo que se escapa, quedando, como consecuencia, fuera de la ley.
Otros postulados, son los de Badiou, quien toma al acontecimiento social como un Uno,
que rompe con la cadena de significantes ligados por la lógica hegemónica.

A partir de este pasaje epistémico y al abandonar Lacan la armadura de una
clínica de la estructura, se destacará el significante en lo Real y no su articulación en la
cadena, el anudamiento de los tres registros y no la subordinación a lo meramente
simbólico. Desde aquí, apuntará a la invención del sujeto, en tanto cuerpo gozante, en su
trabajo sobre lalengua y en su posibilidad para encontrar una solución propia y singular
que lo concilie con el lazo social.

Autor
Mariana Gómez es miembro del Centro de Investigaciones y Estudios Clínicos (Instituto
del Campo Freudiano), Magíster en Sociosemiótica (Universidad Nacional de Córdoba,
tesis en curso), Doctoranda en Semiótica (Universidad Nacional de Córdoba, tesis en
curso), Becaria de la Secretaria de Ciencia y Técnica, (Universidad Nacional de Córdoba,
Argentina) y Docente de la Facultad de Psicología (Universidad Nacional de Córdoba,
Argentina).
margo@ffyh.unc.edu.ar

Referencias

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[1Apropiación en el sentido foucaultiano.

[2Aquí, es importante señalar que se encuentra una dificultad al momento de referenciar
las citas textuales lacanianas de los textos inéditos, dado que no es posible mencionar la
página correspondiente a donde remitir al lector ya que, en su mayoría, las versiones de
las transcripciones difieren unas de otras. En estos casos, se decidió mencionar el número
de la clase dictada que constituyera ese escrito. Por otra parte se optó por referenciar, en
el caso de Lacan, el año de producción del texto en cuestión, a los fines de transmitir y
evidenciar el proceso de producción en términos históricos.

[3Para autores como Verón, la expresión “proceso productivo” resulta ser mas adecuada
para referirse a los cambios y reformulaciones que acontecen en la “obra” de un autor,
categoría, esta última, cuestionada, como tal, por Foucault (1998)

[4Con respecto a las diferentes etapas de la producción de Lacan, resulta pertinente
señalar, aquí también, el planteo de Verón (1998) para quien existe un mito ligado al
modelo biográfico que reaparece con una regularidad que inspira todo tipo de discusiones
epistemológicas sobre la cuestión del pensamiento “verdadero” y la “teoría auténtica” de
un fundador de discursividad. Así, para Verón, se ha opuesto el “joven Marx” al “Marx
de la madurez” o el intento por olvidar (infructuosamente) o excusar por razones
“históricas” al Freud positivista, cientificista y mecanicista como si éste no hubiera sido
el descubridor del inconsciente. En ese sentido, desde cierto discurso universitario
respecto de los “grandes maestros“, existe una propensión a pensarlos a partir de un
ordenamiento en fases. Para Žižek (1998) estos ordenamientos tienen un efecto
tranquilizador, el pensamiento se vuelve más transparente, a partir de la clasificación pero
en esto, plantea, hay una pérdida y ésta es crucial, es la pérdida del encuentro con lo Real. Así, para Žižek, lo que podemos pensar como diversas fases de una producción, en
realidad son múltiples intentos de captar, de rodear la “cosa del pensamiento”, que
constantemente se aborda, pero que “incesantemente vuelve” (Žižek, 1998: 140).]. Así, la inclusión del goce en los discursos y la dimensión del cuerpo
va tomando cada vez más fuerza en su teoría; esto no es más que un ejemplo de un
proceso de producción en donde nada desaparece. Por el contrario, Lacan, en este proceso,
se contrapone a sí mismo, de una manera que puede graficarse topológicamente a partir de
la cinta de Moebius[[Cinta de Moebius: objeto topológico que Lacan introduce en la teoría psicoanalítica y
que consiste en una banda o cinta unida por sus extremos, previo giro en uno de ellos. Se
produce así, un objeto en donde la cara externa y la interna aparecen en continuidad y en
una línea sin fin. Lacan utiliza esta cinta para graficar al inconsciente.

[5Término acuñado por Lacan que designa los aspectos no comunicativos del lenguaje.
Se refiere al sustrato caótico primario de la polisemia con el que está construido el
lenguaje.

[6Nudo borromeo: Llamado así porque se lo encuentra en el escudo de armas de la
familia Borromeo. Consiste en un grupo de tres anillos eslabonados entre si, de manera
tal que si se corta uno de ellos, los tres se separan. Con este nudo, Lacan ilustra la
interdependencia de los tres órdenes: el real, el simbólico y el imaginario (Evans, 1997).

[7En su texto Lituratterre (1971), había ya diferenciado significante de letra, señalando
que esta última es litoral, borde, sin sentido, pura letra que “no significa”.
ix Sujeto tachado, dividido.


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Editorial - [pp 4/6]
Espacios del Cuerpo
Juan Jorge Michel Fariña 
Miguel Malagreca 
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[pp 7/24]
Cuerpo, Goce y Letra en la Última Enseñanza de Jacques Lacan.
Mariana Gomez 
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[pp 25/41]
The Body of Romance: Citation and Mourning in Written on the Body
Jennifer J. Gustar 
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[pp 42/47]
Cuerpos Desaparecidos:
Marcela Brunetti 

[pp 48/56]
Dos Tratamientos Hipermodernos del Cuerpo
Romina Gabriela Galiussi 

[pp 57/67]
Credere, Obbedire, Non Battere
Giovanni Dall’Orto 
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[pp. 68-83]
(Re)Cognising the Body:
Rob Cover 
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Hable con ella
Hable con ella
Marcelo Pérez 

Rio Místico / Mystic River
El niño de los lobos
Juan Jorge Michel Fariña 

Potestad
Potestad
Juan Jorge Michel Fariña 

Perdidos en Tokio / Lost in traslation
Perdidos en la traducción
Yago Franco 

El fondo del mar
La involucración sexual de un terapeuta con su paciente
Juan Jorge Michel Fariña 

El camino de los sueños / Mulholland Drive
Mulholland drive: un peligroso despertar
Laura Kuschner 

   

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