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Volumen 9
Número 1

Septiembre 2013 - Marzo 2014
Publicación: Septiembre 2013
Stanley Milgram
50 años después


Resumen

¿Se pueden encontrar fundamentos psicoanalíticos en los hallazgos de Stanley Milgram? El propio autor del experimento relativizaba tal filiación. Sin embargo, una lectura atenta a la luz de un artículo de Fabián Schejtman permite dos líneas posibles de articulación. La primera, a partir de las tesis del estadio del espejo y la formulación del llamado esquema L (Lacan, 1936, 1949). La segunda, a partir del artículo de Sigmund Freud “Psicología de las masas y análisis del yo” (1921). Tal como lo propone Schejtman (2013), ambas líneas convergen en una idea común sobre la formación del yo-masa, escenario que sostenemos está presente en la matriz del experimento de Milgram.

Abstract English version

[pp. 93-99] Addenda

Milgram con Freud y Lacan

Juan Jorge Michel Fariña, Universidad de Buenos Aires

En una de sus vertientes, la experiencia de Milgram resulta profundamente freudiana. Esto por supuesto a pesar de que el propio Milgram ha declarado que su perspectiva se aleja de la de Freud ya que no pone el acento en la dimensión de agresión del sujeto sino en la de su sumisión a la autoridad. Como veremos se trata de una misma cuestión: toda la matriz diseñada por Milgram para su experimento puede ser pensada en términos psicoanalíticos, siguiendo para ello la relación propuesta por Fabián Schejtman entre el esquema L de Jacques Lacan y el formulado por Sigmund Freud en Psicología de las masas y análisis del yo. (Schejtman, 2013, p. 402)

Tomemos en primer lugar el esquema de la derecha, en particular el eje indicado como a- a´. El eje indica la relación especular, en la que el yo se constituye a partir de su imagen en el espejo. Pero ¿qué es un espejo?

Nótese en la fotografía como la imagen en el espejo presentifica al niño antes de que éste tenga todavía noción de su propio cuerpo. Esa es la razón por la que el esquema L propone el eje partiendo de la imagen del otro en el espejo (a)utre hacia el lugar en el cual se irá conformando el yo (a´) –el yo se configura a partir del otro. Si giráramos por un momento 45 grados a la derecha el esquema L tendríamos la línea del espejo de manera vertical y a uno y otro lado de ella los lugares a – a´

La esquematización del cuerpo desmembrado (fragmentado) de la figura de la izquierda indica una vez más que es la imagen en el espejo (derecha) la que, unificada, anticipa, predestina al yo. Así fue presentado por Jacques Lacan todavía en vida de Freud durante el congreso de psicoanálisis que tuvo lugar en Marienbad (1936) y formulado de manera más acabada trece años más tarde: “… la forma total del cuerpo, gracias a la cual el sujeto se adelanta en un espejismo a la maduración de su poder, no le es dada sino como Gestalt, es decir en una exterioridad donde sin duda esa forma es más constituyente que constituida, pero donde sobre todo le aparece en un relieve de estatura que la coagula y bajo una simetría que la invierte…” (Lacan, [1949], 1971, pp. 12-13).

Pero para que esta identificación tenga lugar, es necesario que el niño pueda precipitar el “ese soy yo”, movimiento posibilitado por un tercer lugar –la madre o equivalente, que lo sostiene. Este otro significativo debe ser distinguido del otro del espejo, de allí que se lo nombre como (A)utre. Este lugar se distinguirá del yo ideal de la imagen en el espejo para configurar el Ideal del Yo. La línea vertical del espejo en el esquema precedente se transforma para consignar en su vértice inferior esa posición A. Rotando nuevamente nuestro esquema 45 grados a la izquierda tenemos completados ambos ejes tal como los grafica el esquema L:

Tres lugares se recortan claramente:

El yo, el otro (imagen en el espejo), y el Otro (A). Estos tres lugares, son citados por Schejtman como:

donde una vez más el eje i(a) – i(a)´ indica la relación especular, la identificación imaginaria, soportada en la instancia simbólica I (A) [1]. Serán estos mismos tres lugares los que reencontremos en la experiencia de Stanley Milgram.

Nótese que en varias esquematizaciones de las condiciones del experimento, se grafica al sujeto que envía las descargas separado del otro por un tabique, situación propiciada, legitimada, por un tercero –el experimentador. Se recrean así en el experimento los tres términos

a) un líder, o persona de la que emane alguna autoridad;
b) un seguidor de ese líder, que esté dispuesto a obedecerlo en nombre de un ideal compartido;
c) una víctima, que sea depositaria de la agresión que emana de la situación.

En otra versión del experimento se incluye un segundo "maestro" que envía descargas junto al sujeto principal. Este segundo personajes es cómplice de los investigadores y tiene como consigna obedecer irreflexivamente. En esta variante, el candidato obedece hasta los mayores grados, quedando así claro la identificación entre los miembros del grupo-masa. [2]

Correlativamente, se evidencia la relación que establece el “maestro” con el “alumno” que supuestamente recibe las descargas, como lo demuestran los siguientes pasajes, transcriptos a partir de los registros de audio de la experiencia: [3]

Milgram: Si me permite, me gustaría hacerle un par de preguntas: ¿cómo se siente?

Pozi: Yo me siento bien, pero no me gusta lo que le pasó a ese tipo ahí dentro. Ha estado gritando. Tuvimos que continuar dándole las descargas, eso no me gustó ni un poco. Quiero decir, él quería salir, y él tan sólo continuaba, continuaba aplicando 450 voltios, no me gusta eso… Ni siquiera fue a ver al hombre.

Nótese que la tensión entre el “yo me siento bien” y la agresividad situacional que emana de la empatía con el otro, desde el cual se configura la propia angustia, todavía no reconocida como tal. Es en ese momento cuando Milgram pregunta al candidato: “¿pero quién era el que de hecho continuaba pulsando el interruptor?”, o de manera más brutal: “¿Por qué no se detuvo?”. Y una vez más, el candidato protesta:

¡Él no me dejaba! ¡Yo quería parar! Le insistía con parar pero él decía no. Le pedí que revisara al tipo que estaba ahí dentro pero no lo hizo.

Tomemos ahora el esquema original propuesto por Freud en su artículo Psicología de las masas y análisis del yo (…):

El parentesco entre este esquema de Freud y el anteriormente analizado de Lacan, está claramente explicitado por Schejtman en el artículo referido, al cual nos remitiremos textualmente. Digamos simplemente que las tesis del estadio del espejo y su consecuente en el esquema L operan como resignificación del esquema freudiano, del cual por otra parte las separan apenas quince años, los que van de 1921 al congreso de Marienbad en 1936.

Escribe Schejtman:

Se recordará al respecto el clásico esquema freudiano que cierra el capítulo VIII. (…) Este esquema fija, como “representación gráfica” (Freud, 1921, 110), que en la masa los miembros se identifican entre sí, de yo a yo, pero lo hacen, es preciso subrayarlo, a partir del sostén allí indicado: el del ideal del yo. En efecto, aquella línea vertical que une al yo de un miembro de la masa con el yo de otro, nos parece perfectamente homologable al eje imaginario a – a´. (p. 402)

De lo cual concluye con una tesis fuerte sobre el tema que nos ocupa en Milgram:

(…) Es que “se hace masa” como “se hace yo”, por medio de idéntica identificación especular. O para decirlo de otra manera, cada vez que el ser hablante se dispone a reconocerse frente a un espejo, hace masa” (…) Pero si “se hace masa” como “se hace yo”, o incluso si “se hace yo” como “se hace masa”, no corresponde confundir la masa con la multitud.

Al respecto, en los materiales preparatorios del cincuenta aniversario de la experiencia de Milgram, hacíamos esta misma observación a propósito de una réplica televisiva del experimento que pretendía poner el acento en el número de los sujetos involucrados:

La presencia de público en el estudio potencia seguramente este efecto de masa, constituyéndose en uno de los factores que explica el incremento de la obediencia. Pero es imprescindible señalar que no se trata de la masa en su sentido de muchedumbre o multitud, sino algo bien diferente. Ya Sigmund Freud ([1921] 1999) había descubierto que el efecto de masa podía producirse en pequeños grupos y que requiere apenas de tres términos: un líder, o persona de la que emane alguna autoridad; un seguidor de ese líder, que esté dispuesto a obedecerlo en nombre de un ideal compartido; una víctima, que sea depositaria de la agresión que emana de la situación. Discutiendo con su antecesor, Gustav Le Bon, que había publicado una obra sobre psicología de las multitudes, Freud escribe su “Psicología de las masas y análisis del yo” justamente para despejar esta cuestión nuclear de su pensamiento. Como se puede ver, esta matriz de la masa ha sido excelentemente recreada por Stanley Milgram en su experimento. (Michel Fariña y Cambra Badii, 2012)

Para finalizar, una breve nota de color.

Es probable que el ilustrador desconociera la verdadera naturaleza del experimento, y por lo mismo su caricatura representa al alumno como si realmente estuviera recibiendo las descargas. Al hacerlo, sin advertirlo se coloca en el lugar del sujeto del experimento, que aparece desdibujado, sugiriendo con ello el abismo de la fragmentación amenaza siempre latente para cualquiera de una serie. El dibujo se completa con el investigador, que ocupa el lugar del Otro, graficando así la caricatura en su conjunto los tres lugares de la matriz freudiana en el experimento de Milgram.

Referencias

Freud, S. (1921), Psicología de las masas y análisis del yo. Biblioteca Nueva.

Lacan, J. ([1949] 1971) El estadio del espejo como función formadora del yo tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica. En Escritos I. Buenos Aires: Siglo XXI.

Michel Fariña, J.J; Cambra Badii, I. (2012). Stanley Milgram 50 años después: el Juego de la Muerte en la televisión. Actualidad Psicológica, Año XXXVII, N° 413, Noviembre 2012, pp. 27-29.

Schejtman, F. (2013) Introducción a los tres registros. En Psicopatología: clínica y ética. Buenos Aires: Grama.


[1] Para una comprensión acabada del esquema y sus alcances teóricos, remitirse al texto de Schejtman, especialmente pp. 394-403. Ver también la intervención de Marie Hélène Brousse en http://www.youtube.com/watch?v=Uq9FNVULsMw

[2] Esa variante del experimento es la que tomó Peter Gabriel para su tema musical “We Do What We’re Told”. Ver al respecto Michel Fariña, J. y Lemos, A. “We Do What We’re Told: Stanley Milgram en la cultura popular”, en http://eticaycine.org/Obediencia,304

[3] Citado por Jan De Vos, en su artículo "Ahora que lo sabes, ¿cómo te sientes?" El Experimento de Stanley Milgram y la psicologización, en el presente volumen, pp. 47-48


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