El vocablo inglés “archives”, utilizado en el contexto de la narrativa, designa un conjunto de recuerdos, eventos o historias que pueden ser recuperadas, resignificándolas para comprender mejor el presente. Pueden presentarse tanto en formato físico como digital, incluyendo textos, fotografías, vídeos, ilustraciones, música, correspondencia, informes, testimonios…
¿Cuál es el valor de estos “archives” en el ejercicio de la memoria singular y social? Un modelo posible para pensar la cuestión es el propuesto por Sigmund Freud con el concepto de nachträglich, el cual puede ser traducido al español como “resignificación” o “retrosignificación” introduciendo una discontinuidad temporal. Como lo han puntualizado Laplanche y Pontalis en su conocido diccionario, se trata de una concepción de la temporalidad y de la causalidad psíquicas según la cual “experiencias, impresiones y huellas mnémicas son modificadas ulteriormente en función de nuevas experiencias o del acceso a un nuevo grado de desarrollo. Entonces pueden adquirir, a la par que un nuevo sentido, una eficacia psíquica.” [1]
Otra perspectiva para tratar la cuestión es a través de la imagen del "Angelus Novus", la obra del pintor Paul Klee, comentada por el filósofo Walter Benjamin en su texto póstumo sobre el concepto de historia. El cuadro de Klee representa un ángel a punto de alejarse de algo que ve atrás y que lo horroriza. [2]
Comenta Benjamin “este deberá ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado”. Un pasado del que quiere alejarse, pero cuyo espanto lo alcanza, sumiendo en lo inquietante el porvenir.
En este número de AE utilizaremos el término archives justamente para designar ciertas narrativas no lineales que recuperan fragmentos dispersos de una historia que pide ser reconstruida. En este sentido los “archives” son como el ángel de la Historia: preservan la memoria y nos convocan a explorar cómo los eventos pasados afectan las decisiones y circunstancias del presente. Y, por cierto, condicionan el porvenir.