En este libro el autor hace confluir diversos tipos de relatos. Un primer grupo refiere a su experiencia durante cuarenta años como librero. Aparecen allí distintas historias que surgen en la relación con clientes curiosos, con visitantes ocasionales, bajo las distintas alternativas que se juegan en la compra y venta de libros viejos y antiguos. Un oficio que lleva años construir.
Un segundo grupo narra historias de infancia en Uruguay, escritas desde la visión y perspectiva de un niño que tuvo ese origen del otro lado del río.
Hay un tercer grupo de cuentos que remiten a las duras experiencias del exilio político en Buenos Aires y la resistencia bajo la última dictadura militar.
Para decirlo con palabras del autor, “Son relatos sin épica, clavados en el estigma de la persecución y la necesidad de salvarse”. “Describen ese lugar autónomo del secreto que necesitaba la luz de la edición. Lugar que se debate aún hoy en mí entre el miedo y el pudor, lo que pone en evidencia que el pasado no es algo que quedó atrás…”
El amor no está ausente, por cierto, sino que vive y palpita como un eje trasversal, en todas sus formas, a lo largo de la obra.
Lo primero a señalar pensando en este libro, es la idea de testimonio en un doble sentido.
Por un lado, Alberto habla de cuentos donde tanto aquello que se relata como los personajes que animan cada historia, nacen de una ficción muy buscada y trabajada con una tensión de alfarero, como también de acontecimientos que han cruzado su vida. Esto importa un desafío que es trabajar con la subjetividad propia y al mismo tiempo con la subjetividad que entrañan los personajes en la elaboración de trama. En este sentido hay algo dramático adicional y más de una vez esta duplicidad de búsquedas expresa una creatividad literaria que se adiciona y nos interpela.
El otro aspecto que remite a la idea de testimonio tiene implicancias con lo socio histórico y expresa un otro valor que se incorpora a su literatura. Está contenido justamente en ese tercer grupo de cuentos que refieren a las historias de experiencias bajo el terrorismo de Estado.
Sabemos que toda producción artística, lo busquemos conscientemente o no, da cuenta del momento o época en que ha sido producida. Es decir, nada del orden del arte como expresión estética de la cultura, podría tener un valor a histórico.
En este sentido esta producción literaria construye una estética que expresa sin buscarlo el valor de una narrativa como fruto de testimonio.
Interesa señalar la fuerza dramática que está presente en la escritura de Alberto dada por la intensidad con que sus personajes cuentan la historia. Es más, su palabra se la puede ver llevando el relato al tiempo que él mismo y su inclusión como personaje le dan al relato, un valor que muchas veces bucea en la dramaturgia. Esto sucede en varios cuentos y en algunos más intensamente aportando una teatralidad simple y contundente como es el caso de “Con la pólvora mojada”. Allí se superponen los planos del librero en su oficio, una infancia en Montevideo y las vicisitudes de la resistencia a la represión política que no escapa al amor de los orígenes.
En suma, un estilo narrativo que resulta atrapante sin pretensiones; que nos trae acontecimientos sociales y nos propone la producción de una subjetividad jugada en la escena de la estética literaria.
Podría decirse que sus relatos como sus personajes son duros, a veces amargos como las circunstancias que los rodean, la calle que transitan, aquello que se les ha revelado sin buscarlo y resulta verdadero. No creo que encontremos en este libro ninguna intención de edulcorar la situación jugada y los vínculos desplegados. Se trata de un gesto de optimismo de su parte, propio de alguien que está dispuesto a producir arte en medio de las desavenencias de la vida y en ello no hay un ápice de convencionalidad. Más aun, Alberto escribe y expresa siempre un combate, una confrontación donde no hay lugar para la resignación. Aquí está lo genuino donde habita su deseo y la búsqueda de superación.
Entonces sus relatos, ganan en potencia y transpiran humanidad. Y es allí donde podemos afirmar que habita, la construcción de una ficción madura y elaborada
Es necesario referirse a un último aspecto que aparece en estos cuentos y que podría nombrarse como “la estética de la lluvia”.
En esta obra hay siempre algo de la naturaleza, del clima, que nos introduce a la acción de cada relato. Especialmente la lluvia. Desde su presencia o ausencia, desde algo que la anuncia, de esa mano, ingresamos al cuento… o, al final, cuando la historia nos abandona, la lluvia nos abraza y sugiere algo que interroga.
Tomemos como ejemplo el inicio del cuento, “El árbol de papel”:
“La lluvia quedó atrás. Aparece Buenos Aires fosforescente en el fin de la tarde. El sol intercala su claridad entre los edificios.
Pongo atención a ese morir de la luz que obliga a encender los tubos del local. El viento mueve los libros de las mesas cerca de la puerta”.
Ya promediando el cuento nos dice:
“Una garúa sin prisa mojaba el vidrio de la única ventana.
La luz se hizo más gris, como la tarde”.
Y en el final:
“Al salir, la brisa fresca, indulgente, había detenido la garúa”.
Esa presencia de la lluvia, que remite a un afuera, parece hablar de una intemperie que habita en estas historias, en este decir, por momentos desamparado. A veces como lo crudo de los personajes, tan crudos como la vida.
Pero también hay una estética de la lluvia que es continente, que retorna y nos cobija cuando estamos promediando el relato. Un valor que ilustra, como si fuera un aditamento, pero que se demuestra estar ensamblado en el cuento, lo constituye y lo identifica.
El libro finaliza con una serie de poemas, el sendero de origen y el más conocido de la obra de Alberto Costa. Cerramos entonces esta reseña con uno de esos poemas:
Ese lugar que está en mí
es tuyo
alcancé a decir
es el sedimento agrupado del primer beso
cuando rompíamos
lo peor
la zona en que la daga perdió el filo
el acontecer
ocultar los callejones
ahora
este lugar toca en mí lo tuyo
te dije
no tiene sombra
y me hace reflejar
la morada
lo que afirma
como si pudiéramos existir
la vida
y otros rumbos
voy a sacarte
¿Hacia qué territorios?
porque hoy hemos salido
¿Y aquel olvido?
está en mí y en vos
lo tuyo como mío
te dije
no es del todo nuestro
salvo primero
aquello
que no escapa del futuro
el cuerpo
el escándalo sin nada que perder
pretexto
del puro acto
la distancia
donde no volvemos
porque no hay otra forma
sentirte
como mi lugar en vos
eso sería saberlo
te dije
- Alberto Costa nació en Montevideo, donde transcurrió su niñez y adolescencia. A partir de 1975, se instala en Buenos Aires. Realizó estudios en la UBA en la Licenciatura de Historia. Cursó la carrera corta de temas relacionados con el arte en la asociación “Amigos de Bellas Artes”. Hizo periodismo radial desde Buenos Aires para CX30 en la capital uruguaya. En Buenos Aires, tuvo varios empleos en distintas actividades hasta que en 1982 fundó en la Calle Sarmiento 1566 “Cueva Libros”, un espacio laboral de encuentro con el libro antiguo y de ocasión, donde supo poner pasión y esfuerzo en la actividad librera a lo largo de las últimas cuatro décadas. En el año 2014, editó su primer libro de poesía “Razones de la Lluvia”, donde despliega un poemario sin decorados ni giros complacientes. En esta edición, se anima con un libro fundamentalmente escrito en prosa, donde aparecen los relatos de su oficio de librero y experiencias de su primera época relacionadas con la actividad política, así como recuerdos de su infancia en Uruguay. Sin embargo, al final, se agregan algunos poemas inevitables, al no poder escapar a su vocación por el verso escrito.